Cuidados
Colesterol alto en perros (Hiperlipemia) - Síntomas y tratamiento
Al igual que los humanos, los perros también pueden sufrir de “colesterol alto”. En los animales esta alteración se conoce como hiperlipemia, y debe ser controlada y tratada lo antes posible para evitar problemas de salud en nuestra mascota.
Las dietas altas en grasa pueden ser causa de hiperlipemia, pero esta alteración también puede ser secundaria a enfermedades importantes como la diabetes, el hipotiroidismo, problemas hepáticos u obesidad, entre otras.
La hiperlipemia se detecta con un simple análisis de sangre y su tratamiento puede ir desde un simple cambio de dieta hasta la administración de diferentes medicamentos según sea su causa. Si quieres saber más sobre esta alteración, a continuación te explicamos cuáles son sus posibles causas y formas de tratamiento.
¿Qué es la hiperlipemia canina?
La hiperlipemia canina se define como un aumento de la cantidad normal de lípidos (grasas) presentes en la sangre de un perro en ayunas (que al menos ha estado 12 horas sin comer). Dentro de la hiperlipemia se incluye la hipercolesterolemia (colesterol alto) y la hipertrigliceridemia (triglicéridos altos).
Es importante tener en cuenta que solo se considera hiperlipemia, si el animal que ha ayunado durante al menos 12 horas presenta una concentración de lípidos en sangre superior al rango normal para su especie.
En un perro sano, la absorción de la grasa se produce dentro de los 30-60 minutos posteriores a la ingestión de una comida, produciéndose un aumento fisiológico de los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre que se prolonga entre 3 y 10 horas. Esta “hiperlipemia” es natural y no está relacionada con ningún problema de salud.
Sin embargo, si las grasas no se absorben correctamente porque existe alguna alteración, los niveles de lípidos en sangre pueden mantenerse elevados durante más de 12 horas. En este caso, hablaríamos de un perro con hiperlipemia y habría que evaluar las posibles causas de esta alteración para establecer su correcto tratamiento.
¿Qué tipos de hiperlipemia existen?
La hiperlipemia puede ser primaria o secundaria, en función de cuál sea su causa.
- Hiperlipemia primaria:No hay una enfermedad subyacente que cause la alteración de los niveles de lípidos en sangre. Este tipo de hiperlipemia se asocia a determinadas razas como el Schnauzer miniatura, Doberman pinchers y Rottweilers.
- Hiperlipemia secundaria: Es la forma más común de hiperlipemia en perros que no pertenecen a las razas mencionadas anteriormente, y es una alteración secundaria a otras patologías como la diabetes mellitus, hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo, enfermedad hepática, síndrome nefrótico, pancreatitis u obesidad. Es decir, los perros que sufren alguna de estas patologías pueden tener los niveles de lípidos en sangre aumentados como consecuencia de esa enfermedad subyacente.
¿Qué síntomas podemos observar en perros con el colesterol alto?
Los síntomas de la hiperlipemia canina dependen fundamentalmente de cuál sea su causa. Los perros con hiperlipemia primaria no suelen presentar ningún síntoma asociado, aunque pueden aparecer alteraciones como dolor abdominal, vómitos, diarrea, convulsiones o bultos de grasa en la piel (lipomas).
Si se trata de una hiperlipemia secundaria, además de los síntomas que hemos mencionado para la hiperlipemia primaria, podremos observar signos específicos de la enfermedad subyacente.
- Diabetes mellitus: Los signos incluyen aumento del apetito, aumento en el consumo de agua, mayor volumen de orina y pérdida de peso.
- Hipotiroidismo: Los síntomas que se pueden observar son falta de actividad (letargia), búsqueda de calor y alteraciones dermatológicas (pérdida de pelo y oscurecimiento de la piel).
- Hiperadrenocorticismo: Los signos comprenden aumento del apetito, aumento en el consumo de agua, mayor volumen de orina, alteraciones dermatológicas (pérdida de pelo y piel delgadad) y abdomen pendular.
- Enfermedad hepática: Los síntomas observados pueden ser anorexia, pérdida de peso e ictericia (coloración amarilla de las mucosas).
- Síndrome nefrótico: Los signos incluyen edema en las extremidades, acumulación de líquido en abdomen (ascitis).
- Pancreatitis: Los síntomas que comprende son dolor abdominal, vómitos, diarrea y anorexia.
Diagnóstico de la hiperlipemia canina
El diagnóstico de la hiperlipemia es muy sencillo, ya que se detecta con un análisis de sangre realizado en el perro tras un mínimo de 12 horas en ayunas.
El reto está, una vez detectada la hiperlipemia, en realizar todas las pruebas necesarias para determinar cuál es la causa de esta alteración.
Si se trata de una de las razas predispuestas (Schnauzer miniatura, Doberman pinschers, Rottweiler) y no presenta ningún síntoma, se puede determinar que casi con total seguridad será una hiperlipemia primaria y no será necesario hacer pruebas complementarias.
Sin embargo, en el resto de razas o si existe algún síntoma asociado, debe descartarse la presencia de las enfermedades subyacentes que hemos mencionado anteriormente como posibles causas de la hiperlipemia secundaria.
¿Cómo se trata la hiperlipemia canina?
Si se trata de una hiperlipemia primaria, como base para su tratamiento se establece un cambio de alimentación a una dieta baja en grasas (la dieta debe contener <10% de grasa). A las 4- 6 semanas se evalúa la efectividad de la dieta, y si con la dieta no se ha logrado controlar la hiperlipemia, será necesaria la administración de suplementos o medicamentos adicionales como los ácidos grasos omega-3, Gemfibrozil, Clofibrato y niacina.
En los casos de hiperlipemia secundaria, estableciendo el tratamiento específico para la enfermedad subyacente suelen corregirse los valores de lípidos en sangre. Sin embargo, en algunos casos, es necesario además establecer un cambio de dieta y medicación específica para disminuir los niveles de lípidos.
¿Se puede prevenir la hiperlipemia?
Si tu perro es una de las razas predispuestas a sufrir hiperlipemia primaria, te recomendamos que sigas los siguientes consejos para evitar los problemas relacionados con esta alteración.
- Procura mantener a tu perro dentro de su peso óptimo; para ello controla la cantidad de grasa de la dieta que escoges para alimentarlo y evita los alimentos humanos, sobre todo aquellos que contengan grasa.
- Además, practicar ejercicio con regularidad favorece la “quema” de grasas y le ayudará a mantener su peso.
- Por último, es recomendable que acudas al menos una vez al año a su veterinario para que le realice una revisión y pueda detectar cualquier problema de salud lo antes posible.
Bibliografía Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.
Síntomas de la hiperlipemia en perros: señales que no debes ignorar
Los síntomas pueden estar ahí durante meses sin que nadie los conecte con un problema lipídico. La consulta veterinaria se retrasa porque las señales son difusas, poco llamativas. Una de las más reconocibles son los xantomas: nódulos blanquecinos o amarillentos que aparecen bajo la piel donde el cuerpo acumula grasa en exceso. Los codos, las rodillas y el contorno de los ojos son las zonas más habituales, precisamente porque son áreas de roce constante. En perros de pelo claro pueden pasar fácilmente por quistes sebáceos, y de hecho muchos propietarios los ignoran durante tiempo. Pero si el animal tiene sobrepeso o ha tenido pancreatitis, ese bulto merece una analítica, no un "ya lo miramos en la próxima revisión".
En los ojos también hay pistas. El arco lipídico corneal es un anillo grisáceo que rodea el borde de la córnea, resultado de lípidos que llevan tiempo depositándose en ese tejido. El perro no pierde visión de golpe, pero ese anillo lleva meses formándose, lo que indica que el colesterol ha estado disparado durante bastante tiempo. Otra cosa que el veterinario busca con el oftalmoscopio es la lipemia retinalis, un cambio en la coloración de los vasos de la retina. El dueño no lo verá jamás en casa, pero cuando aparece confirma que el problema no es reciente.
Barrigas delicadas. Muchos propietarios describen así a sus perros: un día bien, otro con vómitos a primera hora, otro con diarrea sin causa aparente. Eso es exactamente lo que genera una hipertrigliceridemia marcada. Los vómitos biliosos matutinos y la diarrea intermitente son señales digestivas habituales en estos casos. El dolor abdominal se traduce en posturas de rezo, en que el animal no para quieto o rechaza que le toquen la tripa. Cuando el cuadro lleva tiempo sin tratarse, llegan la letargia y la pérdida de apetito, el organismo cediendo ante el exceso de lípidos que circulan por la sangre.
Los perros con triglicéridos por encima de 500 mg/dL tienen un riesgo 5 veces mayor de sufrir pancreatitis aguda, una emergencia que puede ser mortal en menos de 48 horas.
Diagnóstico: pruebas y valores de referencia
El perfil lipídico completo es la herramienta diagnóstica de elección y debe realizarse tras un ayuno estricto de 12 horas. Si el perro ingiere cualquier alimento, por pequeño que sea, los valores de triglicéridos se disparan de forma fisiológica y el resultado pierde validez clínica. El panel incluye colesterol total, triglicéridos y, en laboratorios especializados, lipoproteínas de alta y baja densidad (HDL y LDL).
Los rangos de referencia en perros sanos, según consensos de la WSAVA y laboratorios de referencia europeos, son los siguientes: colesterol total entre 120 y 270 mg/dL, y triglicéridos entre 20 y 150 mg/dL. Valores superiores a 300 mg/dL de colesterol o 200 mg/dL de triglicéridos en ayunas confirman hiperlipemia. Cuando los triglicéridos superan los 500 mg/dL, el suero sanguíneo adquiere un aspecto lechoso visible a simple vista, lo que se conoce como suero lipémico. Este hallazgo macroscópico ya orienta al clínico antes incluso de tener las cifras exactas.
Además del perfil lipídico, el veterinario solicitará pruebas complementarias para identificar la causa subyacente: hemograma, bioquímica con función hepática y renal, hormonas tiroideas (T4 y TSH), fructosamina o hemoglobina glicosilada si se sospecha diabetes, y ecografía abdominal. Según Lipid metabolism and hyperlipidemia in dogs (2010), la hiperlipemia secundaria es la forma más común y puede derivar de trastornos endocrinos, pancreatitis, colestasis, nefropatía perdedora de proteínas, obesidad o dietas altas en grasa. Por tanto, un diagnóstico preciso exige descartar todas estas condiciones antes de etiquetar el caso como primario.
Razas predispuestas a la hiperlipemia
El Schnauzer miniatura es el caso más claro. Esta raza encabeza los registros de hipertrigliceridemia idiopática por una mutación conocida en el metabolismo de las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL), que suele dar la cara entre los 4 y los 8 años. Los triglicéridos pueden dispararse incluso con una comida de grasa moderada, y eso obliga a un control dietético de por vida. Cualquier perro puede acumular lípidos en sangre, pero la genética pesa mucho más en la forma primaria de la enfermedad.
Hay más razas en el mapa. El Beagle suele asociarse a hiperlipemia secundaria por obesidad, aunque existe una línea familiar con alteración primaria del aclaramiento de quilomicrones, lo que cambia bastante el cuadro clínico. Shetland Sheepdog, Doberman Pinscher y Rottweiler también tienen predisposición documentada. Y entre las razas miniatura y toy —Yorkshire Terrier, Caniche enano— la hipercolesterolemia aparece con más frecuencia cuando se combina con hipotiroidismo, una endocrinopatía bastante habitual en estos grupos.
Poner la raza sobre la mesa cambia la estrategia diagnóstica. Un Schnauzer miniatura con vómitos esporádicos y suero lipémico apunta casi directamente a una hiperlipemia primaria; ese mismo cuadro en un Labrador con sobrepeso lleva la investigación hacia una causa secundaria. El abordaje terapéutico no tiene nada que ver en uno y otro caso.
Qué puede comer un perro con hiperlipemia (y qué tiene que desaparecer del cuenco)
El primer frente de actuación en la hiperlipemia —primaria o secundaria— es siempre el plato. La grasa total no debería superar el 10-15% de las calorías diarias; en un perro sano esa cifra puede llegar al 20-25% sin problema, pero aquí la cosa cambia. En la práctica, eso significa buscar un pienso con grasa bruta por debajo del 8-10% en materia seca para cuadros moderados. Si los triglicéridos siguen altos o hay historial de pancreatitis, habrá que bajar hasta fórmulas ultra-bajas en grasa, por debajo del 6%.
En soyunperro.com hemos reunido las pautas que los nutricionistas veterinarios aplican habitualmente en consulta:
- Busca un pienso pensado para control de peso o problemas gastrointestinales con perfil bajo en grasa. Comprueba el análisis garantizado que aparece en el envase: grasa bruta ≤8%.
- Añade ácidos grasos omega-3 de procedencia marina —EPA y DHA— a dosis de 30-50 mg/kg/día. Bajan la producción hepática de VLDL y actúan además como antiinflamatorios.
- Del armario de los premios, elimina cualquier cosa grasienta: embutidos, queso, piel de pollo, patés comerciales y restos de la comida familiar. Para premiar sin riesgo, zanahoria cruda, manzana sin pepitas o snacks deshidratados de boniato.
- Reparte la ración en 3-4 tomas al día. Distribuir la comida así amortigua los picos de triglicéridos después de comer y alivia la carga sobre el páncreas.
Cuando la dieta por sí sola no logra controlar la hipertrigliceridemia severa, el veterinario puede tirar de fibratos. El fenofibrato y el bezafibrato son los más empleados en medicina veterinaria. Un estudio publicado como Fenofibrate treatment for severe hypertriglyceridemia in dogs (2021) trabajó con 124 perros que superaban los 300 mg/dL y comprobó que el fármaco bajaba esos niveles de forma significativa y sin efectos adversos graves. El Therapy of Canine Hyperlipidemia with Bezafibrate (2017), con 46 perros hiperlipidémicos, demostró que el bezafibrato actúa sobre triglicéridos y colesterol sérico al mismo tiempo. Cualquiera de estos tratamientos exige supervisión veterinaria y controles periódicos de enzimas hepáticas.
CUIDADO CON LOS HUESOS RECREATIVOSLos huesos de piel prensada, orejas de cerdo y otros snacks masticables pueden alcanzar un 30% de grasa. Para un perro con hiperlipemia están totalmente contraindicados. Mucho mejor un juguete de goma dura o un mordedor vegetal.
Pancreatitis y otras complicaciones graves
El riesgo más serio que acarrea la hiperlipemia —sobre todo la hipertrigliceridemia— es la pancreatitis aguda. Cuando quilomicrones y VLDL alcanzan concentraciones muy altas, obstruyen los capilares del páncreas y provocan isquemia local. A partir de ahí, las enzimas digestivas se activan dentro del propio órgano antes de tiempo, el tejido empieza a digerirse a sí mismo y, en pocas horas, puede haber necrosis y fallo multiorgánico.
Ojo con esto: si el perro tiene hiperlipemia diagnosticada y aparecen vómitos que no cesan, el abdomen se endurece y adopta la postura de rezo, hay que ir al veterinario sin perder tiempo. Las series clínicas más recientes sitúan la mortalidad de la pancreatitis aguda canina entre el 27% y el 42%, y ese porcentaje empeora cuando los lípidos llevan tiempo sin controlarse. Mantener los niveles en rango es prevención directa. El objetivo es evitar la emergencia.
Hay otras complicaciones que conviene conocer. La lipidosis hepática —acumulación de grasa en el hígado que acaba deteriorando su función— aparece con cierta frecuencia en estos cuadros. El exceso de lípidos en sangre pone además al organismo en un estado proinflamatorio y procoagulante que favorece la aparición de enfermedad tromboembólica. En aquellos perros con hipercolesterolemia severa se han descrito también cuadros de aterosclerosis, aunque con mucha menos incidencia que en personas, dado que el metabolismo de las lipoproteínas caninas sigue mecanismos bastante distintos al humano.
Prevención y manejo a largo plazo
La prevención de la hiperlipemia secundaria pasa por el control de las enfermedades de base. Un perro con hipotiroidismo bien regulado con levotiroxina suele normalizar sus niveles de colesterol en semanas. En diabéticos, la insulinoterapia ajustada y la dieta coherente reducen los triglicéridos de forma paralela a la mejora del control glucémico. La obesidad, factor de riesgo independiente, debe abordarse con un plan de pérdida de peso supervisado que no supere el 1-2% del peso corporal por semana, ya que adelgazamientos rápidos pueden movilizar depósitos grasos y elevar transitoriamente los lípidos en sangre.
Para perros con hiperlipemia primaria, el manejo es de por vida. Las revisiones semestrales con perfil lipídico en ayunas permiten ajustar la dieta o la medicación antes de que aparezcan complicaciones. En casa, la disciplina con los premios y la supervisión de cualquier acceso a comida extra (basura, restos de otros animales, despensas abiertas) marcan la diferencia entre un perro estable y uno que acude a urgencias cada pocos meses.
Según Canine hyperlipidaemia (2015), la hiperlipidemia secundaria es la forma más común y puede deberse a trastornos endocrinos, pancreatitis, colestasis, nefropatía perdedora de proteínas u obesidad. Esto refuerza la idea de que el control lipídico no puede desligarse del manejo integral de la salud del perro. Un animal con hiperlipemia no es solo “un perro con el colesterol alto”: es un paciente que requiere una visión global para identificar y tratar la causa raíz, o para mantener a raya una condición genética que, sin cuidados, puede acortar su vida.
Preguntas frecuentes
¿Puedo medir el colesterol de mi perro en casa con un dispositivo humano?
Rotundamente no. Los aparatos domésticos de medición están calibrados para sangre humana, con proporciones de lipoproteínas y hematocrito muy distintas a las del perro. A eso hay que sumarle que la muestra debe tomarse en ayunas y con el anticoagulante apropiado. Cualquier cifra que dé ese aparato en casa va a ser poco fiable. Si quieres un valor real, el análisis tiene que hacerlo un laboratorio veterinario.
¿El aceite de salmón es bueno o malo para un perro con hiperlipemia?
Los omega-3 del aceite de salmón ayudan a reducir los triglicéridos, eso es verdad. Pero el aceite de salmón también es grasa, y ahí está el truco. La dosis importa mucho: no más de 1-2 gramos por cada 10 kg de peso al día, y siempre dentro del cómputo total de grasa diaria del animal. Dárselo a ojo, sin control veterinario, puede hacer más mal que bien.
¿Un perro con hiperlipemia puede comer huevo?
Depende de qué parte del huevo. La clara cocida es proteína pura, sin nada de grasa, y no hay problema en incluirla en la dieta. La yema es otro asunto: concentra toda la grasa y el colesterol del huevo. En un perro con hiperlipemia, la yema queda descartada.
¿La esterilización influye en los niveles de lípidos?
Según la evidencia disponible, la castración por sí sola no parece alterar directamente el metabolismo lipídico. Lo que sí ocurre con frecuencia es que los perros esterilizados tienden a ganar peso, porque cambia tanto su metabolismo como su nivel de actividad, y la obesidad es uno de los factores que más favorece la hiperlipemia secundaria. El punto crítico, entonces, es vigilar el peso después de la cirugía.
IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.
