La vitamina K es uno de los micronutrientes fundamentales para la salud del perro. El papel que juega en el organismo hace absolutamente imprescindible su consumo. Su carencia tiene repercusiones tan graves como las hemorragias.
Esto se debe a que participa en los procesos de coagulación. Por eso también se utiliza la vitamina K como tratamiento en las patologías en las que esta función se ve comprometida. Es estos casos será el veterinario quien determine la dosis y la pauta de administración.
La acción de la vitamina K
Las vitaminas son consideradas micronutrientes. Reciben este nombre porque es necesario consumirlas en pequeñas cantidades. Además, muchas de ellas son esenciales porque es imprescindible ingerirlas con la dieta, al no ser posible producirlas en el propio organismo. En el caso de la vitamina K, pueden sintetizarlas bacterias localizadas en el tracto intestinal.
Las vitaminas se clasifican en dos grupos según sean solubles en agua o en grasas. Las primeras son las vitaminas hidrosolubles. Las segundas, las liposolubles. A este segundo grupo pertenece la vitamina K. Su función más destacada es intervenir en la coagulación de la sangre.
Sin la cantidad suficiente de vitamina K en el organismo no se sintetizarán los factores de coagulación necesarios. Esto implica que se producirán hemorragias espontáneas e incontroladas. Es decir, si el perro se hace una herida, esta no se cerrará o lo hará muy despacio.
La vitamina K como medicamento
Cuando el perro se intoxica con determinadas sustancias, como pueden ser los raticidas, su coagulación se ve comprometida. Esto se debe a que estos venenos son anticoagulantes y funcionan atacando directamente la síntesis de vitamina K en el organismo. En otras palabras, bloquean este proceso.
La vitamina K no solo es la base para que se produzca una coagulación normal, sino que, cuando no hay una cantidad suficiente, se desencadenan hemorragias espontáneas. El problema, además, es que este tipo de tóxicos no suelen producir signos clínicos inmediatos.
El organismo va a ir consumiendo sus reservas tanto de factores de coagulación como de vitamina K. Por ello puede parecernos que el perro está completamente sano, pero, unos días después del envenenamiento, comenzará la pérdida de sangre. Podemos apreciar los siguientes signos:
- Debilidad.
- Palidez de mucosas y de piel.
- Hemorragia nasal, bucal y/o rectal.
- Vómitos de sangre. También puede aparecer sangre en la orina, lo que se denomina hematuria, o en las heces. En este caso recibe el nombre de melena.
- Hematomas, que es la acumulación de sangre bajo la piel.
- Muerte súbita. Los perros con hemorragia interna que afecta al tórax o al abdomen pueden fallecer repentinamente.
Tratamiento de las hemorragias
Si sospechamos o hemos visto a nuestro perro ingerir algún anticoagulante o incluso algún roedor que haya fallecido por la ingesta de este tipo de venenos, hay que acudir de inmediato al veterinario. Aunque el perro nos parezca completamente sano, sabemos que el efecto de los anticoagulantes no dará la cara hasta unos días después de su consumo.
Es recomendable llevar una muestra o la etiqueta del producto ingerido para que el profesional sepa con rapidez de qué veneno se trata. Se iniciará un tratamiento con vitamina K inyectable y es posible que se necesiten transfusiones de sangre si el perro está sufriendo ya una hemorragia.
El ritmo de administración dependerá de la cantidad de sangre que se esté perdiendo. La vitamina K se sigue suministrando por vía subcutánea u oral hasta que el perro consiga volver a coagular por sí mismo. Puede prolongarse el tratamiento entre 1-4 semanas. Nunca hay que retirarlo antes, pues el perro volvería a sufrir peligrosas hemorragias.
Usos de la vitamina K para perros
Además de las intoxicaciones producidas por anticoagulantes, la vitamina K se le puede dar a los perros que se consideran en riesgo de sufrir hemorragias. Por ejemplo, ejemplares con alteraciones hepáticas es más fácil que sangren y formen hematomas. Por eso, a modo de prevención, el veterinario puede recetarles vitamina K.
Lo mismo sucede con los perros que están tomando tratamientos que incluyen anticonvulsivos o AINE, ya que son medicamentos que pueden tener como efecto una disminución de la cantidad de vitamina K disponible, carencia que habrá que compensar para evitar problemas.
Cómo incluir en la alimentación la vitamina K para perros
Como hemos señalado, la vitamina K suele darse a los perros en situaciones de emergencia. Por eso el veterinario la administrará de forma inyectable y nosotros en casa seguiremos el tratamiento con comprimidos o jarabes.
Es importante que si nuestro perro se ha intoxicado o corre el riesgo de sufrir una hemorragia sigamos escrupulosamente las pautas que nos dé el veterinario tanto en dosis como en tiempo y frecuencia de administración. Además, hay alimentos especialmente ricos en vitamina K que podemos añadir a su dieta.
Como ejemplos mencionamos el brócoli, la berza, las espinacas, las acelgas, el hígado, la carne de res, los huevos, los aceites de origen vegetal o el pescado. Recuerda que ninguno de estos alimentos puede sustituir a la medicación que te haya pautado el veterinario.
Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.