Aunque la leishmaniosis puede afectar a cualquier perro, no todos tienen el mismo riesgo de desarrollar la enfermedad activa. La raza, la genética y la edad son factores determinantes que los estudios científicos llevan años analizando. Si tienes una de las razas que mencionamos a continuación, la prevención no es opcional: es prioritaria.
¿Por qué algunas razas son más vulnerables?
La clave está en cómo responde el sistema inmunitario al parásito Leishmania infantum. Cuando el flebotomo infecta a un perro, el organismo pone en marcha una respuesta inmune de tipo celular (Th1) para neutralizar al parásito. Si esa respuesta es eficaz, el perro puede permanecer como portador asintomático durante años o toda su vida. Si falla, el parásito se replica y la enfermedad progresa.
Lo que la ciencia ha demostrado es que esta capacidad de respuesta tiene una base genética clara y varía significativamente entre razas. Polimorfismos en genes como el Slc11a1 —implicado en la primera barrera de defensa contra parásitos intracelulares— o en genes del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC-II) determinan si un perro tiene más o menos herramientas inmunológicas para hacer frente a la infección. No es mala suerte: está escrito, en parte, en su ADN. Por eso es importante conocer bien los puntos débiles de nuestro perro y seguir la guía de leishmaniosis para perros
Razas con mayor predisposición a la leishmaniosis
Bóxer
Es, con diferencia, la raza más estudiada y la que concentra más evidencia científica sobre su vulnerabilidad. Un estudio publicado en 2022 en la revista Veterinary Sciences por investigadores de la Universidad Cardenal Herrera-CEU y el Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA realizó una caracterización inmunológica y genómica específica del bóxer frente a Leishmania infantum. Los resultados confirmaron la presencia del haplotipo TAG-8-141 en el gen Slc11a1, asociado directamente a mayor susceptibilidad. Mientras que la seroprevalencia general de leishmaniosis en perros domésticos en España se estima en torno al 10%, en la raza bóxer los datos de algunos estudios la sitúan cerca del 39%. Su sistema inmunitario parece generar con más frecuencia una respuesta de tipo Th2 (ineficaz frente al parásito) en lugar de la respuesta Th1 protectora.
Doberman Pinscher
El doberman comparte con el bóxer el dudoso honor de encabezar los estudios de prevalencia por razas. La investigación de la Facultad de Veterinaria UCH CEU, desarrollada en la isla de Ibiza —zona de alta endemia— concluyó que doberman y bóxer presentaron las prevalencias más elevadas de entre todas las razas analizadas, con diferencias estadísticamente significativas respecto a otras razas con ancestros comunes. Los investigadores apuntaron también al gen Slc11a1 como responsable: detectaron tres polimorfismos clave (A4549G, C4859T y C8542T) con implicación directa en la susceptibilidad a la forma visceral de la enfermedad.
Pastor Alemán
Su predisposición está documentada en numerosos estudios clínicos europeos y es una de las razas de referencia en la parasitología veterinaria española. La catedrática Guadalupe Miró, del Departamento de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid, la incluye sistemáticamente entre las razas de mayor riesgo. Además de la base genética, el pastor alemán suele usarse como perro de trabajo o guardián, lo que implica mayor exposición al exterior durante las horas crepusculares, cuando el flebotomo es más activo. La combinación de predisposición inmunológica y exposición ambiental lo convierte en una de las razas de mayor riesgo real en España. Los machos menores de 3 años son los más vulnerables dentro de la propia raza.
Rottweiler
El rottweiler aparece de forma consistente en los estudios de susceptibilidad racial, tanto en investigaciones españolas como en trabajos internacionales. Un estudio retrospectivo de 15 años publicado en 2024 en la revista Pathogens lo identifica entre las razas con mayor riesgo de progresión clínica grave. Un estudio del Hospital Clínico Veterinario Complutense, que incluyó datos de miles de animales tratados a lo largo de dos décadas, señaló al rottweiler entre las razas con formas clínicas más avanzadas en el momento del diagnóstico, lo que sugiere tanto una mayor susceptibilidad como una progresión más rápida de la enfermedad una vez establecida.
Cocker Spaniel
La vulnerabilidad del cocker spaniel se explica por una doble vía. Por un lado, presenta una predisposición inmunogenética documentada por varios equipos de investigación, incluido el grupo de la Dra. Miró en la Complutense. Por otro, su pelaje —especialmente cuando se lleva largo— puede favorecer las picaduras del flebotomo en zonas menos protegidas. Curiosamente, cuando se esquila a perros de pelo naturalmente largo como el cocker, aumenta la exposición cutánea al vector, lo que incrementa el riesgo de infección. Es una raza que combina susceptibilidad genética con factores de manejo que conviene tener en cuenta.
Gran Danés, Golden Retriever y Springer Spaniel inglés
Estas tres razas fueron identificadas en el estudio del Hospital Clínico Veterinario Complutense de 2024 como significativamente más susceptibles a desarrollar estadios graves de leishmaniosis (estadios III y IV de la clasificación LeishVet) respecto a la media. El estudio, uno de los más amplios realizados en España hasta la fecha, realizó además exploraciones de todo el genoma en busca de firmas de selección que explicaran el componente genómico de esa susceptibilidad clínica. Aunque la investigación en estas razas es menos extensa que en el bóxer o el doberman, los datos clínicos acumulados justifican incluirlas en cualquier protocolo de prevención reforzada.
Perros de caza en general
Más que una raza concreta, los perros utilizados para la caza constituyen un grupo de riesgo transversal. Razas como el braco, el pointer, el setter o el perdiguero combinan una alta exposición al flebotomo —trabajan al amanecer y al anochecer, en zonas de vegetación densa, que son los hábitats preferidos del vector— con temporadas de alto estrés físico que pueden debilitar su respuesta inmune. El estrés, la fatiga extrema o el cambio brusco de condiciones de vida son factores que pueden desencadenar la enfermedad activa en perros que hasta entonces eran portadores asintomáticos.
Síntomas tempranos que puedes detectar en casa
Uno de los mayores peligros de la leishmaniosis es su silencio inicial: desde la picadura infectante hasta los primeros síntomas visibles pueden pasar entre cuatro meses y varios años. Los signos más habituales que debes vigilar son:
- Pérdida de pelo alrededor de los ojos (alopecia periocular), uno de los primeros signos cutáneos.
- Descamación de la piel, especialmente en el hocico, las orejas y las patas.
- Úlceras o heridas que no cicatrizan, con bordes rojizos.
- Crecimiento anormal de las uñas (onicogrifosis).
- Pérdida de peso progresiva, incluso sin perder el apetito.
- Ganglios linfáticos inflamados, perceptibles al tacto en cuello, axilas o ingles.
- Sangrados nasales espontáneos.
- En razas predispuestas como el bóxer o el rottweiler: nódulos endurecidos en la piel.
Si observas cualquiera de estos síntomas, acude al veterinario cuanto antes. El diagnóstico precoz es fundamental para el éxito del tratamiento.
Medidas preventivas prácticas para el día a día
La prevención eficaz combina varias líneas de actuación simultáneas:
- Collar o pipeta repelente: los productos con permetrina o deltametrina actúan disuadiendo al flebotomo de picar. Tu veterinario puede recomendar la combinación más adecuada según la zona donde vives y el nivel de exposición de tu perro.
- Vacunación: existen vacunas específicas (Letifend y CaniLeish) que, aunque no impiden la infección, estimulan el sistema inmunitario para evitar el desarrollo de la enfermedad clínica. Son especialmente recomendables en razas de alto riesgo.
- Evitar salidas al amanecer y al anochecer durante los meses cálidos, cuando los flebotomos son más activos.
- No dejar que el perro duerma al exterior en verano, especialmente en zonas con vegetación densa.
- Mosquiteras en casa para reducir la entrada del vector.
- Revisiones veterinarias anuales con analítica o test de detección, especialmente si tu perro pertenece a una raza de riesgo o vive en zona endémica.
Si tienes una de las razas mencionadas, no esperes a ver síntomas: habla con tu veterinario sobre el protocolo de prevención y diagnóstico más adecuado. Con las medidas correctas, convivir con el riesgo es perfectamente viable.
