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El mal olor en las patas de mi perro

Si nos fijamos, podremos comprobar que las patas de nuestro perro, en concreto sus almohadillas plantares, desprenden un olorcillo particular, para muchos bastante difícil de definir. Algunos dicen que huelen a queso, otros hablan de populares aperitivos salados, etc.

En cualquier caso, para que no te preocupes, tienes que saber que es su olor natural y, por tanto, fisiológico y saludable. En este artículo explicaremos a qué se debe y cómo hay que controlar y cuidar las almohadillas para mantenerlas sanas durante toda la vida del perro.

Cómo son las almohadillas de los perros

El olorcillo de las almohadillas es muy diferente al del resto del cuerpo del perro. Esto se explica por sus características específicas, que se van a relacionar con sus importantes funciones. Las almohadillas están formadas por una capa gruesa de queratina, que es la proteína presente en los tejidos córneos. Bajo esta capa hay grasa y un tejido elástico.

Por eso cuando tocamos las almohadillas nos da la sensación de que se trata de una especie de cojín mullido. Por otra parte, son muy sensibles, están muy vascularizadas y poseen un buen número de terminaciones nerviosas. Este es el motivo de que sangren en abundancia y  puede explicar por qué muchos perros rechazan que se les toque esta parte de su anatomía.

Aunque, al igual que sucede con los pies humanos, normalmente no se les presta la atención que merecen dada su importancia, lo cierto es que las almohadillas requieren cuidados específicos y revisiones regulares para que puedan seguir cumpliendo sus importantes funciones en cualquier circunstancia. Estas son las siguientes:

  • Constituir los puntos de apoyo del perro.
  • Amortiguar los impactos que se producen al caminar, al saltar, al correr, etc.
  • Circular por todo tipo de terrenos, ya sea arena, tierra, piedras, asfalto, hielo, etc.
  • Repartir el peso del perro entre sus cuatro patas de una forma equilibrada.
  • Aislar del suelo.
  • Sudar, pues en las almohadillas se encuentran las glándulas sudoríparas del perro.
  • Marcar, en cada pisada o al rascar el terreno el animal va dejando su olor único y particular.

Por qué huelen las patas de los perros

La procedencia del especial olor de las almohadillas caninas se debe a las distintas sustancias y elementos que en ellas se pueden encontrar. Así, este olor es el resultado de una mezcla entre el sudor que producen las glándulas sudoríparas, los microorganismos que constituyen la flora normal de esa zona y todos aquellos materiales que el perro vaya pisando.

Este olorcillo particular y difícil de definir no es patológico. Al contrario, es señal de que las almohadillas están sanas y en buen estado. En cambio, si percibimos alguna modificación en este olor, sí podríamos estar ante un problema de salud, como una infección, que habría que diagnosticar y tratar, poniéndonos siempre en manos del veterinario lo antes posible.

Cómo cuidar las almohadillas del perro

Para evitar cualquier trastorno en esta parte tan importante de la anatomía canina decíamos que había que someterla a revisiones de manera regular. Sobre todo cuando los perros se van haciendo mayores, ya que las almohadillas se vuelven más delicadas. Pero también cuando han pisado terrenos difíciles o en condiciones climatológicas adversas, como el hielo.

De vez en cuando se recomienda examinarlas y comprobar el estado de los espacios interdigitales, en los que puede acumularse suciedad, cuerpos extraños o parásitos como las garrapatas. En los perros con pelo muy largo entre los dedos este puede recortarse, siempre con mucho cuidado. También se recomienda secar las almohadillas cuando se mojen.

En situaciones puntuales, como un terreno pedregoso, un suelo muy caliente o nevado podemos prevenir lesiones aplicando alguna crema o espray específico. Incluso, si es necesario y el perro lo tolera, existen zapatos especialmente diseñados para ellos. No solo previenen, sino que pueden ayudar a proteger lesiones, favoreciendo su recuperación.

Problemas en las almohadillas plantares del perro

Las almohadillas sufren desgaste con el paso del tiempo. Van perdiendo elasticidad y se resecan, lo que puede acabar por producir dolorosas grietas e incluso complicarse con infecciones secundarias. Las lesiones en las almohadillas no siempre van a modificar su olor. Pero cuando percibamos un cambio en este, sí es probable que exista algún problema.

Si nos fijamos, es posible que detectemos heridas, lamido frecuente, oscurecimiento del pelo interdigital, inflamación, dolor o cojera. Salvo que estemos ante una herida superficial que podamos limpiar en casa, el resto de situaciones tienen que ser evaluadas por el veterinario. Son relativamente frecuentes las abrasiones, las heridas o la presencia de cuerpos extraños.

Cualquiera de estas lesiones, así como una humedad excesiva en la zona, pueden desembocar en la aparición de una infección, normalmente provocada por bacterias o por hongos. Es entonces cuando es posible que se forme pus y percibamos un olor desagradable, muy diferente al habitual.

Bibliografía

Carlson y Giffin. 2002 Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.

Jose A. Ramos

Especialista en etología aplicada, con más de 30 años de experiencia en educación, comportamiento y nutrición canina.