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Galgo Ruso (Borzoi): Elegancia y Velocidad en un Perro Único

El Galgo Ruso, criado por la aristocracia zarista para cazar lobos en la estepa, es una raza que combina velocidad y resistencia al frío. Tras la Revolución de 1917, solo unos pocos ejemplares lograron preservar la raza en el extranjero, un dato que marcó su historia genética. Este artículo explora su legado cinegético y cómo entender su temperamento único.

Orígenes e historia del Galgo Ruso

En ruso, «borzyi» significa veloz. De ahí viene Borzoi, el nombre con el que se conoce a esta raza en el mundo entero, aunque en España se le llama también Lebrel Ruso. Detrás del nombre hay siglos de cría dirigida por la nobleza zarista, que necesitaba un perro capaz de trabajar en las estepas: terrenos abiertos, viento helado y presas que corren. La solución fue mezclar lebreles asiáticos traídos de Oriente —el Saluki, el Tazi, el exótico Galgo Afgano— con perros autóctonos de pelo espeso como el Laika. Velocidad del este, resistencia al frío del norte. El animal que salió de ahí, estilizado y capaz de derribar lobos en jauría, fue tomando su forma tanto física como de carácter a lo largo de generaciones.

La perrera de Perchino, propiedad de la alta nobleza rusa, llegó a albergar cientos de ejemplares con el linaje controlado al detalle. Además de la eficacia en la caza, el Borzoi era un símbolo. Todo eso terminó en 1917. La Revolución Rusa arrastró consigo a la raza: los nuevos gobernantes la identificaron con el lujo de la clase derrocada y ordenaron el exterminio de muchos perros. Los que sobrevivieron lo hicieron gracias a criadores que consiguieron sacar ejemplares del país a tiempo, principalmente hacia Inglaterra y Estados Unidos. De esas pocas líneas fundacionales viene todo el Borzoi actual, y ese cuello de botella genético está detrás de parte de la sensibilidad a ciertas patologías que presenta la raza hoy en día.

El Borzoi pertenece al grupo de los lebreles, razas que detectan a la presa con la vista y salen tras ella en carreras explosivas, igual que el ágil Galgo Siciliano y otras razas seleccionadas para la caza a la carrera. A diferencia de los perros de rastro, estos animales toman decisiones por su cuenta durante la persecución, sin esperar indicaciones del cazador. Esa autonomía viene de muy atrás.

Características físicas del Borzoi

Un borzoi macho adulto mide entre 75 y 85 cm a la cruz; las hembras quedan entre 68 y 78 cm, con un peso que oscila entre los 34 y los 47 kg. Son de los lebreles más altos que existen. Pero la estructura descoloca. El tórax es profundo y a la vez estrecho, el vientre asciende muy recogido, y la musculatura queda plana, pegada al esqueleto, todo orientado a reducir la resistencia del aire y alargar la zancada al máximo. La cabeza larga, afilada, con un stop tan sutil que casi pasa desapercibido, acaba de perfilar una silueta que tiene más de purasangre que de perro corriente.

El pelaje dice mucho sobre los inviernos de la estepa rusa. Los flecos caen en el cuello, la cara posterior de los muslos y la cola; el conjunto es sedoso y ondulado, de longitud media, y se espesa considerablemente con el frío. Los colores admitidos van del blanco al gris pasando por el dorado, el rojo y el atigrado, con todas las combinaciones posibles, y es frecuente la máscara oscura en el hocico. Trufa y bordes palpebrales han de ser negros, salvo en capas diluidas. La cola en forma de sable cuelga tranquila en reposo y se levanta en carrera, donde funciona como timón en los cambios de dirección más bruscos.

Ver galopar a un borzoi de cerca cambia la perspectiva. El suyo es un doble galope suspendido. Las cuatro patas abandonan el suelo en dos momentos distintos —uno de extensión, otro de recogimiento— y eso produce una zancada extraordinariamente eficiente para la energía que consume. De ahí que sostenga velocidades altas durante más tiempo del que cabría esperar. Patas largas, rectas, y ese pie de liebre que tanto se valora en la raza, con los dedos arqueados y bien juntos, lo que da tracción y evita que el perro se hunda en terreno blando. El estándar es inflexible en este punto. Cualquier indicio de pesadez o tosquedad se penaliza como falta grave, porque destruye exactamente aquello para lo que fue creado este perro.

Carácter y temperamento del Galgo Ruso

El temperamento del Borzoi es un equilibrio de contrastes que desconcierta a quien espera un perro exclusivamente enérgico. En el hogar se muestra tranquilo, silencioso y sorprendentemente apacible, capaz de pasar horas tumbado en un sofá sin demandar atención constante. Esta calma interior no es apatía, sino una economía de energía heredada de su función como cazador: en la estepa, los periodos de inactividad eran tan cruciales como los de persecución. Sin embargo, esa serenidad se transforma de inmediato cuando un estímulo visual desencadena su instinto de presa. La independencia cognitiva es otro rasgo central; seleccionado para tomar decisiones autónomas durante la caza, el Borzoi no muestra la obediencia ciega de un perro de pastoreo, sino una cooperación condicionada a que la orden tenga sentido en su esquema mental.

Con los miembros de su familia, el Borzoi desarrolla un vínculo profundo pero contenido. No es un perro efusivo que salte y lama, sino que expresa su afecto mediante la proximidad silenciosa, el contacto visual pausado y una lealtad inquebrantable. Esta reserva emocional no debe confundirse con frialdad; simplemente, su lenguaje social es más sutil. Ante los desconocidos, la actitud típica es de cortés distanciamiento: observa, evalúa y rara vez se muestra agresivo, pero tampoco busca activamente la interacción. Esta combinación lo convierte en un mal candidato como perro guardián, pues carece de la territorialidad y la reactividad necesarias para esa función.

La socialización temprana es el factor que modula la expresión de estos instintos. Un Borzoi que durante su periodo sensible ha estado expuesto a entornos urbanos, ruidos, personas diversas y otros perros desarrollará una estabilidad emocional que le permitirá gestionar mejor los desencadenantes de su impulso de persecución. Sin esa base, la reactividad ante ciertos estímulos en movimiento puede requerir un manejo cuidadoso. El trabajo de habituación debe respetar su sensibilidad: los métodos coercitivos generan desconfianza y bloqueo, mientras que el refuerzo positivo construye un canal de comunicación eficaz con un perro que, por naturaleza, sopesa cada interacción.

Con niños, perros y animales pequeños

Con los niños la relación funciona, siempre con supervisión. En casa, el Borzoi es un perro pausado que aguanta el alboroto infantil sin perder la calma. El problema viene cuando se arranca. Un galope repentino puede tumbar a un niño pequeño sin que el perro lo haya pretendido, pura masa y velocidad. Los críos tienen que aprender a moverse con calma cerca de él, sin carreras ni gestos bruscos que enciendan su reflejo de perseguir. Si ha crecido desde cachorro junto a niños, acaba integrándolos en su círculo sin conductas posesivas.

Con otros perros se desenvuelve bien. Tiene predilección por otros lebreles, como el esbelto Galgo Italiano, porque con ellos el juego son carreras y persecuciones sin forcejeos. Las razas más físicas, como el resistente Galgo Español, pueden generarle malentendidos si los patrones de juego no encajan, aunque con buena socialización rara vez pasa de ahí. Gatos, conejos o cobayas son otra historia. Activan algo muy profundo en él, un instinto de presa que cuesta mucho inhibir. Hay Borzois que terminan conviviendo en paz con el gato de la casa, pero eso exige una presentación muy gradual, vigilancia permanente y asumir que el riesgo de cero nunca llega.

En casas con varias especies, todo pasa por gestionar bien el entorno. Separación física cuando no hay nadie mirando. Barreras visuales para que el perro no fije la mirada en el animal pequeño. Y una salida controlada a su necesidad de correr —el lure coursing encaja perfectamente aquí—. Quien espere que un lebrel ignore por completo todo lo que se mueve rápido no entiende hasta dónde ha calado la selección artificial en su cerebro.

Alimentación y nutrición según la etapa vital

La alimentación del Borzoi debe ajustarse a su metabolismo y anatomía torácica. Durante la etapa de cachorro, el objetivo es un crecimiento lento y uniforme que permita un desarrollo óseo y articular correcto. Un exceso de energía o de calcio en esta fase puede acelerar el cierre de las placas de crecimiento y favorecer displasias o deformidades angulares, problemas especialmente graves en una raza de patas tan largas. Se recomienda un pienso formulado para razas grandes, con niveles controlados de proteína y grasa adaptados a sus necesidades, fraccionado en tres o cuatro tomas diarias hasta los seis meses. El peso debe monitorizarse semanalmente: las costillas deben ser palpables bajo una fina capa de grasa, pero nunca visibles a distancia.

En el adulto, la prioridad es mantener la masa muscular magra sin favorecer la obesidad, que sobrecargaría sus articulaciones y agravaría el riesgo de torsión gástrica. Una dieta con proteína de alta digestibilidad (en torno al 22-24%) y un aporte moderado de grasa (10-12%) suele ser adecuada, siempre adaptada al nivel de actividad real del perro. El Borzoi que compite en lure coursing o realiza carreras regulares necesita un aporte calórico mayor, pero debe ingerirlo en tomas separadas del ejercicio intenso. La dilatación-torsión gástrica es una emergencia potencialmente mortal en razas de pecho profundo, y su prevención pasa por ofrecer dos o tres comidas diarias en lugar de una única ración copiosa, evitar la ingesta rápida mediante comederos antivoracidad y prohibir el ejercicio vigoroso en las dos horas posteriores a la comida.

En la etapa sénior, a partir de los siete u ocho años, el metabolismo se ralentiza y la masa muscular tiende a disminuir. La fórmula debe enriquecerse con proteína de alto valor biológico para frenar la sarcopenia, mientras que la grasa se ajusta a la baja si el perro reduce su actividad. Los ácidos grasos omega-3, procedentes de aceite de pescado, contribuyen a la salud articular y a la función cognitiva. La hidratación cobra especial relevancia, ya que los perros mayores tienden a beber menos; el pienso húmedo o la adición de agua templada al seco pueden estimular la ingesta. Cualquier cambio en el apetito, la consistencia de las heces o el peso debe motivar una consulta veterinaria para descartar patologías subyacentes antes de modificar la dieta por cuenta propia.

Ejercicio y estimulación: carreras, paseos y 'lure coursing'

El Borzoi no es un perro que se conforme con paseos cortos alrededor de la manzana. Su necesidad de ejercicio combina dos componentes diferenciados: una actividad aeróbica diaria de bajo impacto y sesiones periódicas de carrera libre en espacios seguros. Los paseos con correa, de al menos una hora diaria repartida en dos o tres salidas, cubren la exploración olfativa, la socialización ambiental y el mantenimiento de un tono muscular basal. Sin embargo, estos paseos no satisfacen su necesidad primordial de galopar. Para ello, es imprescindible disponer de un cerramiento de al menos 1.8 metros de altura, ya que su capacidad de salto es prodigiosa y un vallado más bajo supone un riesgo de fuga ante cualquier estímulo que despierte su instinto de persecución.

El lure coursing —la persecución de un señuelo mecánico que simula la trayectoria de una liebre— es la actividad que mejor replica su función original y la que proporciona una estimulación física y mental más completa. Durante una sesión, el perro despliega su galope suspendido, realiza giros cerrados y experimenta la satisfacción de completar una secuencia de caza simulada. Esta práctica no solo canaliza su impulso de presa de forma controlada, sino que fortalece la musculatura específica del galope y previene problemas de comportamiento derivados de la frustración. Los clubes de lebreles organizan entrenamientos y competiciones adaptadas a diferentes niveles, y la participación regular crea un vínculo de cooperación con el guía que trasciende la mera obediencia.

La estimulación mental no debe descuidarse. El Borzoi, pese a su fama de perro independiente, necesita desafíos cognitivos que respeten su estilo de aprendizaje. Los juegos de olfato —esconder premios por la casa o en el jardín— aprovechan una capacidad que a menudo se subestima en los lebreles. El trabajo con clicker y el moldeado libre permiten enseñar conductas complejas sin generar la resistencia que provocan las órdenes repetitivas. La clave está en ofrecer sesiones cortas, variadas y con un alto índice de refuerzo, abandonando la expectativa de una obediencia mecánica. Un Borzoi mentalmente satisfecho es un perro que se relaja de verdad en el hogar, sin recurrir a conductas sustitutivas como lamidos compulsivos o deambulación nerviosa.

Peluquería, higiene y dónde vive mejor el Borzoi

Que el Borzoi tenga un pelo tan llamativo no lo convierte en un quebradero de cabeza. Con pasarle el peine de púas largas y el cepillo de cerdas suaves una vez a la semana es suficiente para eliminar el pelo muerto y repartir los aceites que dan vida al manto. En muda, eso cambia: hay que subir la frecuencia a dos o tres sesiones semanales para que la caída no se descontrole. Las zonas con flecos —cuello, muslos y cola— son las primeras en hacer nudos, así que después de cualquier paseo por el campo conviene revisarlas, porque las semillas y los restos vegetales se enganchan ahí con una facilidad pasmosa. El baño, al mínimo imprescindible; lavarlo demasiado a menudo destruye la capa grasa que impermeabiliza el pelo y le da ese brillo tan característico.

Las uñas y los dientes necesitan atención regular. En los lebreles el sarro se acumula con bastante rapidez, y para frenarlo hay que cepillarles los dientes al menos tres veces a la semana con pasta enzimática específica para perros. Con las uñas no se puede confiar en que el desgaste natural haga el trabajo, ni siquiera en perros activos que caminen por superficies duras; si crecen demasiado, modifican el apoyo del pie y fuerzan las articulaciones más de lo que debieran. Un recorte mensual evita ese problema. Los oídos se limpian cada dos semanas con una gasa humedecida en un limpiador ótico, o antes si hay acumulación visible. Ojo con esto: acostumbrar al cachorro a todas estas rutinas desde el principio, con calma y refuerzo positivo, marca la diferencia entre un perro que coopera y uno que desaparece cada vez que aparece el cepillo de dientes.

El Borzoi tiene poca grasa subcutánea y la piel bastante fina. Eso pasa factura si descansa habitualmente sobre suelo duro, porque los codos y corvejones acaban desarrollando callosidades con relativa facilidad. Ponerle un colchón ortopédico o unas mantas gruesas en sus rincones de descanso favoritos es una inversión pequeña que las articulaciones agradecen con los años. Puede adaptarse bien a un piso siempre que salga a moverse cada día, pero lo ideal es que tenga acceso a un jardín bien vallado donde pueda soltar algún galope de verdad. Con el frío no hay problema, el pelaje lo defiende bien. El calor es otra cosa: en verano necesita zonas frescas, agua siempre disponible y ejercicio en las horas de menor sol.

Salud y enfermedades hereditarias del Borzoi

Los lebreles en general, y el Borzoi en particular, metabolizan la anestesia de forma distinta al resto de razas. Su cuerpo largo con escasa grasa altera la farmacocinética de ciertos agentes anestésicos, lo que prolonga el efecto más de lo previsto y convierte la hipotermia intraoperatoria en un riesgo real. Encima, son perros de carácter nervioso, y el estrés puede elevarles la temperatura antes incluso de entrar al quirófano. Estas particularidades ya quedaron documentadas en «Anesthesia of the sighthound» (1999). Cualquier intervención que requiera sedación tiene que estar en manos de alguien con experiencia en sighthounds, con protocolos adaptados —premedicación con benzodiacepinas para rebajar la ansiedad, inductores de eliminación rápida— y con temperatura monitorizada en todo momento.

De las patologías con componente genético, la más peligrosa es la dilatación-torsión gástrica. El tórax profundo y la laxitud de los ligamentos que fijan el estómago predisponen al órgano a girar sobre su eje, lo que corta el riego sanguíneo y desencadena un shock en pocas horas. Abdomen muy hinchado, arcadas sin resultado, agitación que no cede: si aparecen esas tres señales, no hay tiempo que perder. En el plano cardíaco, la miocardiopatía dilatada también se ha documentado en la raza, aunque con menos incidencia que en el Irish Wolfhound. Una ecocardiografía anual a partir de los cinco años permite detectar cambios precoces e iniciar tratamiento antes de que el perro dé señales clínicas.

Hay otros dos frentes que conviene tener en cuenta. En el terreno ocular, se identificaron lesiones multifocales de coriorretinopatía en ejemplares del oeste de Canadá, una condición cuya relación con la atrofia retinal progresiva sigue bajo investigación, tal y como recoge «Multifocal chorioretinal lesions in Borzoi dogs» (2005). Los criadores que trabajan con rigor incluyen revisiones del fondo de ojo en sus protocolos de selección. En cuanto a lo respiratorio, los sighthounds presentan mayor prevalencia de enfisema intersticial pulmonar y neumomediastino espontáneo —presencia de aire en el tejido pulmonar y en el mediastino sin traumatismo previo— que otras razas sometidas a tomografía torácica, según muestra «Pulmonary interstitial emphysema and spontaneous pneumomediastinum are more…» (2024). Muchos cuadros remiten con reposo, pero hay que valorarlo con el veterinario para descartar complicaciones. La esperanza de vida del Borzoi está entre los 9 y los 14 años, un margen que depende en buena medida de la genética, la alimentación y los cuidados preventivos. Como integrante del Grupo 10 de la FCI, necesita espacios cercados con cerramientos de al menos 1,8 metros de altura.

Ver a un Borzoi en movimiento convence más que cualquier descripción. Una jornada de lure coursing, una visita a un club de lebreles, una charla con criadores que pongan la salud y el carácter por delante del palmarés estético: todo eso ayuda a entender lo que hay detrás de ese porte tranquilo. Son perros que llevan siglos en la estepa, y eso no desaparece aunque vivan en un piso de ciudad.

IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.

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