Las cataratas son una patología ocular grave, ya que pueden llegar a causar la ceguera al perro afectado. Y aunque se asocian más con los perros de edad avanzada, lo cierto es que pueden presentarse a cualquier edad.
Así, se distinguen entre cataratas congénitas y adquiridas. En ocasiones, las cataratas pueden solucionarse mediante cirugía haciendo que el perro recupere por completo su vista ¿Quieres conocer más detalles sobre cómo tratar las cataratas?
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¿Qué son las cataratas caninas?
Las cataratas se definen como la pérdida de transparencia normal del cristalino. Es fácil reconocerlas porque veremos en el ojo del perro una zona opaca de mayor o menor tamaño. En concreto, es como si al ojo lo ocultase una película de un tono gris blanquecino. La mayoría de las cataratas tienen un origen genético.
Evolucionan en el plazo de días o meses. Finalmente, son causa de ceguera. Pueden ser congénitas o adquiridas. Además, las cataratas pueden complicarse con inflamación, glaucoma, luxación de cristalino, dolor, etc.
Tipos de cataratas que pueden afectar a un perro
En base a sus características, podemos diferenciar las cataratas en cuatro tipos diferentes. No todas pueden ser tratadas mediante cirugía, pero si podemos retrasar su evolución con un tratamiento adecuado.
Cataratas congénitas juveniles
Son las que se presentan en perros que cuentan con menos de seis años de edad. Van a afectar a ambos ojos, lo que no implica que aparezcan en los dos a la vez. Pueden desarrollarse a ritmo distinto.
Cataratas adquiridas
Estas son las que van a producirse en los perros mayores a consecuencia del envejecimiento. También se presentan relacionadas con otras enfermedades, como la uveítis o la diabetes. Los perros diabéticos son muy propensos a desarrollar cataratas, además en muy poco tiempo.
De hecho, las cataratas son la complicación más frecuente de esta enfermedad. Su avance puede ser tan rápido como unos días o semanas y suelen ser bilaterales y simétricas. Las cataratas en los perros diabéticos son una urgencia veterinaria.
Cataratas seniles
Es el nombre que reciben las cataratas que afectan a los perros de más edad. Es de las principales causas de ceguera en ellos. Pueden aparecer en ambos ojos, aunque se desarrollan a un ritmo diferente.
Son cataratas que se aprecian, en primer lugar, en el centro del ojo y van creciendo hacia el exterior hasta volver opaco todo el cristalino. Esto es lo que se conoce como una catarata madura.
Cataratas y esclerosis nuclear
La conocida como esclerosis nuclear es una degeneración del cristalino normal y debida al envejecimiento. No tiene nada que ver con las cataratas, aunque su aspecto externo nos lo recuerde. En la esclerosis lo que sucede es que se forman fibras nuevas en las zonas periféricas del cristalino.
Estas ejercen presión hacia su centro y es este proceso el que genera una nube azulada, habitual en perros ancianos. Al contrario que las cataratas, la esclerosis nuclear no causa ceguera ni alteraciones en la visión.
¿Qué perros padecen cataratas?
Todos los perros pueden llegar a sufrir cataratas, pero, al existir un componente genético, podemos identificar algunas razas más predispuestas a sufrirlas. Destaca el Cocker spaniel, el Boston terrier, el Fox terrier, el West Highland white terrier, el Schnauzer miniatura, el Caniche, el Husky siberiano, el Golden retriever, el Bobtail o el Labrador retriever.
¿Cuál es el tratamiento para curar las cataratas?
El tratamiento de las cataratas pasa por operar rápido. El veterinario especializado en oftalmología es quien valora cada caso. Las cataratas seniles se dejan sin operar si el perro es muy mayor, presenta patologías y la anestesia supone un riesgo elevado. Se intenta operar si los dos ojos están afectados y el perro ve tan mal que le cuesta hacer vida normal.
Lo que hace el oftalmólogo es extirpar el cristalino. La técnica se denomina facoemulsificación (FACO), pero hay otras como la facofragmentación o la extracción extracapsular (ECLE), más recomendada para cataratas maduras. Sin cristalino el perro ve borroso pero, al menos, conserva visión. También existe la posibilidad de sustituir el cristalino por uno artificial.
Por otra parte, las cataratas juveniles pueden desaparecer de manera espontánea, en general en el transcurso de un año. En estos casos la catarata se reabsorbe y el perro mantiene una visión igual que si hubiese sido operado. Si no es posible la cirugía, hay que medicar de por vida y seguir un estricto seguimiento veterinario.
Posoperatorio de la intervención de cataratas
Tras la operación el veterinario nos pautará las revisiones necesarias en función de la evolución. Hay que administrar antibióticos y antiinflamatorios tópicos y orales para reducir las molestias y prevenir infecciones.
Es fundamental que el perro lleve un collar isabelino. También tenemos que evitar que realice cualquier movimiento brusco, como juegos con juguetes u otros perros. Si el perro operado convive con otros, debemos evitar que le laman el ojo.
¿Cuánto cuesta operar de cataratas a un perro?
El precio de una operación de cataratas es alto. Intervenir solo un ojo se cifra, de media, en unos 900 euros. Si hay que operar los dos, la cantidad se dobla y, además, hay que tener en cuenta que pueden sumarse costes de pruebas, revisiones y medicaciones. Antes de operar el veterinario tiene que explicarnos con todo detalle el procedimiento y el posoperatorio.
También tenemos que ser conscientes de que la operación no siempre resulta exitosa. La técnica FACO se reporta como más efectiva y, en general, se habla de un éxito cercano al 95 %. Se considera que la intervención ha sido positiva cuando el animal ve lo suficiente como para llevar una vida normal.
Si nos decidimos a operar, en contra de la creencia de que es necesario esperar a que las cataratas maduren, hay que hacerlo cuanto antes. De esta manera es más probable un buen resultado. De lo contrario, el cristalino se endurece y cuesta más retirarlo, pudiendo surgir complicaciones en la intervención y durante el posoperatorio, como uveítis o glaucoma.
¿Se pueden prevenir las cataratas?
Las cataratas hereditarias pueden evitarse no cruzando perros enfermos o portadores de esta patología. Para identificar estos ejemplares conviene ponerse en manos de oftalmólogos veterinarios que serán los encargados de las revisiones oculares y las pruebas pertinentes.
Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.
Díaz, Clinio. 2009. Remisión de casos al oftalmólogo y cirugía de cataratas. Portal Veterinaria.
Ortiz, M., Salas, V., Cumpa, E. y Villagrasa, M. 2012. Catarata diabéticas: una urgencia quirúrgica. Portal Veterinaria.
Cataratas hereditarias en perros: lo que cambia según la raza
La genética manda en muchas de las cataratas que vemos en consulta. No todas las razas con predisposición siguen el mismo patrón, porque el tipo de catarata, el momento en que aparece y la velocidad a la que avanza dependen de cada una. Conocer esas particularidades puede marcar la diferencia a la hora de actuar a tiempo.
El Husky siberiano, por ejemplo, suele mostrar las primeras señales entre los 6 y los 12 meses. Son casi siempre bilaterales, pero no idénticas en ambos ojos. Los Cocker spaniel, inglés y americano, van por otro camino. Sus cataratas son congénitas en la mayoría de los casos —presentes al nacer o en las primeras semanas de vida—, y tienden a ser bilaterales y simétricas. El Caniche —toy, miniatura o estándar— también acumula predisposición a cataratas juveniles, y la velocidad con la que pueden evolucionar hasta la madurez en menos de un año es algo que no conviene ignorar.
El Boston terrier puede presentar tanto cataratas congénitas como juveniles. Antes de los 2 años, el Golden retriever ya puede tener cataratas subcapsulares posteriores, un tipo que avanza con rapidez. Con el Labrador retriever el ritmo es más lento, pero en algunos casos el problema va de la mano de la atrofia progresiva de retina, lo que complica el cuadro. Schnauzer miniatura y West Highland white terrier suelen recibir el diagnóstico en la edad adulta joven, cuando ya nadie lo espera.
Para varias de estas razas existen ya pruebas genéticas que detectan mutaciones concretas. La del gen HSF4, identificada en el Staffordshire bull terrier y el Boston terrier, es una de las más conocidas. Pedirle el test a tu veterinario o a un laboratorio especializado puede decirte si tu perro es portador o si acabará desarrollando la enfermedad, incluso antes de que aparezca el primer signo visible.
Cómo avanza una catarata: las cuatro fases que todo dueño debería conocer
El ojo no se pone blanco de golpe. La catarata avanza por etapas, y reconocerlas a tiempo es lo que cambia las opciones de tratamiento.
- Fase incipiente: una pequeña zona opaca, a veces puntiforme, a veces en forma de radios, en la periferia del cristalino. El perro ve igual que antes y no da ninguna señal. Solo un examen oftalmológico completo la detecta.
- Fase inmadura: la opacidad ya no se limita a una mancha pequeña. Ocupa más terreno, aunque el cristalino sigue siendo parcialmente transparente. La visión empeora. El perro falla al calcular un salto, tropieza con los muebles cuando la luz es escasa, se pone nervioso en sitios que no conoce.
- Fase madura: cristalino completamente opaco, luz sin acceso a la retina, ceguera funcional. El ojo tiene ese color entre blanco y gris que lo delata. El perro tira del olfato y el oído para orientarse, aunque en un espacio desconocido puede quedarse completamente perdido.
- Fase hipermadura: el cristalino pierde volumen, su cápsula se arruga y lo que viene después es complicado. Uveítis (inflamación intraocular), glaucoma, luxación del cristalino. El perro tiene dolor, el ojo se enrojece y lagrimea. No es una fase que admita esperar.
Los perros diabéticos tienen un problema adicional. En ellos, una catarata inmadura puede convertirse en madura en pocas semanas. Mantener la glucemia bajo control no revierte el daño, pero sí puede frenar esa progresión tan rápida.
Operar en el momento adecuado cambia mucho el pronóstico. Ese momento está al final de la fase inmadura o al principio de la madura, antes de que la retina acumule daño y la inflamación se cronifique. Si la mirada de tu perro ha cambiado, aunque de momento siga moviéndose sin dificultad aparente, pide cita con el oftalmólogo. No lo dejes para después.
Cuidados tras la operación de cataratas: guía práctica para el postoperatorio
La cirugía de cataratas por facoemulsificación es un procedimiento delicado que exige un postoperatorio riguroso. El éxito a largo plazo depende tanto de la técnica quirúrgica como de los cuidados que reciba tu perro en las 4 a 6 semanas siguientes.
- 1Collar isabelino sin excepciones. Debe llevarlo puesto día y noche durante al menos 2-3 semanas. Rascarse o frotarse el ojo contra superficies puede provocar dehiscencia de la sutura corneal o dañar la lente intraocular.
- 2Colirios en pauta estricta. El veterinario prescribirá una combinación de antibiótico, antiinflamatorio (corticosteroide o AINE) y midriático. La frecuencia suele ser de 3-4 veces al día la primera semana y se reduce progresivamente. No omitas ninguna dosis aunque el ojo parezca bien.
- 3Revisiones programadas. La primera suele ser a las 24-48 horas, luego a la semana, al mes y a los 3 meses. En cada control se mide la presión intraocular, se evalúa la transparencia del eje visual y se descartan signos de uveítis o glaucoma secundario.
- 4Reposo absoluto. Nada de carreras, saltos, juegos bruscos ni paseos largos durante al menos 15 días. La actividad se reintroduce de forma gradual a partir de la tercera semana, siempre con el collar puesto.
La visión suele mejorar de forma notable en las primeras 48-72 horas, pero la recuperación completa del confort ocular y la estabilidad de la presión intraocular requiere entre 4 y 6 semanas. Los signos de alarma que justifican una visita urgente son: enrojecimiento intenso, secreción purulenta, entornamiento persistente del ojo, rechazo a la luz o reaparición de la opacidad.
Según Current concepts in the management of canine cataract (1996), la introducción de la facoemulsificación aumentó notablemente las tasas de éxito respecto a la extracción extracapsular, reduciendo las complicaciones postoperatorias y el tiempo de recuperación. Hoy es la técnica de elección en la mayoría de los centros especializados.
¿Cuánto cuesta operar de cataratas a un perro en España?
Operar las cataratas a un perro en España cuesta, de media, entre 1.500 y 3.000 euros por ojo. Dentro de esa horquilla entran la anestesia, los honorarios del cirujano, la lente intraocular y el seguimiento postoperatorio básico. La cifra exacta la condicionan varios factores.
- Pruebas previas a la cirugía: la electrorretinografía y la ecografía ocular son obligatorias para saber si la retina sigue respondiendo y para descartar desprendimientos. Estas pruebas suman entre 150 y 300 euros al presupuesto final.
- Uno o dos ojos: cuando se operan los dos en la misma sesión, la anestesia y la hospitalización se pagan una sola vez. La mayoría de centros aplican un descuento de entre el 20 y el 30 % sobre el segundo ojo.
- Complejidad de la intervención: una catarata hipermadura, uveítis previa o una luxación del cristalino alargan el tiempo en quirófano y aumentan el riesgo de complicaciones. El precio sube en consecuencia.
- Centro y ubicación: los hospitales veterinarios de referencia y las clínicas universitarias en grandes ciudades manejan tarifas más altas. A cambio, sus oftalmólogos acumulan mucha más casuística, y eso tiene un valor real.
Hay pólizas para mascotas que cubren parte o la totalidad de esta cirugía, siempre que no quede catalogada como condición preexistente. Revisa bien la letra pequeña antes de tomar ninguna decisión.
Operar un ojo ahora y dejar el otro para más adelante es una solución válida cuando el presupuesto aprieta. Ojo con esto: hay que vigilar que el ojo en espera no genere inflamación que acabe comprometiendo al que ya se intervino.
Frenar la catarata sin bisturí: qué funciona y qué no
Ningún medicamento deshace una catarata ya formada. Eso hay que tenerlo claro desde el principio. La cirugía es lo único que la elimina de verdad, aunque cuando la anestesia no es viable o la opacidad acaba de aparecer, hay formas de ganar tiempo y proteger el ojo.
Los colirios con N-acetilcarnosina aparecen a menudo en foros y webs, y sí, algunos estudios limitados apuntan a que podrían reducir la opacidad en cataratas muy incipientes. La evidencia en perros sigue siendo débil, y ningún colegio veterinario de referencia los incluye entre los tratamientos de primera línea. Usarlos tiene sentido solo si un veterinario lo decide, y nunca como excusa para posponer una operación que sí es posible.
En perros diabéticos, el punto de partida es la glucemia. Cuando la glucosa se mantiene alta, el sorbitol se acumula en el cristalino, tira del agua por ósmosis y deshace la estructura interna de sus fibras. Con la diabetes bien controlada, la catarata puede llegar mucho más tarde o no llegar nunca.
Ojo con esto si estás buscando cachorro. Cuando la raza ya lleva el riesgo en los genes, la cría selectiva y los test de ADN son lo que más puede mover la aguja. Exige al criador los certificados oftalmológicos de los progenitores y, si los hay, los resultados de las pruebas genéticas. Un criador serio los tiene sin que se los pidas.
La alimentación también entra en el cuadro. Según Cholesterol and cataracts (1996), el cristalino acumula más colesterol que cualquier otra membrana del organismo, y ese colesterol lo sintetiza él mismo. Si las enzimas que regulan ese proceso fallan por herencia, o si algún fármaco interrumpe la biosíntesis de colesterol, la catarata puede aparecer. La mayor parte de los datos son de humanos, pero la lectura práctica es la misma aquí: nada de medicamentos sin veterinario, y una dieta que no interfiera con esas vías metabólicas.
Una revisión oftalmológica anual debería estar en el calendario de cualquier perro a partir de los 6 años, y desde cachorro si la raza lo requiere. Pillar una pérdida mínima de transparencia antes de que la visión se resienta da margen para actuar, y ese margen lo cambia todo.


