Diabetes en perros

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Perros y humanos somos mucho más parecidos de lo que solemos pensar. Y por desgracia, eso significa que también compartimos algunas enfermedades, como puede ser la diabetes mellitus, tanto de tipo 1 como de tipo 2. Esta enfermedad se caracteriza por la elevación de los niveles de glucosa en la sangre.

A continuación, vamos a detallar qué síntomas nos deben hacer sospechar que nuestro perro tiene esta patología. Es muy importante que busquemos asistencia veterinaria para equilibrar la glucosa y evitar las complicaciones derivadas de su incremento.

¿Qué es la diabetes?

La diabetes es una enfermedad frecuente en los perros. Puede ser de tipo 1 o de tipo 2:

  1. Diabetes insulinodependiente o Tipo I. En estos casos, el cuerpo ya no es capaz de producir insulina, la enfermedad surge por una destrucción progresiva de las células beta del páncreas de tu mascota. Esta es la más frecuente en nuestros compañeros peludos y suele estar provocada por casos de pancreatitis (inflamación del páncreas)
  2. Diabetes no insulinodependiente o Tipo II. En ella, su páncreas puede seguir produciendo insulina a niveles normales pero el resto de sus tejidos, hígado y músculos son menos sensibles a ella. Este trastorno aparece cuando el organismo se vuelve resistente a la insulina, es menos frecuente en perros, pero más habitual en personas y en los felinos. Entre los factores que predisponen a padecer este tipo de diabetes están: la obesidad, predisposición genética y estilos de vida sedentarios.

La insulina actúa ayudando a que la glucosa entre en las células de todo el organismo, en las que experimenta distintos procesos para producir la energía necesaria para el funcionamiento del cuerpo.

Lo normal es que los niveles de glucosa en sangre sean altos después de comer (hiperglucemia postpandrial), hasta que el páncreas secreta la insulina necesaria, y los niveles de glucosa bajen porque se haya introducido en las células.

Sin embargo, en esta enfermedad obtenemos una hiperglucemia crónica en ayunas, es decir, altos niveles de glucosa en sangre constantes sin haber comido, debido a que no hay insulina que la pueda introducir en las células para ser aprovechada por el organismo.

Cuando no hay insulina, las células no tienen la capacidad de detectar que hay glucosa, pero detectan que no la están recibiendo y envían señales para que se produzca más glucosa.
Esto hace que se quemen más grasas y proteínas para producir glucosa. El cuerpo va acumulando esta glucosa, que las células no son capaces de consumir por la deficiencia de insulina y ésta acaba filtrándose en la orina, arrastrando con ella gran cantidad agua.

¿Qué perros pueden sufrir diabetes?

Esta enfermedad puede afectar a cualquier perro, pero se ha encontrado una mayor incidencia en algunas razas como el Golden retriever, Caniche, Teckel, Pinscher, Westy y Schnauzer, entre otras. Por lo que parece haber una predisposición genética.

Además, afecta en mayor medida a las hembras, sobre todo a las enteras (hembras no esterilizadas/castradas). La edad de aparición se sitúa entre los seis y los nueve años y cuanto más mayores sean nuestros peludos, mayor riesgo de que padezcan diabetes.

Síntomas de diabetes en perros

Entre los diferentes síntomas que podremos apreciar ante lo que coloquialmente se conoce cómo una subida o caída de azúcar, caben destacar:

  • Glucosuria, que es la presencia de una gran cantidad de glucosa en la orina.
  • Poliuria, el perro orina en grandes cantidades debido a la glucosuria, pues la glucosa arrastra más cantidad de agua en los riñones debido a una diuresis osmótica.
  • Polidipsia, al orinar tanto, la pérdida de líquidos se compensa con un incremento en la ingesta de agua, para evitar la deshidratación.
  • Polifagia, el aumento del apetito en un primer momento se debe a que el perro no consigue metabolizar suficiente glucosa. Posteriormente, este se pierde en la medida en la que el animal va sufriendo desnutrición.
  • Adelgazamiento y pérdida muscular debida al catabolismo proteico.
  • Cuando la enfermedad está avanzada, puede afectar a todos los órganos y producir síntomas como letargo, vómitos, debilidad y, en los casos más graves, coma.
  • Las complicaciones asociadas incluyen cataratas, problemas renales y neurológicos, infecciones urinarias o hipertensión arterial.

¿Qué es la cetoacidosis diabética?

Es un trastorno que surge como consecuencia de una hiperglucemia grave, bien por una diabetes crónica no diagnosticada o una dosificación insuficiente de insulina. Produce la acumulación de cuerpos cetónicos en la sangre. Las cetonas son productos de la metabolización de las grasas, el organismo recurre a ellas debido a que no dispone de glucosa para conseguir energía.

Sus síntomas son debilidad generalizada, vómitos, respiración rápida y olor a acetona en el aliento. Se trata de una urgencia, el perro debe ser trasladado al centro veterinario inmediatamente, pues cursa con alto riesgo de muerte.

¿Cómo se diagnostica la diabetes?

Para confirmar que los signos clínicos corresponden a esta enfermedad, es necesaria la realización de una analítica sanguínea y urinaria. En la primera, detectaremos hiperglucemia en ayuno, moderada elevación de enzimas hepáticas como ALT y fosfatasa alcalina, hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia. En el urianálisis, se detectará glucosuria, proteinuria y dependiendo de la gravedad, posiblemente también cetonuria.

También, se pueden determinar los niveles de fructosamina, proteína que refleja la glucemia de las últimas 3 semanas, y que en perros diabéticos estará elevada.ejercicio a diario, pues aumenta la absorción de insulina.

Tratamiento de la diabetes en perros

Es importante tener en mente que el control de la diabetes en perros es completamente distinto al que se sigue en medicina humana. Por este motivo, a pesar de estar familiarizados con la enfermedad, ya sea porque la conocemos o incluso la padecemos, seguiremos siempre las recomendaciones del veterinario.

El tratamiento se centra en dos pilares básicos, que son la alimentación y la medicación.

Bajo los objetivos de hacer desaparecer los síntomas, evitar las complicaciones de la enfermedad (cetoacidosis, cataratas), controlar los factores de riesgo (obesidad, diestro en hembras, infecciones crónicas) y evitar hipoglucemias. El perro, en el caso de sufrir diabetes insulino-dependiente, necesitará que le administremos insulina a diario para compensar la que su organismo no puede producir. Si somos rigurosos con el tratamiento, el perro podrá llevar una vida normal.

El control veterinario debe ser exhaustivo porque cada perro va a necesitar una cantidad distinta de insulina e incluso las dosis van a variar a lo largo de la vida de un mismo perro. Por eso, al inicio del tratamiento el veterinario tendrá que ir controlando los niveles de glucosa del para ver en qué momento se producen máximos y mínimos. Con toda la información, se ajusta la dosis y se decide cuándo hay que administrar la medicación.

Precauciones en la administración de insulina

Las consecuencias de una inadecuada administración de insulina pueden ser graves, por eso es básico que sigamos al pie de la letra las instrucciones del veterinario en cuanto a la cantidad y el tipo de insulina, su conservación, la frecuencia de la administración o el tipo de jeringuillas.

Si nos pasamos en la dosis la glucosa puede descender hasta niveles alarmantes. Esta hipoglucemia provoca confusión, sueño, temblores, tambaleos, convulsiones e incluso coma.

La alimentación y la diabetes

Se recomienda que un perro diabético consuma una dieta seca o húmeda con un elevado contenido en fibra, baja en grasas, rica en proteínas, hipocalórica y con hidratos de carbono complejos de asimilación lenta y bajo índice glucémico, porque son los que reducen la posibilidad de que se desencadene una hiperglucemia. Esto se debe a que minimizan las fluctuaciones de glucosa tras cada ingesta y evitaremos en gran medida la estimulación de las células beta del páncreas.

A la venta en las clínicas veterinarias encontraremos este tipo de alimentos en diferentes presentaciones. Si preferimos una dieta casera debemos elaborar un menú con el veterinario. En cualquier caso, la comida debe administrarse en dos o tres tomas diarias para evitar la hiperglucemia tras una ingesta abundante.

Por último, la dosis de insulina se calcula en función de los requerimientos diarios de calorías, que dependen del peso del perro y de la actividad que desarrolle. Por eso es importante que no variemos la cantidad de comida que le ofrecemos cada día. Además, el perro debe hacer ejercicio a diario, pues aumenta la absorción de insulina.

La obesidad en perros diabéticos

Además de una alimentación adaptada a la enfermedad del perro, es fundamental que evitemos el sobrepeso. La obesidad afecta negativamente a la salud, complica enfermedades, predispone a otras o dificulta la administración de anestesia. En el caso de la diabetes, reduce la respuesta a la insulina, lo que dificulta su control.

Por eso, si el perro está en sobrepeso, además del tratamiento para la diabetes, el veterinario determinará su peso ideal y prescribirá una dieta adecuada para lograr alcanzarlo. La reducción de peso debe ser gradual (2-4 meses), administrando alrededor del 60-70% de los requerimientos calóricos para su peso ideal. En la actualidad se dispone de piensos específicos para estos trastornos.

Perros diabéticos delgados

Si en el momento en el que se diagnostica la diabetes el perro ya ha perdido peso, es importante que vuelva a su peso ideal y también recupere su musculatura, pues en muchos casos el catabolismo proteico acaba produciendo importantes amiotrofias. Para lograrlo se recomiendan dietas con poca fibra porque contienen una mayor densidad calórica. También las podremos encontrar a la venta.

¿Cuál es la relación entre la esterilización y la diabetes?

Como parte del tratamiento de la diabetes el veterinario nos puede recomendar la esterilización en el caso de las hembras, es decir, la extirpación del útero y de los ovarios, mediante cirugía. Esto se debe a que la progesterona tiene efecto hiperglucemiante.

Pronóstico de la diabetes en perros

El pronóstico de esta patología va a depender de cada caso. Además, influyen factores como la capacidad del propietario para seguir el tratamiento prescrito, la facilidad o no para controlar los niveles de glucosa y la presencia o ausencia de otras enfermedades.

Seguimiento de la diabetes

Durante el primer mes, es recomendable que las revisiones sean semanales, posteriormente podrían pasar a ser mensuales hasta conseguir un buen control de la enfermedad y una vez conseguido, cada 3 meses. En ellas, se tienen en cuenta la sintomatología, la glucosuria y cetonuria, el examen físico, la glucemia puntual (6-8 h post insulina) y las curvas de glucemia, también se pueden añadir mediciones de fructosamina.

Se considera que hay buen control de la enfermedad cuando nuestro peludo no muestra síntomas, mantiene su peso estable (una vez se haya alcanzado el peso ideal), la glucosuria es débilmente positiva y los valores, tanto de glucemia como de fructosamina, se sitúan dentro de los rangos estandarizados.

Cuando no hay un buen control de la enfermedad, especialmente si se están empleando dosis altas de insulina. Puede producirse un Efecto Somogy (hiperglucemia secundaria a hipoglucemia por sobredosis de insulina), acortamientos de la acción de la insulina o incluso aparecer resistencia a la insulina, generalmente asociada a infecciones, enfermedades concurrentes, diestro o determinados tratamientos farmacológicos.

Afortunadamente un perro diabético con un tratamiento adecuado, y sus debidos controles veterinarios, podrá tener una calidad de vida perfectamente normal, y una longevidad igual que un perro sin dicha enfermedad.

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