¿Cómo saber si mi perro está triste?

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Al igual que las personas los perros pueden sentirse tristes por diversas circunstancias e incluso deprimirse. Detectar estos cuadros de tristeza nos permitirá actuar lo antes posible para revertir la situación.

Hay varios signos que van a manifestar los perros cuando están tristes, pero antes de pensar en un problema psicológico siempre hay que acudir al veterinario para descartar una causa física. A continuación explicamos cuáles son los síntomas más comunes ¡Empezamos!

Síntomas de que tu perro está triste

Lo cierto es que la tristeza en los perros provoca un buen número de síntomas inespecíficos. Esto significa que son comunes a múltiples patologías, lo que retrasa y complica el diagnóstico y el tratamiento. Además, no siempre es fácil identificar este cuadro, sobre todo si acabamos de adoptar al perro y todavía no conocemos sus rutinas.

Como regla general podemos decir que cualquier signo fuera de lo común que se mantiene en el tiempo o se agrava es motivo de consulta veterinaria. La tristeza en los perros va a manifestarse mediante síntomas tanto físicos como psicológicos. Destacamos los siguientes:

  • Pérdida o disminución del apetito.
  • Apatía, el perro se muestra desganado y no realiza las rutinas hasta entonces habituales o reduce su actividad.
  • Postración, el ejemplar afectado se pasará el día tumbado.
  • Un perro triste deja de jugar.
  • No reacciona ante estímulos del entorno.
  • Desciende la interacción con nosotros y con el resto de la familia.
  • Se incrementan las horas de sueño.
  • Emite vocalizaciones como gemidos, lloros o incluso aullidos.
  • Se vuelve miedoso, ansioso, estresado, etc.
  • Es posible que pase escondido buena parte del día.
  • Desarrolla estereotipias, que son comportamientos repetitivos que se realizan fuera del contexto en el que resultarían naturales.

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Causas de tristeza en los perros

La tristeza en los perros puede aparecer en muy distintas situaciones. Pero hay algunas circunstancias a las que debemos prestar especial atención, pues las podemos considerar como detonantes de tristeza. Las más comunes son las siguientes:

  • Embarazo psicológico o pseudogestación: en pocas palabras, se trata de un trastorno hormonal que hace que el organismo de la perra actúe como si estuviese gestante aunque realmente no ha habido fecundación. Se produce en perras no castradas. La castración lo soluciona.
  • Cachorros separados de su familia: sacar a un perro de pocos meses de edad de su núcleo familiar y trasladarlo a un entorno nuevo supone un considerable estrés, sobre todo durante los primeros días. Es importante realizar una buena adaptación.
  • Perros abandonados o con grandes cambios en la familia: igual que los pequeños recién separados de la camada, un perro, independientemente de su edad, puede desubicarse por completo al verse separado de su familia o si en esta suceden grandes cambios. Una muerte, un nacimiento o una mudanza suponen un riesgo.
  • Estimulación insuficiente: un perro que pasa el día solo, atado, encerrado, sin ejercitarse, etc. día tras día va a encontrarse muy alejado de los estándares básicos de bienestar canino.
  • Traumas: un perro maltratado, abandonado o que ha vivido una experiencia negativa extrema es fácil que desarrolle problemas de conducta, tristeza o depresión. Es solucionable siguiendo las pautas de un etólogo o especialista en comportamiento canino.
  • Síndrome de disfunción cognitiva: es similar al alzheimer de los humanos. Lo padecen los perros de edad avanzada y provoca síntomas que pueden hacernos pensar que el perro está triste. Por ejemplo, esconderse o rechazar las interacciones. Es degenerativo, pero se puede mejorar la calidad de vida del perro con pautas y medicación.

Estrategias para afrontar la tristeza en los perros

Solo si tras una revisión veterinaria completa se confirma que el perro está sano, podemos pensar en que existe un problema a nivel psicológico. Es curable, pero, salvo en los casos más evidentes, requiere un examen exhaustivo del historial del perro y de sus circunstancias vitales.

Después será necesario implementar modificaciones en su rutina. En esta tarea pueden ayudarnos veterinarios especializados en comportamiento canino o etólogos. En algunos ejemplares puede ser necesario administrar fármacos, siempre tras la valoración del profesional y con la receta del veterinario.

Prevención y tratamiento de la tristeza en los perros

Además de las pautas marcadas por los profesionales para los ejemplares diagnosticados de tristeza o depresión, hay algunas medidas importantes a considerar tanto para mejorar al perro triste como para prevenir que sufra esta condición. Son las siguientes:

  • Observa a tu perro para aprender a reconocer sus señales comunicativas. Así te anticipas a sus necesidades y evitas malentendidos.
  • Siempre que puedas, no lo sometas a situaciones que sabes que le resultan estresantes.
  • Si sabes que algo le gusta, ofréceselo tanto como puedas. Por ejemplo, llévalo a pasear por su lugar favorito, dale un masaje si busca ese contacto u ofrécele premios de su agrado. Este tipo de acciones positivan refuerzan vuestro vínculo y mejoran su estado de ánimo.
  • No lo dejes todo el día solo, es un animal sociable que necesita compañía. Si no puedes evitarlo, búscale al menos una guardería, un paseador o, si es posible, otro animal.
  • Dédicale todos los días unos minutos, ya sea para jugar, cepillar o acariciar.
  • Asegúrate de que realiza toda la actividad física que necesita en función de sus características. Ningún perro debe salir menos de dos veces al día.
  • De la misma manera, la estimulación mental es imprescindible. Ponle retos, hazle buscar objetos siguiendo su olfato, dale juguetes interactivos, etc.
  • Edúcalo. No son solo trucos. Enseñarle a sentarse, a caminar a tu lado o a acudir a la llamada son actividades que facilitan la comunicación perro-humano y le proporcionan calma porque consigue entender qué es lo que ocurre.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.

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