perro diestro Cuidados

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¿Sabías que los machos suelen preferir la pata izquierda y las hembras la derecha? Este sesgo refleja la lateralización cerebral canina. Aunque no existen pruebas estandarizadas universalmente validadas, con observaciones sistemáticas podrás identificar la preferencia lateral de tu perro, aprendiendo a observar su conducta y entender mejor su comportamiento.

Fundamento científico

En los mamíferos, el control motor funciona de forma cruzada: el hemisferio izquierdo del cerebro dirige el lado derecho del cuerpo, y el derecho dirige el izquierdo. A esa organización se la conoce como lateralización cerebral, y no tiene nada de exclusivamente humana. En los perros también existe, aunque se hace visible de otra manera: en qué pata delantera usan para dar el primer paso al moverse, para sujetar algo contra el suelo o para explorar objetos con las extremidades.

Detrás de esa preferencia hay algo más que un gesto repetido. Un hemisferio se especializa en ejecutar movimientos finos mientras el otro sigue vigilando el entorno y procesando lo emocional. Esa división tiene su lógica evolutiva: actuar sobre algo concreto y mantenerse alerta al mismo tiempo, sin que una cosa pise a la otra.

Ahora bien, la lateralidad canina es bastante menos pronunciada que en nuestra especie. Varios estudios sitúan la preferencia diestra en personas entre el 85 y el 90% de la población; en perros, el reparto es mucho más igualado y el sexo del animal influye de forma clara. Algunos trabajos apuntan a que los machos tienden más a la pata izquierda y las hembras a la derecha «Paw preference in dogs: relations between lateralised behaviour and immunity» (2004), aunque con variación considerable entre individuos. Esa asimetría entre sexos podría tener raíces hormonales o responder a presiones evolutivas distintas que habrían moldeado la organización cerebral de unos y otras a lo largo del tiempo.

Hay otro matiz que conviene no perder de vista. La lateralidad en perros no es un rasgo grabado a fuego: el estado emocional del animal, la carga de estrés o la dificultad de lo que tenga entre manos pueden cambiar la pata que usa en un momento dado. Cuando hablamos de un perro "diestro" o "zurdo" estamos describiendo una tendencia estadística que aparece al acumular muchas observaciones, no algo tan estable como que una persona escriba siempre con la misma mano.

Medirlo con precisión tampoco es trivial. La psicología humana tiene pruebas estandarizadas como el test de Edimburgo para comparar individuos y poblaciones. En perros, ese estándar todavía no existe «Measuring paw preferences in dogs, cats and rats: Design requirements and…» (2024). En el laboratorio se recurre al Kong Test o al Food-Reaching Test, entre otros, y todos exigen controlar variables como el cansancio del animal, su motivación o incluso la posición exacta del objeto. En casa, lo que queda es observar de forma sistemática, anotar lo que hace el perro tanto en situaciones espontáneas como en ejercicios sencillos, y reunir suficientes datos para que el patrón sobresalga por encima del ruido que mete el humor del día.

5 pruebas caseras para identificar la pata dominante de tu perro

Para saber si un perro es diestro o zurdo no basta con una única observación aislada. El procedimiento consiste en plantear situaciones que inciten al animal a usar una extremidad delantera de forma voluntaria y repetir cada prueba un mínimo de 15 a 20 veces a lo largo de varios días, anotando qué pata emplea en cada intento. Algunos protocolos de investigación consideran significativa una preferencia cuando supera cierto umbral (como el 75% en algunos estudios), pero este porcentaje puede variar según la metodología empleada. Las pruebas que se describen a continuación están inspiradas en los paradigmas experimentales utilizados en etología, pero adaptadas para realizarse en casa sin equipamiento especial. Es fundamental que el perro esté tranquilo, motivado y sin prisas, y que el entorno sea siempre el mismo para no introducir variables extrañas.

1. Prueba del juguete hueco relleno (tipo Kong). Se ofrece al perro un juguete relleno de comida húmeda de Dogfy Diet o paté que solo puede extraer introduciendo la pata o sujetando el objeto contra el suelo. Hay que colocarlo justo delante, en la línea media del cuerpo, y observar con qué pata lo inmoviliza mientras lame o muerde. Esta prueba aprovecha el instinto de manipulación alimentaria y suele generar respuestas muy consistentes porque el perro necesita estabilizar el juguete durante varios segundos. Conviene repetirla en sesiones separadas para evitar que el cansancio mandibular o la saciedad alteren el resultado.

2. Prueba del premio bajo el mueble. Se desliza una golosina plana o un trozo de pienso debajo de un sofá o mueble bajo, dejando un espacio por el que solo cabe la pata. El perro, tumbado o agachado, intentará recuperar el alimento estirando una extremidad. La posición de salida debe ser simétrica: el perro ha de estar centrado frente al hueco. Si se ladea antes de intentarlo, la elección de la pata podría estar condicionada por la postura y no por la preferencia real, así que hay que repetir el intento recolocándolo cada vez.

3. Prueba del escalón o bordillo. Durante un paseo con correa, se conduce al perro hacia un bordillo o escalón bajo de forma perpendicular. El primer apoyo que adelante para subir suele reflejar la pata dominante en tareas de propulsión. Esta prueba debe realizarse con el perro al paso, sin tirones de correa que desequilibren su postura, y preferiblemente en un entorno sin distracciones intensas. Se necesita un número elevado de repeticiones porque factores como el lado por el que camina el guía pueden contaminar el resultado.

4. Prueba de la caricia matutina (pata de saludo). Muchos perros ofrecen espontáneamente una pata al recibir una caricia o al pedir atención. Para convertir esta conducta en una prueba informal, se puede enseñar la orden "dame la pata" sin reforzar un lado concreto: el guía extiende ambas manos juntas a la altura del pecho del perro y registra qué pata apoya sobre ellas. Si el perro ya tiene aprendido el truco con una pata específica, esta prueba no será válida porque reflejará el condicionamiento previo, no la preferencia natural.

5. Prueba del rascado en superficie blanda. Sobre una alfombra, manta o cama, se coloca un premio cubierto por una capa fina de tela que el perro deba apartar escarbando. La pata que utiliza para rascar y desenterrar el alimento apunta a la extremidad preferente en movimientos repetitivos de alta activación. Esta conducta está emparentada con el escarbado instintivo y suele aparecer con fuerza en muchas razas. Al igual que en las pruebas anteriores, se requiere un registro sistemático y la eliminación de los ensayos donde el perro cambie de pata a mitad de la secuencia o use el hocico.

Cómo interpretar los resultados sin cometer errores

Sacar conclusiones después de cuatro o cinco intentos es el error más habitual. Para que la preferencia por una pata se considere significativa, tiene que aparecer en más del 75% de los ensayos válidos, un umbral que proviene de la metodología etológica estándar y que sirve para separar una lateralización real del simple azar. Por debajo de ese porcentaje, el perro entra en la categoría de ambidiestro o sin preferencia definida. Completamente normal, y sin que eso apunte a ningún problema neurológico como la rabia canina. En muchas poblaciones, además, los perros sin lateralización clara son mayoría; tiene sentido, porque la especie nunca ha tenido la misma presión evolutiva hacia una pata dominante que los primates.

El estrés lo revuelve todo. El estudio «Acute and chronic stress alter behavioral laterality in dogs» (2023) documenta cómo tanto el estrés agudo como el crónico alteran la lateralidad conductual. Un perro que viene de una visita al veterinario, o de un cruce incómodo con otro animal, puede cambiar de pata preferida de forma transitoria, porque la activación del hemisferio derecho —el que gestiona las respuestas de emergencia— tiende a empujar el uso de la pata izquierda. La fatiga física suma otro problema; si el perro ha hecho ejercicio intenso antes de la prueba, la fatiga muscular distorsiona los apoyos sin relación alguna con su lateralidad real. Y la motivación pesa mucho más de lo que parece. Con el perro saciado o aburrido del premio que le ofreces, las respuestas se vuelven erráticas y pierden todo valor diagnóstico.

Hay tres fuentes de sesgo que conviene tener muy controladas. La postura inicial del animal, dónde exactamente cae el objeto respecto a su línea media y cómo lleva la correa el guía. Si el premio se coloca aunque sea un poco hacia la derecha, el perro meterá esa pata por pura proximidad. Si el dueño lleva la correa en la mano derecha, el perro camina ladeado y adelanta sistemáticamente la pata contraria, sin que eso tenga nada que ver con su preferencia real. Ojo con esto. Para limpiar esos artefactos hay que alternar la posición del guía, cambiar la orientación del escenario y presentar el objeto justo en el centro cada vez. Solo cuando se han eliminado esas interferencias y se han acumulado suficientes ensayos —repartidos en al menos tres días distintos— se puede afirmar con cierta solidez que ese perro tiene una pata preferida.

Diferencias de comportamiento según la lateralidad

Que un perro use más la derecha o la izquierda no es solo una rareza de sus rutinas diarias. Detrás hay neurología concreta. El hemisferio que controla la pata izquierda —el derecho— está especializado en procesar lo desconocido y lo potencialmente amenazante, y es el que gestiona respuestas como el miedo o la retirada. El que mueve la pata derecha, el izquierdo, funciona más en la dirección contraria: aproximación, hábitos aprendidos, estímulos reconocibles. Así que la pata que un perro elige de manera preferente puede decir bastante sobre cómo filtra el mundo emocionalmente.

Los perros con tendencia a usar la pata izquierda suelen reaccionar con mayor intensidad ante situaciones estresantes. Los de pata derecha, en general, encajan mejor las novedades sin que se les dispare la alarma. Ojo con esto: no hay que leerlo como una sentencia. Un zurdo puede ser un perro equilibradísimo, y un diestro puede tener un historial serio de miedos. Lo que sí ofrece la preferencia lateral es un indicador del sesgo cognitivo del animal —esa tendencia a leer la información ambigua en clave positiva o negativa— que cada vez se usa más en ciencia del bienestar para evaluar estados emocionales que no son pasajeros. Así lo recoge «Cognitive bias and paw preference in the domestic dog (Canis familiaris)» (2017). Claro que la lateralidad no vive en el vacío: el estrés, el entorno y el historial del perro la condicionan.

Hay otro ángulo que no suele salir tanto. Los perros con una preferencia lateral clara —da igual que sea derecha o izquierda— aprenden de forma más consistente que los que no tienen pata dominante definida. La teoría es que una lateralización bien establecida reduce los conflictos entre hemisferios cuando el animal toma decisiones motoras. Los ambidiestros, por su parte, pueden sorprender en tareas que exigen cambiar de estrategia sobre la marcha; la flexibilidad tiene su valor. Ninguno de los dos perfiles es mejor. Son estilos cognitivos distintos, y cuál resulta más práctico depende de lo que ese perro tenga que hacer cada día. La pata dominante no explica el carácter del animal, pero suma una pieza más a un puzzle que nunca acaba de ser sencillo.

Si quieres tener una imagen real de cómo procesa el mundo tu perro, anota sus respuestas durante una semana sin prisa, siguiendo las pruebas descritas. Ese registro puede ser muy útil si en algún momento decides consultar a un etólogo o a un educador canino: tener datos concretos facilita diseñar planes de modificación de conducta ajustados al perfil neurobiológico del animal, en lugar de aplicar recetas genéricas.

En casa, la prueba más simple es poner un juguete o una golosina justo frente a él y ver qué pata mueve primero. Repítelo varios días y apunta. También vale fijarse cuándo le pides la pata: muchos perros siempre extienden la misma. Saber si tu perro es diestro o zurdo no es solo algo curioso; puedes usarlo para adaptar los juegos de olfato o los ejercicios de agilidad a su lado dominante, sin forzar movimientos que le resulten menos naturales.

IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.

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