Quizás te ha pasado alguna vez que has oído ladrar a tu perro y lo has descubierto mirando a la nada. No tienes ni idea de qué es lo que está haciendo, pero él parece muy concentrado y no calla.

Para algunos se trata de su sexto sentido, que ve donde nosotros no llegamos. Pero lo cierto es que hay otras explicaciones más plausibles y relacionadas con sus agudos sentidos. En otras ocasiones, ladrar a la nada indica un problema.

¿Los perros tienen poderes?

Cuando decimos que un perro ladra a la nada nos referimos a que ladra insistentemente orientado hacia algún lugar en el que nosotros no percibimos absolutamente ningún motivo que justifique sus ladridos. Por eso algunas personas lo relacionan con la capacidad de los perros para apreciar fenómenos considerados paranormales.

A nosotros nos pasan por completo desapercibidos. Serían fantasmas, presencias o incluso augurios de fatalidades que están a punto de ocurrir. No parece factible demostrar o refutar esta hipótesis, pero sí sabemos con seguridad que varios sentidos de los perros son bastante más agudos que los nuestros.

Esto permite explicar científicamente su capacidad para escuchar sonidos o apreciar olores en umbrales imposibles para nosotros. Un perro que ladra a lo que a nosotros nos parece la “nada” en realidad puede estar respondiendo a algún ruido, anticipándose a la llegada de un intruso, etc.

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Qué dice el perro cuando ladra

Ten en cuenta que los perros, salvo trastornos, siempre van a ladrar con un motivo. El ladrido se incluye entre sus formas de comunicación. No pueden hablar, pero sí ladrar, aullar, gemir, mover las orejas y la cola, erizar el pelo, etc., todo con el objetivo de transmitirnos un mensaje.

El ladrido no siempre significa lo mismo. Un perro puede ladrar a modo de alegre saludo, como invitación al juego, para alejar a un intruso, notificar una alerta, conseguir tu atención, etc. Para interpretarlo correctamente lo primero es que observemos la situación en la que se produce, que es lo que nos puede dar la clave de su significado.

Pero, además, si vamos a convivir con un perro es muy necesario que nos informemos antes sobre las características de su comunicación. Así evitaremos caer en malentendidos. No olvides que el perro ladra por algo. Aunque no consigas entenderlo, sí debes atenderlo.

El problema de los ladridos del perro

Por supuesto, si los ladridos de tu perro son excesivos o eres incapaz de determinar qué es lo que le está pasando, es necesario acudir al veterinario. Si se trata de algún problema a nivel psicológico, puede resolverse. Ponte en manos de expertos en comportamiento canino o etólogos. Te llevará tiempo y tendrás que ser paciente.

Y ten en cuenta que, aunque a nadie le gusta escucharlo, el principal problema de comportamiento del perro somos nosotros. Dicho de otra manera: no los entendemos y, en consecuencia, los tratamos de manera errónea.

Malentendido entre humano y perro

Cuando el perro está ladrando a la nada nos acercamos a él y lo acariciamos para calmarlo. En nuestra mente es lógico. Entendemos que está nervioso y para nosotros el contacto físico es la mejor manera de infundir tranquilidad. Pero los perros no son personas. Lo que ellos interpretan es “muy bien por tu ladrido, sigue ladrando”.

Así, en un intento de evitar una conducta la estamos reforzando. El perro seguirá ladrando y lo hará más veces. Y no entenderá por qué un día pierdes los nervios y te enfadas con él. Por eso también es contraproducente que lo riñamos.

Ladrar como problema de comportamiento

En definitiva, un episodio puntual de ladridos a la nada no debe resultarnos preocupante. Lo más seguro es que el perro haya percibido algún sonido que no está al alcance de tu capacidad auditiva y parará en cuanto sienta que el “peligro” ha pasado.

Pero si el perro repite esos ladridos a la nada con mucha frecuencia podemos estar ante un problema de comportamiento. Para que un veterinario diagnostique este tipo de trastornos antes tiene que descartar que exista una causa orgánica. Por eso siempre lo primero es acudir a consulta para una revisión general.

Si se determina que está completamente sano, es cuando se deriva el caso a un experto en conducta canina. Será este quien nos dé las pautas más adecuadas para modificar esta conducta, pero podemos anotar algunos consejos generales:

  • Revisa la rutina diaria de tu perro.
  • Valora si realiza todo el ejercicio que necesita, si está muchas horas solo, si le proporcionas la suficiente estimulación a nivel mental, si lo has socializado y educado correctamente, etc.
  • De esta manera se pueden detectar y corregir las carencias.
  • Un perro socializado, ejercitado, educado, atendido y entretenido es más difícil que se quede ladrando a la nada.
  • Y recuerda que muchas veces somos nosotros mismos los que, sin darnos cuenta, premiamos justo el comportamiento que pretendemos evitar.

Comportamientos repetitivos o estereotipias

Cuando los ladridos a la nada se repiten como una conducta compulsiva podemos estar ante una estereotipia. Las estereotipias son comportamientos que se dan siempre en la misma secuencia y sin ninguna función. Es decir, el ladrido tiene un sentido pero, en la estereotipia, va a surgir sin ningún desencadenante. Es la válvula de escape de un perro que está mal.

No es una reacción a ningún olor o ruido que a nosotros se nos escapa. El perro ladrará mirando a la nada durante mucho tiempo y de una manera monótona. Este tipo de estereotipias son más frecuentes en ejemplares que viven en muy malas condiciones, encerrados o hacinados en perreras. La buena noticia es que es recuperable.

Síndrome de disfunción cognitiva o alzhéimer canino

Por último, el síndrome de disfunción cognitiva, que es un trastorno similar al alzhéimer de los humanos, es otra causa que explica el ladrar a la nada. Se debe al envejecimiento cerebral y, por lo tanto, se presenta en perros de edad avanzada. No se cura pero sí puede tratarse y, sobre todo, adoptar medidas para mejorar la calidad de vida del perro.

Bibliografía
Signes, Miguel Ángel. 2011. Estereotipias en el Canis familiaris. Portal Veterinaria.