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Hay diferentes motivos que pueden explicar que un perro tenga las patas hinchadas. Para llegar a un diagnóstico es imprescindible tener en cuenta si la inflamación afecta a toda la pata o solo a un punto.

También son importantes factores como la edad del perro, su historial clínico o si ha sufrido algún accidente. En cualquier caso, una hinchazón que no remite, ha aparecido tras un golpe o se acompaña de otros síntomas es motivo de consulta veterinaria.

Afecciones que pueden inflamar las patas de los perros

A continuación explicamos en detalle cuáles son las causas más habituales que nos encontramos detrás de las inflamaciones de las extremidades. Todas requieren tratamiento veterinario. Son las siguientes:

  • Abscesos.
  • Lesiones en las articulaciones.
  • Callos.
  • Fracturas.
  • Edemas.
  • Tumores.

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¿Qué son los abscesos?

Un absceso es una acumulación de pus por debajo de la piel. Puede aparecer tras una herida provocada por un mordisco, un arañazo o cualquier cuerpo extraño que consiga clavarse e introducirse en la carne.

En estos casos la piel parece curada pero, bajo ella, se ha desarrollado una infección que acumula pus. Es el absceso y lo detectaremos como un bulto de mayor o menor tamaño en cualquier punto de la pata. Lo habitual es que se produzca en una única extremidad.

En ocasiones, el absceso se abre y comienza a eliminar secreciones. Otras, el pus no se expulsa o no lo hace por completo. En esos casos, será el veterinario quien deba drenarlo, limpiar en profundidad la zona y recetar medicación, de ser necesario.

Lesiones en las articulaciones

Esguinces y torceduras pueden suceder a cualquier edad y por causas como un mal movimiento, una caída o un golpe. También hay algunas enfermedades, como la borreliosis, que cuentan entre sus síntomas con la hinchazón de las articulaciones. Pero, en cualquier caso, esta inflamación no siempre es visible.

De hecho, el signo más habitual será una cojera y dolor más o menos evidente. Pero otras veces sí podremos apreciar hinchazón en la articulación. Otra causa son las artritis, la displasia de codo o enfermedades como la osteodistrofia hipertrófica.

Además, en los perros mayores puede haber enfermedades degenerativas en las articulaciones que producen rigidez, dolor e inflamación. Pueden no curarse, pero se mejora la calidad de vida y se reduce el dolor con pautas de manejo y tratamiento. Siempre es necesaria la valoración del veterinario para establecer la causa.

Callos en las patas de los perros

También se llaman úlceras por decúbito. Son durezas de tonalidad grisácea, sin pelo y con pliegues que aparecen en el punto en el que un hueso presiona contra el suelo, cuando este es una superficie dura. Es más habitual que los padezcan los perros de mayor peso o aquellos que residen en perreras con suelo de cemento.

La zona afectada suelen ser el codo, seguida de corvejones, nalgas o laterales de las patas. Pueden ulcerarse e infectarse, lo que hace imprescindible tratamiento veterinario. Se previenen ofreciendo al perro superficies blandas sobre las que echarse. El codo puede hincharse en caso de higroma o bursitis, más habitual en perros grandes y pelo corto.

Es la inflamación de las bursas, saquitos llenos de líquido sinovial que protegen las articulaciones. Pueden salir en uno o en los dos codos o en el corvejón. Normalmente no duelen ni afectan al movimiento, pero, al igual que los callos, pueden infectarse. El veterinario los tratará con vendaje, drenaje, cirugía o fármacos.

Fracturas en las patas

Cuando un hueso se rompe puede producirse una fractura abierta o cerrada. En el primer caso observaremos una herida, mientras que en el segundo la piel permanecerá intacta. En ambos podremos detectar inflamación. Las fracturas en las extremidades se producen por atropellos, fuertes golpes o caídas desde gran altura.

En esos casos es probable que el perro tenga más daños, como hemorragias internas, lesiones en órganos, etc. Por ello se requiere un cuidadoso traslado al veterinario. Aunque el único daño sea una o más patas rotas, hay que acudir a este profesional para valoración, control del dolor y tratamiento.

Este puede ser inmovilización o intervención quirúrgica. Si un perro con una pata rota no recibe atención, los huesos acabarán soldando de mala manera. La pata quedará deformada y puede parecer hinchada.

Edemas en perros

Los edemas son acumulaciones de líquidos que se hacen visibles en zonas como el abdomen o las extremidades. Estos acúmulos se producen como consecuencias de algunas enfermedades, como la insuficiencia renal, la insuficiencia cardíaca congestiva o la insuficiencia hepática.

El edema se debe a problemas en la eliminación de fluidos, desnutrición o bajos niveles de proteínas en sangre. Puede afectar a las cuatro patas. Requiere tratamiento veterinario, ya que hay que determinar la causa y pautar un tratamiento específico.

Es habitual que se administren diuréticos para facilitar la expulsión del exceso de líquido. Se trata de fármacos que deben ser utilizados siempre bajo la estrecha supervisión de un veterinario.

Tumores en perros

Los tumores son crecimientos anómalos de células que pueden darse en diferentes partes del cuerpo. Algunos son benignos, mientras que otros son malignos y tienen la capacidad de extenderse a otras localizaciones en un proceso denominado metástasis.

Pueden crecer en diferentes células, incluidas las del hueso, provocando una inflamación en la extremidad afectada. Siempre que sospechemos de la presencia de un tumor es importante que acudamos al veterinario lo antes posible, ya que es necesario obtener un diagnóstico precoz.

Es lo que garantiza las mayores posibilidades de éxito en el tratamiento. Para saber si es o no cáncer el veterinario lo extraerá o tomará una muestra para remitir al laboratorio. De esta manera se obtiene información básica para descubrir el tipo de cáncer y el grado en el que se encuentra. De ello depende el tratamiento y el pronóstico.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.