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Diferencias entre la digestión de un perro y un humano

El perro por su anatomía se clasifica dentro del grupo de los animales carnívoros, sin embargo, debido a los cientos de años que ha pasado junto al ser humano en el proceso de domesticación, su sistema digestivo ha evolucionado y hoy en día se clasifica dentro del grupo de los omnívoros.

Los humanos también somos omnívoros y aunque tratamos a nuestro perro como un miembro más de la familia, es muy importante que no caigamos en el error de pensar que puede comer todo lo que nosotros comemos.

Hay ciertos alimentos que forman parte de nuestra dieta habitual y que sin embargo para nuestro perro son indigestibles e incluso pueden llegar a ser tóxicos.

¿Qué es la digestión?

La digestión es el proceso orgánico mediante el cual los alimentos son degradados (hidrolizados) en partículas más pequeñas llamadas nutrientes, que son asimiladas y utilizadas por el organismo para mantener las diferentes estructuras del cuerpo y obtener energía.

El proceso de digestión comienza en la boca con la masticación y finaliza en el intestino grueso del perro, con la conformación de las heces.

Aunque la mayoría de los alimentos que comemos los humanos podrían formar parte de la dieta de un perro, debemos comprender que entre ambas especies existen diferencias anatómicas y que los procesos corporales no son iguales.

La digestión en el perro es diferente a la de los humanos, y esto hace que no podamos comer exactamente los mismos alimentos.

¿Cómo digiere los alimentos un perro?

El alimento es ingerido por los perros y discurre por los diferentes órganos que forman el aparato digestivo: esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso.

En el proceso digestivo intervienen otros órganos como el páncreas y el hígado, ya que producen sustancias (enzimas y jugos) necesarias para la transformación de los alimentos en nutrientes.

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La boca

La estructura dentaria de los perros es reflejo de sus orígenes: los lobos. Sus dientes están diseñados para poder alimentarse de recursos naturales, con grandes caninos para morder y desgarrar carne y huesos.

A diferencia de los humanos adultos, que poseemos 32 dientes, los perros adultos tienen 42 piezas dentarias en total.

En humanos el proceso de degradación de los alimentos comienza en la boca, ya que nuestra saliva posee una enzima llamada amilasa y la masticación es completa. Sin embargo, los perros no poseen esta enzima en su saliva y tragan el alimento sin apenas masticarlo. No obstante, aunque el proceso de masticación en el perro sea breve, se genera suficiente saliva para lubricar el alimento facilitando su deglución y su paso a través de esófago.

El esófago

Tras tragar, el alimento avanza por el esófago gracias a los fuertes músculos que posee, que permiten empujar en alimento hasta el estómago incluso cuando el animal como del suelo (en contra de la gravedad).

El estómago

El proceso digestivo de un perro comienza realmente en el estómago, por ello no invierten mucho tiempo en la masticación, únicamente rompen el alimento en trozos lo suficiente pequeños para poder tragarlos y que lleguen lo más rápido posible al lugar donde se lleva a cabo la digestión (el estómago).

En el estómago se producen sustancias que comienzan la degradación del alimento: enzimas (proteasas) y ácido gástrico, capaces de descomponer la comida en proteínas y aminoácidos más pequeños que pueden ser absorbidos y utilizados por el organismo.

El ácido gástrico del estómago de los perros mucho más fuerte que el de los humanos, por ello no importa que los perros ingieran trozos grandes de alimentos, ya que serán descompuestos fácilmente por su acción pudiendo ablandar incluso el material óseo.

También se produce en el estómago una enzima llamada lipasa gástrica para comenzar a digerir las grasas.

El intestino delgado

La digestión de los alimentos en el estómago da lugar a partículas de pequeño tamaño y un importante componente líquido que pasan al intestino delgado, lugar en el que se van a absorber los nutrientes que han sido extraídos de los alimentos. Estas partículas atraviesan la membrana digestiva y pasan a la sangre para llegar a las diferentes partes del organismo.

Los productos de desecho que no han sido absorbidos en el intestino delgado, continúan su avance hacia el intestino grueso para ser expulsados del cuerpo.

El intestino grueso

Cualquier partícula que no haya sido utilizada por el cuerpo y absorbida en el intestino delgado pasa a través del intestino grueso, donde se absorberá el exceso de agua y los electrolitos, dando lugar a la conformación de las heces. Esta es la etapa final del proceso digestivo, que finalizará con la evacuación de los desechos digestivos en forma de heces compactas.

Como podéis ver, a pesar de que los perros llevan muchos años al lado del ser humano, aún siguen existiendo diferencias entre ambas especies a nivel digestivo y debemos tenerlas muy presentes a la hora de alimentar a nuestra mascota para no poner en riesgo su salud.

Ampliado por el equipo editorial de SoyUnPerro Contenido añadido para complementar el artículo · 14 jun 2026

Diferencias en el pH y las enzimas digestivas

Desde el punto de vista químico, el estómago de un perro y el de una persona son mundos distintos. El pH gástrico humano se mueve entre 2 y 4; el de un perro en ayunas puede bajar hasta 1-1,5, una acidez comparable a la del ácido de batería diluido.

Un estómago canino en ayunas puede ser hasta 1000 veces más ácido que el humano. Esa barrera química es lo que elimina patógenos como Salmonella o E. coli, los que abundan en la carroña.

Hay una explicación evolutiva para todo esto. Un animal que comía carne cruda, huesos y restos necesitaba un entorno gástrico capaz de matar bacterias antes de que hicieran daño. Las proteasas gástricas —las enzimas que fragmentan proteínas— funcionan en ese medio extremo y deshacen tejidos conectivos que un estómago humano no podría ni empezar a procesar. Eso sí, la mucosa gástrica canina lo paga: sometida a estrés continuo, cualquier fallo en la producción de moco protector desemboca rápido en irritaciones.

En cuanto a los carbohidratos, la diferencia se nota mucho en la práctica. Los humanos tenemos amilasa salival, que empieza a descomponer el almidón nada más masticar. Los perros no cuentan con esa enzima. Toda su amilasa la produce el páncreas y se vuelca directamente en el intestino delgado, saltándose el tramo anterior. Los almidones complejos —cereales poco procesados, legumbres enteras— llegan ahí prácticamente intactos, y la capacidad del intestino para manejarlos tiene un límite claro que depende de la cocción previa del alimento.

Desde soyunperro.com hemos recopilado evidencia clínica que muestra que dietas con alto contenido en almidón crudo o mal cocinado se asocian a fermentación colónica excesiva, gases y, en algunos casos, diarreas osmóticas. Los perros digieren carbohidratos, sí, pero con menos eficiencia que nosotros y con una dependencia mayor del tratamiento térmico.

Longitud intestinal y velocidad de tránsito: lo que implica en la alimentación

El perro es un carnívoro que lleva milenios comiendo proteína animal. Su aparato digestivo lo refleja. Según Characteristics of the Digestive Tract of Dogs and Cats (2024), el tracto digestivo canino es proporcionalmente más corto que el de los omnívoros, el estómago tiene mayor capacidad y la dentición está diseñada para desgarrar en lugar de triturar. El intestino delgado representa aproximadamente el 3-4% del peso corporal en el perro, bastante menos que en humanos, lo que acorta el tiempo que los nutrientes pasan en contacto con la mucosa de absorción.

En un perro adulto sano, la comida recorre todo el tracto digestivo en 6 a 8 horas. En personas, ese mismo viaje tarda entre 24 y 72 horas. Esa ventana tan estrecha obliga a que el alimento sea aprovechable casi de inmediato, porque lo que no se absorbe al paso sencillamente se pierde. Aquí está el truco con la fibra insoluble. En humanos frena el tránsito y alarga la saciedad, dos efectos que se buscan. La cosa cambia en el perro, donde esa misma fibra puede empujar el contenido intestinal tan rápido que minerales y vitaminas liposolubles salen del cuerpo sin absorberse bien.

FIBRAS QUE SÍ FUNCIONAN

Las fibras solubles como la pulpa de remolacha o el psyllium ayudan a regular el tránsito sin interferir en la absorción de nutrientes. Las insolubles en exceso pueden ser contraproducentes en perros con digestiones sensibles.

El colon presenta el mismo esquema. Más corto que el humano y con bastante menos capacidad de fermentación, lo que reduce la producción de ácidos grasos de cadena corta, compuestos que en nuestro intestino se generan a partir de fibra vegetal y nutren las células del colon. Una dieta muy cargada de vegetales crudos no aporta al perro lo mismo que a nosotros, y encima puede generar heces voluminosas sin ningún beneficio metabólico detrás.

La frecuencia de las comidas entra en juego más de lo que parece. El estómago canino aguanta bien ingestas abundantes y bien espaciadas, pero no está diseñado para picotear a lo largo del día. Dos comidas diarias en adultos y tres en cachorros encajan con esa cadencia natural, mantienen la motilidad estable y evitan que la maquinaria enzimática se active fuera de hora.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi perro tolera huesos crudos pero no cocidos?

El hueso crudo tiene colágeno. Eso lo mantiene relativamente flexible, y el ácido gástrico del perro —considerablemente más potente que el nuestro— puede trabajar bien con esa matriz mineral porosa. Cocinar un hueso lo cambia todo: el colágeno desaparece, la estructura se vuelve rígida y seca, y lo que queda tiende a astillarse. Esas astillas no se ablandan en el intestino, y ahí está el problema.

¿Puede un perro digerir el pan o la pasta igual que yo?

La saliva de un perro no lleva amilasa, que es la enzima que los humanos usamos para empezar a romper el almidón ya en la boca. Todo el trabajo recae sobre el páncreas, que produce su propia amilasa pero en menor cantidad. Un trozo de pan bien cocido puede digerirlo sin gran drama. La pasta poco hecha o los cereales con mucho almidón resistente son otra historia: fermentan en el colon y generan gases, hinchazón y heces blandas. No es que sean veneno, pero el perro los procesa bastante peor que tú.

¿Influye el tamaño del perro en su capacidad digestiva?

Bastante. Un perro grande tiene el estómago preparado para ingerir volúmenes mayores y su tránsito intestinal suele ser más ágil. En las razas toy o miniatura, toda esa fisiología queda comprimida en un tubo digestivo mucho más pequeño, lo que deja menos margen para los errores. Un exceso de fibra insoluble, un cambio brusco de dieta o una ración algo grande pueden provocar reacciones que en un labrador pasarían completamente desapercibidas.

¿Es normal que mi perro defeque poco después de comer?

Completamente normal, y tiene nombre: reflejo gastrocólico. Cuando el estómago se llena, manda una señal al colon para que se ponga en marcha. En perros este reflejo es bastante potente, así que no es raro que entre 15 y 30 minutos después de comer ya estén pidiendo salir. No significa que algo vaya mal ni que estén digiriendo a toda prisa. Es simplemente cómo funciona el sistema.

Bibliografía y fuentes

Este artículo ha pasado por la revisión del equipo editorial de soyunperro.com, con el apoyo de Vet. Zahira Balmaseda Rodrigo.

IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.

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