¿Qué es el Legg-Calvé-Perthes canino y cuál es su tratamiento?

La enfermedad Legg-Calvé-Perthes es una patología grave que afecta sobre todo, a los cachorros de razas de tamaño más pequeño. Y decimos que es grave porque el tratamiento recomendado pasa por una intervención quirúrgica.

A continuación describiremos en qué consiste este trastorno y qué síntomas deben ponernos en alerta, especialmente si nuestro perro pertenece a un grupo de riesgo. Es imprescindible que acudamos al veterinario.

¿Qué es la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes?

Técnicamente esta patología está causada por la necrosis avascular de la cabeza del fémur. En otras palabras, la cabeza del fémur, que es el hueso de la pata que se articula con la cadera, sufre una interrupción del suministro sanguíneo que provoca la muerte del tejido.

No se sabe por qué se produce esta necrosis pero es posible que se deba a factores genéticos. A veces aparece tras un traumatismo capaz de luxar la cadera. Por ejemplo, cuando el perro sufre un accidente de tráfico o se cae desde cierta altura. También se barajan causas como alteraciones vasculares, factores anatómicos o problemas endocrinos.

Afecta más a los cachorros de razas de tamaño pequeño, toy o enanas cómo por ejemplo la raza Yorkshire, aunque también se dan casos en perros grandes. Sobre todo se manifiesta entre los 4 y los 11 meses de edad, antes de que el animal termine su crecimiento. La necrosis avascular del fémur puede producirse en una pata o en las dos.

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Síntomas de Legg-Calvé-Perthes

Con la cabeza del fémur necrosada, cuando el perro carga el peso sobre esa zona, en los casos más graves, se produce un colapso del hueso dañado, una fractura del cartílago y una destrucción progresiva de la articulación de la cadera.

Esta situación, además, provoca un desgaste en la musculatura y acaba por traducirse en síntomas como los siguientes:

  • Cojera muy marcada.
  • Incapacidad total de cargar peso sobre la pata afectada.
  • Pérdida de movimiento en la articulación.
  • La pata enferma puede verse algo más corta que la sana.
  • Dolor.
  • Atrofia muscular.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad de Legg-Calvé-Perthes?

Si apreciamos alguno de los síntomas anteriormente descritos debemos acudir al veterinario. Este profesional sospechará de la existencia de esta patología en función del cuadro clínico que presente el perro, su tamaño y su edad, ya que hemos visto que el problema es más común en cachorros de razas pequeñas.

La prueba que nos permite confirmar el diagnóstico es la radiografía estándar, que podrá hacerse en cualquier clínica veterinaria. Con ella podremos ver el estado de las caderas, los fémures y la pelvis en general, además de la gravedad del daño que se ha producido.

¿Cuál es el tratamiento de la enfermedad Legg-Calvé-Perthes?

El tratamiento básico de esta patología se orienta a la restricción de la actividad física y a la administración de fármacos con efecto analgésico. El problema es que este protocolo puede ayudar a que apreciemos una mejoría, sobre todo en los casos más leves, pero para unos buenos resultados se va a tener que recurrir a la cirugía.

De hecho, en los perros que presentan un mayor daño se desaconseja este protocolo de tratamiento conservador, pues solo consigue que se incremente la atrofia muscular. Para ellos y para los casos leves en los que el anterior tratamiento no haya funcionado tras un mes de prescripción, se recomienda, sin duda, la cirugía.

¿Cómo es la cirugía para la enfermedad Legg-Calvé-Perthes?

Esta patología debe ser resuelta quirúrgicamente por un veterinario especialista en traumatología. Técnicamente el procedimiento que se realiza es una artoplastia de excisión de la cabeza y del cuello del fémur. También es posible un reemplazo completo de la cadera, extirpando la articulación y cambiándola por una artificial.

En el primer caso, el veterinario va a extirpar la cabeza y el cuello del fémur de manera que la articulación queda sujeta por la musculatura de la zona. Se trata de la zona glútea que, en los perros, está bien desarrollada, por lo que se consigue una estabilidad articular tan buena como la que ofrecía hasta ese momento el hueso.

Con la cirugía conseguimos que el enfermo deje de sentir dolor y recupere la movilidad, sobre todo en los perros de tamaño más pequeño. En definitiva, el animal logrará una buena calidad de vida y un pronóstico favorable. Mayoritariamente se recurre a la artoplastia porque el reemplazo completo requiere de un especialista en ortopedia y resulta más costoso.

¿Por qué hay que operar a un perro con Legg-Calvé-Perthes?

Aunque con medicación y reposo es posible que mejoremos los signos clínicos que va a mostrar el perro enfermo, lo cierto es que, sin intervención quirúrgica, con el tiempo la articulación va a ir deteriorándose, lo que producirá dolor crónico en el perro. Por ello la recomendación general es operar.

Tras la cirugía el perro suele recuperarse sin ningún problema. El veterinario nos pautará los cuidados posoperatorios necesarios adaptados a su situación. Eso sí, en los casos más graves la curación será algo más lenta. La masa muscular puede tardar hasta un año en recuperarse por completo.

Bibliografía
Carlson y Giffin (2002): Manual práctico de veterinaria canina. Madrid: Editorial el Drac.