Las patas de mi perro huelen a Cheetos

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Algunas personas señalan que las almohadillas de su perro desprenden un olor especial que comparan al de los conocidos aperitivos salados. En principio no se debe a ninguna patología, sino a las particulares características de esta parte de la anatomía canina.

Y es que las almohadillas, aunque no solemos prestarles la atención que merecen, desempeñan importantes funciones. Cuando su salud se ve comprometida, su olor típico puede modificarse.

Curiosidades de las almohadillas de los perros

Las almohadillas son los elementos de apoyo del perro. Destacan por poseer una capa gruesa de queratina, que es la proteína que forma nuestras uñas. Bajo esa capa su estructura se palpa mullida.

Se debe a que están constituidas por grasa y tejido elástico, que funcionan amortiguando el impacto que se produce al andar, saltar o correr y reparten el peso de manera equilibrada entre las cuatro patas. Además, estas características les permiten actuar también como aislante para cuando el perro tiene que caminar por terrenos difíciles.

Así, resisten los paseos sobre la nieve o el asfalto en los días de temperaturas más altas. Están bien vascularizadas y cuentan con numerosas terminaciones nerviosas, por lo que son muy sensibles. Esto explica que a los perros no les guste que se las toquemos y que cualquier lesión les cause mucha molestia o sangrado.

El desgaste de las almohadillas plantares de los perros

Las almohadillas van sufriendo cambios con el paso de los años. Se van desgastando y por eso es más frecuente que presenten problemas en ellas los perros de más edad. Van perdiendo elasticidad y es más fácil que se resequen y se agrieten. En cambio, las almohadillas de los cachorros son muy suaves y lisas.

¿Para qué sirven las almohadillas de las patas de los perros?

Además de amortiguar la pisada, facilitando la movilidad del perro, y aislar de las temperaturas extremas, las almohadillas tienen otras funciones, quizás menos conocidas, pero igualmente importantes. Son las siguientes:

  • Sudoración: al contrario que las personas, los perros no disponen de glándulas sudoríparas repartidas por su cuerpo, sino que estas se concentran en las almohadillas. Son insuficientes y por eso tienen que recurrir al jadeo para refrigerarse.
  • Marcaje: aprovechando las glándulas, los perros marcan su territorio. Tras orinar o defecar, rascan con las patas delanteras, pero también con las traseras, contra el suelo. Además del marcaje olfativo, dejan unas señales bien visibles en los terrenos que se prestan a ello. En la acera no se puede.

El olor de las patas de tu perro

El típico olor que desprenden las almohadillas es una mezcla de la secreción de las glándulas sudoríparas con los elementos que el perro va pisando, más los organismos propios de esa zona del cuerpo. En la piel los perros cuentan con diversos microorganismos, como bacterias tipo Pseudomonas y Proteus u hongos.

Todos ellos forman parte de la microbiota normal, es decir, su presencia no revela ninguna patología. Al contrario, indican que el equilibro entre los diferentes microorganismos es el correcto y saludable.

Qué provoca mal olor en las patas de los perros

En ocasiones, las almohadillas huelen diferente y desagradable. Normalmente aparecen síntomas como lesiones de mayor o menor gravedad, oscurecimiento de los pelos que se localizan entre los dedos, inflamación, cojera, dolor, lamido excesivo, etc.

En estos casos es probable que el equilibrio de la microbiota se haya roto, provocando, ahora sí, una patología. Lo que sucede es que, por alguna circunstancia, se dan las condiciones para la infestación por organismos patógenos o algunos de los que forman parte de la microbiota habitual aumentan en exceso su población hasta un punto en el que sí provocan problemas.

Dada las repercusiones que las almohadillas tienen en el día a día del perro y lo sensibles que son, si detectamos síntomas de que algo no va bien, tenemos que acudir al veterinario para diagnosticar e iniciar el tratamiento cuanto antes.

Cómo cuidar las almohadillas de tu perro

Es conveniente que las revisemos de vez en cuando para detectar cualquier problema de manera precoz. Las almohadillas están muy expuestas a sufrir daños debido a su contacto directo con el terreno. En algunos casos podría estar indicado utilizar zapatos para perros. No solo en los suelos más complicados se producen heridas o se clavan cuerpos extraños.

Caminando por las aceras de las ciudades los perros se pueden lastimar con pequeños cristales o quemarse con un asfalto demasiado caliente. Evita los paseos sobre un suelo que queme no saliendo de casa en las horas de mayor incidencia solar. Si detectas un cuerpo extraño y no consigues extraerlo con pinzas, acude al veterinario.

Además, en los espacios interdigitales pueden alojarse parásitos como las garrapatas. Retíralas con pinzas especiales y aplícale a tu perro un desparasitador contra ellas. También pueden detectarse pequeños bultos, por ejemplo, si se ha formado un absceso.

Proteger las almohadillas de tu perro

Como parte de su mantenimiento podemos recortar, con mucho cuidado, los pelos que crecen entre los dedos en los ejemplares que los tengan demasiado largos. En los casos en los que detectemos una sequedad excesiva podemos aplicar vaselina o hidratantes y protectores específicos para almohadillas.

Siempre vigila que el perro no los lama. Es mejor actuar antes de que la sequedad se transforme en grietas. Son más dolorosas, más difíciles de curar y pueden complicarse con infecciones. Por último, siempre que se mojen seca bien entre los espacios de las almohadillas. La humedad es un factor que contribuye a la aparición de infecciones.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.

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