Los canes tienen muchas formas de decirnos cómo se sienten. Una de las más universales es tumbarse boca arriba para que les acariciemos cuando están contentos. Este comportamiento se nos hace curioso y nos lleva a hacernos una pregunta: ¿por qué a los perros les gusta que le soben la panza?

Aunque no lo parezca nuestros compañeros caninos hablan. A su manera, claro. Los ladridos y gruñidos muestran un estado de alerta o de desconfianza, mientras que el movimiento de la cola casi siempre es señal de que se sienten felices.

Un perro panza arriba es un perro relajado

Cuando un can se da la vuelta y adopta esta pose, nos puede estar indicando que está tranquilo, pero también que confía en nosotros. Piensa que, al tumbarse boca arriba, está exponiendo las partes más blandas y frágiles de su cuerpo. Se trata de una postura que raramente utilizaría si viviera en estado salvaje y, con ello, nos está demostrando que formamos parte de su círculo más íntimo.

Al mismo tiempo, esta posición se interpreta como un estado opuesto al de alerta. Es decir, que no está preparándose para atacar. En definitiva, que no supone ningún peligro ni agresividad hacia los demás.

¿Por qué a mi perro le gusta que le toque la tripa?

Ahora que sabemos lo que implica esta postura podemos comenzar a entender por qué les gustan tanto las caricias cuando se muestran indefensos ante nosotros. Un perro que nos enseña su parte más sensible nos está diciendo que le caemos bien, que no nos teme. En resumen, que quiere dar y recibir cariño.

Según la experta en comportamiento canino Susie Aga, a los perros les gusta el contacto físico con los miembros de su manada. Esto, sin duda, puede extrapolarse a las personas con las que convive y hacia quienes siente un afecto especial.

Varios estudios han confirmado que muchos animales cuentan con un tipo de neuronas vinculadas al pelo. Estas reaccionan positivamente a las caricias, despertando un tipo de placer intenso. Otras investigaciones han revelado que el acto de mimar a un can es igualmente positivo para los humanos.

Identifica cuando un perro da una señal de calma y cuando es de sumisión

El acto de darse la vuelta y quedarse panza arriba no solo indica un estado de calma, sino que se encuentra en una posición de sumisión. En esta situación acariciarles la panza puede no ser una buena idea. Si bien no reaccionarán de manera violenta, puedes aumentar su nivel de estrés. Algunas señales que indican que se ha dado la vuelta para someterse son:

  • Orejas hacia atrás.
  • Ojos entrecerrados o muy abiertos, pero sin fijar la vista en ti.
  • Bostezos o labios estirados en una especie de mueca.
  • En ocasiones pueden lanzar pequeños chorros de orina.
  • El aspecto general de su cuerpo está más tenso que relajado.

Si convives con más de un perro en casa o si tu peludo juega con otros ejemplares en el parque, su lenguaje corporal puede tener otro significado.

Tumbarse boca arriba como estrategia de juego

Hasta no hace mucho tiempo se pensaba que, cuando dos perros o lobos se enfrentaban para decidir quién era el macho alfa, la señal de darse vuelta ofreciendo el cuello (y por tanto, la vida) era una señal inequívoca de someterse al otro.

En 2015, un grupo de expertos observó algo diferente. Durante los juegos entre perros – tanto adultos como cachorros – el acto de tumbarse boca arriba no era necesariamente de sumisión. El estudio de las interacciones concluyó que se trataban de estrategias defensivas u ofensivas, utilizadas durante ese momento de diversión.

Pero… ¿es posible que a mi perro no le guste que le acaricien la pancita?

Para gustos, colores. Y esto también es válido en el universo canino. La sugerencia de los entendidos es que siempre dejes que sea el perro quien decida si quiere las caricias en ese sector de su cuerpo o no. La socialización desde cachorros hará que estén más expuestos al contacto con el ser humano, por lo que un can socializado será más receptivo.

Tampoco debes pensar que un perro no confía en ti por no dejarse acariciar la panza. No tiene nada que ver. Dependerá de la personalidad del can, de cómo ha sido educado, de su relación con los miembros del hogar y de muchos otros factores. Se trata, ni más ni menos, que de una elección individual de tu compañero. Y, como tal, debes respetarla.

Según tu experiencia personal, ¿disfruta tu perro dejándose acariciar la pancita o es un tanto reservado? ¿Coincides en que puede ayudar a relajar a ambos? Deja tu opinión en comentarios.