En general, solemos preocuparnos cuando los perros ladran, aunque, en realidad, sus ladridos forman parte de su comunicación. No ladran por fastidiar, por mucho que a los vecinos se lo parezca, y, solo en algunas ocasiones, el ladrido indica un trastorno de la conducta.

En cualquier caso, lo habitual es que queramos que el perro se calle, pero, aunque no lo parezca, puede ser buena idea pedirle que ladre cuando nosotros se lo indiquemos. Si te interesa conseguirlo, te explicamos cómo hacerlo en este artículo de SoyUnPerro.

Controlar los ladridos del perro

Una buena manera de manejar los ladridos de nuestro perro es enseñarle a que ladre a nuestra orden. Para ello, lo primero es asociar el ladrido con la palabra que escogeremos para desencadenarlo. Es relativamente sencillo. A poco que observemos a nuestro perro sabemos en qué circunstancias comienza a ladrar. Por ejemplo, cuando escucha el timbre de la puerta.

También cuando quiere animarte a jugar o salir o divisa a un perro enemigo. En ese momento podemos decirle “ladra” y premiarlo. El premio puede consistir en comida, que es lo que más los suele motivar, aunque es más efectiva si justo no acaba de comer. Otro premio son caricias o palabras efusivas de felicitación.

Repitiendo esta secuencia de forma exactamente igual el perro aprenderá que cuando pronunciamos la palabra “ladra” o la que escojamos, pero que sea siempre la misma, tiene que ladrar. Para comprobar si el aprendizaje ha resultado bastará con que, en cualquier momento, le digamos “ladra” y comprobemos si ladra o no.

Cómo lograr que mi perro deje de ladrar

Cuando un perro ladra podemos callarlo distrayendo su atención, aunque siempre es conveniente que sepamos a qué se debe el ladrido. Recuerda que nunca ladra para molestar, sino como forma de comunicar algo. Por ejemplo, si ladra porque escucha una sirena en la calle, mándale realizar alguna orden que conozca, como “sienta”, “ven” o “quieto”.

Prémialo al momento. Así estás ignorando los ladridos y reforzando la conducta positiva que premias. Por ello tenderá a repetirla. Intenta esta maniobra lo antes posible. Muchas veces el perro emite un gruñido antes de ladrar o, si sabes que todos los días le ladra a la misma hora al camión de la basura, anticípate y distráelo antes siquiera de que empiece el ladrido.

Ladrar va a ladrar, es un perro, pero no es lo mismo que lo haga tres veces que veinte minutos seguidos. Aunque a veces no se calle o ladre en un momento inoportuno, intenta mantener la calma e insistir siempre en la maniobra de distracción. Tardará más o menos, pero acabará por callarse. Sé paciente y perseverante.

Aprender a ladrar y a callar a la orden

Parece contraproducente enseñarle a un perro a ladrar para conseguir que no lo haga, pero, en realidad, puede ser un método muy efectivo. Al ser capaces de desencadenarle el ladrido con nuestra orden, también tenemos la oportunidad de aprovechar para introducir una nueva palabra para que se calle. Esta puede ser “silencio”, mejor que “calla” o “basta”.

Dada la similitud fonética de ambas palabras con la orden “ladra”, el perro podría confundirse y entender que seguimos pidiéndole que ladre, en vez de que se calle. Así, podemos empezar por llamarlo y, seguidamente, indicarle que ladre. En cuanto lo haga, en vez de intentar una maniobra de distracción dándole otra orden, diremos la palabra escogida para el silencio.

Al principio es normal que siga ladrando porque no sabe qué le estamos pidiendo. Por eso es bueno que le enseñemos un premio, en este caso la comida funcionará mejor. Al verlo, se callará un momento para olisquearlo. Justo entonces diremos “silencio” y premiaremos. En unas cuantas repeticiones aprenderá qué significa el silencio y qué es lo que le pedimos.

Cómo dar las órdenes básicas

Es buena idea que todas las órdenes verbales se acompañen de un gesto realizado a la vez. Por ejemplo, ladrar puede indicarse también levantando un brazo y callar podría acompañarse de poner un dedo en la boca, igual que hacemos para pedirle silencio a una persona. Pronuncia con claridad y firmeza, siempre sin gritar.

Los ladridos excesivos

A veces no nos damos cuenta, pero, sin querer, reforzamos el ladrido del perro. Si en lugar de iniciar una maniobra de distracción gritamos, nos ponemos nerviosos o, al contrario, lo acariciamos con intención de que se calme, en realidad conseguimos aumentar los ladridos en lugar de pararlos. Con estos ejemplos lo que estamos haciendo es animarlo a ladrar más.

Si los ladridos son excesivos, revisa las rutinas de vida de tu perro. Todos los perros necesitan unas condiciones básicas para su bienestar físico y psicológico. Además de las evidentes, relativas a la alimentación, la higiene o la asistencia veterinaria, es imprescindible para ellos la compañía, el ejercicio, la socialización, la educación y la estimulación.

Si falla alguno de estos aspectos, el perro puede sentirse frustrado y lo manifestará con conductas desagradables como los ladridos excesivos, la destructividad o la agresividad. En ese caso hay que cambiar sus rutinas y, si nada funciona, contactar con un profesional especializado en comportamiento canino o un etólogo.

Bibliografía
Schlegl-Kofler, Katharina. Escuela de perros. Madrid. Tikal Ediciones.