Leishmaniosis canina

La leishmaniosis es una enfermedad causada por un protozoo que puede contagiar a los perros. Se transmite mediante la picadura de un mosquito de los géneros Phlebotomus (en Eurasia y África) y Lutzomyia (en América). Será más común en zonas de climas cálidos, siendo abundante en España.

Produce una gran diversidad de síntomas y se encuentra en expansión debido al cambio climático. Por suerte, cada vez se cuenta con tratamientos más efectivos para hacerle frente. Además, podemos adoptar medidas preventivas, lo que será clave. Veamos en detalle todo lo relacionado con la leishmaniosis.

¿Qué es la Leishmaniosis?

La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria que se debe a protozoos del género Leishmania y de la especie normalmente infantum. Es un parásito intracelular al encontrarse dentro de los macrófagos (células de defensa). Es una zoonosis de distribución mundial en la que el principal reservorio es el perro. Es necesario que haya un vector artrópodo como los mosquitos Plebotomus. Se trata de una enfermedad crónica de por vida.

Distribuidos por todo el mundo, están más presentes en regiones de climas cálidos como el Mediterráneo, América del Sur, Asia o África. Existen varias manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Ciclo biológico de la Leishmaniosis

La hembra del género phlebotomus necesita de algunas de las proteínas de la sangre para realizar la puesta. Por lo que una hembra ya infectada por el protozoo Leishmania, transmite el parásito a otro hospedador mediante la picadura. El parásito es fagocitado (absorbido) por los macrófagos del hospedador, donde evoluciona. El parásito suele destruir si no es fagocitado dicho macrófago y diseminarse. Otra hembra del mosquito, al picar a este hospedador parasitado, adquiere el parásito y en su tracto digestivo evoluciona para poder ser transmitido de nuevo.

Epidemiología

En España la prevalencia es muy alta, y en cuanto a las razas, se pueden ver afectadas todas excepto el podenco ibicenco, el cual a lo largo del transcurso del tiempo se ha visto que ha desarrollado inmunidad y es resistente. Afectará más a individuos que tengan un sistema inmunitario más deficiente o comprometido.

La temperatura óptima de este artrópodo es de 17 a 30ºC y una humedad del 60 al 100%. Necesitarán en su ambiente de materia orgánica en descomposición. La actividad máxima se da en horas de menos luz, al amanecer y anochecer.

Síntomas

Dependiendo de la titulación y carga parasitaria que se tenga, los síntomas irán desde ausencia de los mismos hasta cuadros clínicos graves. Los síntomas pueden ser sistémicos o generales o cutáneos.

  1. Sistémicos o generales: Adelgazamiento, atrofia muscular, palidez de las mucosas, epistaxis (sangre por la nariz), anemia.
  2. Alteraciones renales: glomerulonefritis, insuficiencia renal, urea y creatinina elevadas, proteinuria (proteínas en orina).
  3. Alteraciones hepáticas: hepatitis granulomatosa, aumento de las transaminasas (enzimas hepáticas).
  4. Alteraciones digestivas: ascitis, colitis ulcerativa granulomatosa, diarrea de intestino grueso con o sin sangre.
  5. Alteraciones traumatológicas: cojeras intermitentes, poliartritis por deposición de inmunocomplejos de Leishmania…
  6. Alteraciones oculares: conjuntivitis, queratitis, blefaritis, uveítis…
  7. Cutáneos: Lesión en el punto de la picadura posiblemente veinte días después de la misma normalmente en las zonas desprovistas de pelo. Habrá hiperqueratosis (piel seca) nasal o plantar.

Podremos ver heridas y úlceras que se cronifican dolorosamente en los bordes de las orejas, espacios interdigitales (de las almohadillas), etc. Podremos observar también nódulos únicos o múltiples.

Diagnóstico de la leishmaniosis

El veterinario lo primero que tendrá que hacer es una anamnesis y examen físico general. Podrá realizarse una analítica sanguínea completa con el fin de observar cómo está el animal sistémicamente. En la clínica se podrá realizar un test “Snap” a través de una muestra de sangre del animal. Si da positivo, muy probablemente tendrá Leishmania.

A continuación, una muestra de suero procedente del paciente tendrá que obtenerse para enviarla al laboratorio y nos indiquen la titulación de anticuerpos que tiene. Así nos haremos una idea de la carga parasitaria que ha contraído; siendo mayor cuanta más titulación tenga.

Para buscar el parásito físicamente, el veterinario podrá realizar una punción de médula ósea y ganglio (que es donde hay mayor número de macrófagos) para hacer una citología. Se hará una extensión y extensión de la muestra y buscaremos el parásito en los macrófagos.
Se podrá realizar biopsia cutánea en caso de tener nódulos.

Tratamiento
Dependiendo de la titulación de anticuerpos, se instaurará el tratamiento, así como su dosis. Generalmente, se suele usar el Glucantime (amoniato de n-metilmeglumina) durante un mes o mes y medio inyectándose a diario subcutáneamente + alopurinol. El Glucantime puede ocasionar insuficiencia renal aguda, si ocurre debemos retirarlo, o si ya la tenía instalada, se valorará su aplicación.
Se puede usar también Miltefosina vía oral + alopurinol. Además, se deberán tratar los síntomas sistémicos que se tenga con el tratamiento adecuado.
Se debe reevaluar al animal cada tres o seis meses.

Profilaxis

En los hospedadores, es decir en nuestro perro, se pueden producir dos tipos de respuesta inmunitaria ante la parasitosis de Leishmania;

  • Respuesta humoral: mediada por los linfocitos B, se da siempre a partir de mes y medio-tres tras la infección, pero estos anticuerpos no son eficaces (lo son frente a patógenos extracelulares). No protegen y dan lugar a inmunocomplejos que pueden dar problemas.
  • Respuesta celular: mediada por los linfocitos T, se activan los macrófagos permitiendo que sean capaces de acabar con el parásito. Esta alta respuesta se da en perros resistentes como el podenco ibicenco mencionado antes.

Sabiendo esto, podemos testar de Leishmania a nuestro perro mediante un test snap que nos indica si tiene o no Leishmania mediante una muestra de sangre. Si es negativo, se procederá a vacunar.

Esta vacuna va a favorecer en caso de que el animal se infecte, que tenga más posibilidades de desarrollar una respuesta celular Th1. Ante la picadura de un phlebotomo con Leishmania, la vacuna lo que hace es que si queda algún parásito en los macrófagos, estos sean tan minoritarios que no se produzca cuadro clínico.

Por lo que si quieres evitar sobre todo en zonas con alta prevalencia del mosquito la parasitosis de por vida de Leishmania, se debería testar y vacunar anualmente. Por otra parte, para evitar la picadura del mosquito se puede optar por medidas antiparasitarias preventivas. Por ejemplo, con el collar scalibor se previene los phlebotomos hasta doce meses. Pipetas o mallas/mosquiteras también ayudarán.