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La maloclusión es un problema bastante frecuente en los perros. Con este término se designa una mordida incorrecta. No es un trastorno menor, ya que puede interferir en la calidad de vida del ejemplar afectado.

Hay varios tipos de maloclusión entre los que destaca el prognatismo. Este es característico de algunas razas tan conocidas como el Bóxer o el Bulldog. Por lo tanto, esta alteración no siempre requiere tratamiento, pero conviene conocer sus posibles efectos.

Definición de maloclusión

La oclusión en los perros es la forma en la que realizan la mordida. Esto es, la colocación de los incisivos superiores e inferiores cuando se cierra la boca. El estándar de cada raza determina cómo deben disponerse los dientes idealmente. Cuando en un ejemplar encontramos una colocación que no coincide con él, estamos ante una maloclusión.

La mayoría son hereditarias y se relacionan con factores que determinan el ritmo de crecimiento de las mandíbulas superior e inferior. La maloclusión también puede deberse a dientes de leche que se quedan retenidos y consiguen desplazar a los definitivos. Otra causa sería un traumatismo muy fuerte.

Precisamente por las probabilidades de transmisión a la descendencia, no se recomienda que los ejemplares con maloclusión se incluyan en los programas de cría. Es muy probable que sus cachorros presenten el mismo defecto. La excepción son las razas braquicéfalas. En ellas el prognatismo se considera un rasgo típico.

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Tipos de maloclusiones en perros

En general, la oclusión ideal para un perro es la que se produce al montar y tocar los incisivos superiores sobre los inferiores. Es la denominada oclusión en tijera. En cambio, si los incisivos coinciden borde con borde, la oclusión se conoce como en pinza.

No es extraño encontrar esta colocación en los perros, pero puede resultar problemática. Esto se debe a que se mantiene un contacto continuo entre los bordes de los incisivos, que acabarán desgastándose. Además, encontramos las siguientes maloclusiones a nivel esquelético:

  • Braquignatismo, enognatismo, sobremordida, overbite exagerado, boca de loro o mordida cerrada anterior: la mandíbula superior se presenta más adelantada que la inferior. Así, los incisivos superiores están por delante de los inferiores, pero más que en la mordida en tijera, ya que no se tocan. Es hereditario.
  • Prognatismo: exactamente es la situación contraria al braquignatismo. Por lo tanto, la mandíbula inferior está más adelantada que la superior. En algunas razas se considera normal y se reconoce en su estándar. Por ejemplo, es el caso del Pug, del Bóxer o del Bulldog inglés. Es hereditario en alguna razas.
  • Boca torcida: es el problema de maloclusión más grave. Se produce cuando un lado de la mandíbula crece más rápido que el otro, con lo que la boca se tuerce. Es causa de problemas importantes a la hora de comer por el impedimento físico que supone.

Cómo saber si un perro tiene maloclusión

Detectar un problema de oclusión en un perro es relativamente sencillo. Basta con cerrarle la boca, levantar el labio superior y, con el pulgar, tirar del labio inferior hacia abajo. Por supuesto, siempre con delicadeza y sin forzar. De esta forma podemos observar de qué forma encajan los incisivos inferiores y superiores.

Además, en la consulta del veterinario se hace un examen más completo. Pueden realizarse radiografías e incluso un TAC para obtener una información completa del estado de la boca y las piezas dentales.

¿La maloclusión es un simple problema de estética?

La maloclusión no es solo un problema estético. Es posible que interfiera en actividades de la vida cotidiana del perro, aunque no siempre lo percibamos. Nos referimos a conductas caninas tan habituales como sostener objetos con la boca, tirar, por ejemplo al jugar con un nudo, o tomar y masticar los alimentos.

Esta última alteración puede acabar por ocasionar problemas a nivel digestivo. Dependiendo del grado de desviación, la afectación será mayor o menor. La mala alineación de los dientes puede provocar daños en las partes blandas de la boca, como la lengua, las encías, el paladar o los labios.

En los perros con braquignatismo grave pueden verse este tipo de problemas, pero también en aquellos con prognatismo muy acusado. La maloclusión también puede ser el inicio de otras afecciones bucales, como el desgaste de piezas dentales por fricción, la enfermedad periodontal o la caída de dientes.

Tratamiento de las maloclusiones caninas

Según el tipo de maloclusión, así será el tratamiento. En general, en los casos leves no es necesario hacer nada, pero conviene que el veterinario revise la boca cuando el cachorro cumpla 2-3 meses para anticipar posibles problemas.

El braquignatismo en los cachorros más jóvenes puede resolverse solo hasta los 10 meses de vida, que es cuando dejan de crecer las mandíbulas, siempre que el espacio entre los dientes sea pequeño.

Pero en los casos en los que los dientes se presentan apiñados o posteriormente hay un desplazamiento de las piezas definitivas, será necesario que intervenga el veterinario. Puede escoger entre varias alternativas, como la extracción de dientes o diferentes técnicas de ortodoncia en perros con más de seis meses de edad.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.
Cucurella, Javier. 2017. Ortodoncia canina. Portal Veterinaria.