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¿Qué es la Mielopatía degenerativa? Síntomas y cuidados recomendados

La mielopatía degenerativa es una enfermedad hereditaria del sistema nervioso. Su síntoma principal es una debilidad en las patas traseras que, progresivamente, se va extendiendo, lo que complica el cuadro.

Desgraciadamente, no hay un tratamiento que cure la mielopatía degenerativa. Pero sí podemos seguir una serie de recomendaciones para mantener todo lo posible la calidad de vida del perro afectado ¿Quieres conocer todos los detalles sobre esta enfermedad?

¿Qué es la mielopatía degenerativa?

Se trata de una enfermedad degenerativa neurológica. Afecta a la médula espinal y se transmite en el seno de familias. Se ha comparado con la esclerosis lateral amiotrófica que pueden padecer los humanos. Lo que degenera es la llamada sustancia blanca de la médula y los nervios.

Esto daña la transmisión de las órdenes de movimiento del cerebro a las extremidades y la información sensorial que envían estas al encéfalo. No es una enfermedad muy dolorosa, pero el dolor acaba por presentarse en las partes del cuerpo que se ven forzadas en el intento de compensar las inmovilidad de las zonas afectadas.

¿Cuales son los síntomas de mielopatía degenerativa?

El más común es la debilidad en las patas traseras. Esta debilidad progresa con lentitud. También puede apreciarse parálisis y pérdida de sensibilidad en esas mismas patas. Este cuadro hace que el perro deambule de una manera inestable, extraña, arrastra las patas, apoya mal los pies y se cae.

La anómala posición que adquieren las patas hace que las uñas sean arrastradas por el suelo. Por eso, otro signo que nos puede hacer sospechar de mielopatía degenerativa es observar las uñas de las patas traseras más desgastadas. Al ser progresiva puede empezar por una pata trasera, continuar por la otra y avanzar hasta los miembros delanteros.

En esta situación notaremos una debilidad generalizada, al punto de que al perro le costará mantenerse en pie. La micción y la defecación se ven afectados. Aparece incontinencia. La progresión de la enfermedad acaba por causar la muerte. Pueden producirse complicaciones como úlceras por presión o infecciones de orina.

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¿Qué perros sufren mielopatía degenerativa?

Los síntomas de esta enfermedad aparecen, sobre todo, en el Pastor alemán. La mielopatía se presenta en los ejemplares de mediana edad, en general, a partir de los ocho años. En esta raza este tipo de mielopatía es la causa más común de debilidad en las extremidades posteriores.

En menor medida, también afecta al Husky siberiano, al Pastor belga, al Collie, al Rottweiler, al Bóxer, al Gran danés y, en general, a razas de tamaño grande. Los ejemplares enfermos son tanto machos como hembras. De todas formas, esta mielopatía puede aparecer en cualquier otra raza y también en perros mestizos.

Diagnóstico de la mielopatía degenerativa

El veterinario llegará a diagnosticar esta mielopatía tras descartar otras enfermedades que pueden desencadenar síntomas similares, como hernias discales o tumores. Se recurre a pruebas como radiografías, tomografía computerizada, resonancia magnética o mielografía.

¿Cuál es el tratamiento para la mielopatía degenerativa?

Por desgracia, no hay tratamiento que consiga detener la degeneración. Sí pueden implantarse medidas para mantener, en lo posible, la calidad de vida. Se han usado fármacos para intentar recuperar a los ejemplares enfermos. Pero no se ha conseguido mejorar el cuadro. En concreto, se han administrado corticoides y suplementos vitamínicos sin éxito.

Por otra parte, en algunos casos se ha constatado cierta mejoría con la administración de ácido aminocaproico. Puede darse con la comida. También se recomienda rehabilitación y fisioterapia para intentar retrasar todo lo posible la degeneración.

Rehabilitación y fisioterapia

Se orienta a mejorar la tensión muscular que puede aparecer, la pérdida de músculo y las úlceras, así como a preservar al máximo la movilidad y el equilibrio. Todo ello se logra con ejercicios pasivos de movilización, masajes, estiramientos, calor, hidroterapia o electroestimulación.

Por supuesto, son técnicas que debe realizar un veterinario especializado. Para ayudar al perro a caminar podemos utilizar arneses. Los hay para patas posteriores o para el soporte de todo el cuerpo. Algunos perros necesitarán silla de ruedas para poder desplazarse.

Cuanto antes se inicie el tratamiento, mejores resultados podrán observarse. Los perros sin tratar fallecen antes del año. Los que son bien atendidos aumentan su esperanza de vida hasta los tres.

Cuidados en casa para un perro con mielopatía degenerativa

Además de las pautas de ejercicios y utensilios mencionados en el apartado anterior, estos perros necesitan una cama o un lugar confortable donde descansar. La cama tiene que ser mullida pero, a la vez, suficientemente firme.

Esto es imprescindible para que el perro pueda apoyar bien las patas sobre ella a la hora de levantarse. Si el perro arrastra las patas, es buena idea protegerle los pies con calzado especial para perros, tipo patuco o calcetín.

En los casos más graves en los que el perro apenas se mueve, es básico cambiarlo de postura para evitar la formación de úlceras por presión en las zonas de apoyo. Hay que vigilar que se alimente con corrección, primero para evitar el sobrepeso y, después, para mantener la masa muscular.

Bibliografía Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.

Ampliado por el equipo editorial de SoyUnPerro Contenido añadido para complementar el artículo · 14 jun 2026

Razas predispuestas a la mielopatía degenerativa

La mutación en el gen SOD1, identificada como el principal factor de riesgo genético, no se distribuye por igual entre todas las razas. Los estudios de prevalencia muestran que ciertas líneas de sangre concentran una frecuencia mucho mayor de perros portadores o afectos. El pastor alemán sigue siendo el más representado, pero el riesgo se extiende a otras razas grandes y medianas.

Entre las razas con predisposición comprobada destacan el bóxer, el pastor belga malinois, el husky siberiano, el rottweiler, el collie, el gran danés y el pembroke welsh corgi. En estas poblaciones, la incidencia de la mutación SOD1 puede superar el 30 % de los ejemplares, aunque no todos desarrollarán síntomas. También se han documentado casos en razas menos esperadas, como el chesapeake bay retriever o el perro de montaña de Berna, lo que refuerza la importancia de no descartar la enfermedad solo por la raza.

Alrededor del 40 % de los pastores alemanes que llegan a la vejez son portadores de la mutación SOD1, aunque solo una parte manifiesta signos clínicos.

La herencia es autosómica recesiva con penetrancia incompleta, lo que significa que un perro necesita dos copias del gen mutado para tener un riesgo elevado, pero incluso los homocigotos pueden no enfermar. Por eso, el diagnóstico genético no equivale a un destino inevitable, sino a una herramienta de anticipación y manejo. La selección responsable en criadores ha comenzado a reducir la frecuencia de la mutación en algunas líneas de pastor alemán, pero el problema sigue siendo relevante en la clínica diaria.

Diagnóstico veterinario y pruebas genéticas

Durante años, el veterinario llegaba al diagnóstico por descarte: si los signos neurológicos no encajaban con otra patología conocida, la mielopatía degenerativa subía en la lista de sospechosas. Ese proceso sigue siendo válido, pero desde que en 2009 se identificó la mutación implicada, las cosas cambiaron. Los laboratorios veterinarios especializados pueden analizar la mutación c.118G>A a través de la prueba del gen SOD1; lo que hace esa mutación es sustituir la glicina por arginina en la proteína superóxido dismutasa 1. Según Genome-wide association analysis reveals a SOD1 mutation in canine degenerative myelopathy that resembles amyotrophic lateral sclerosis (2009), esta misma alteración aparece en ciertas formas familiares de esclerosis lateral amiotrófica humana, lo que dio un vuelco a la investigación en ambas especies.

Con esa prueba, cada perro cae en una de tres categorías: homocigoto normal (N/N), heterocigoto portador (N/M) u homocigoto mutado (M/M). Los perros M/M son los que acumulan mayor riesgo, aunque sin garantía de enfermedad. Un portador N/M casi nunca desarrolla síntomas clínicos, pero puede transmitir la mutación a su descendencia, y eso importa en los programas de cría. Recibir un M/M en el informe no equivale a una condena; significa que conviene empezar a vigilar con más atención y adelantar los cuidados preventivos.

La prueba genética no trabaja sola. La resonancia magnética y el análisis del líquido cefalorraquídeo siguen siendo indispensables para descartar compresiones medulares, tumores o inflamaciones que pueden presentar signos idénticos. La confirmación definitiva, con plena certeza histopatológica, solo llega tras la muerte del animal. Eso es una limitación real. Pero en la práctica clínica cotidiana, la suma de los signos neurológicos, el resultado genético y el descarte por imagen ofrece base suficiente para actuar pronto, cuando la progresión aún es más manejable.

Cuando las patas traseras empiezan a fallar, el entorno marca la diferencia. Un espacio bien adaptado puede devolverle a tu perro buena parte de su autonomía y reducir los tropiezos y caídas que, de otro modo, se vuelven cotidianos.

Cuidados en el hogar y adaptaciones del entorno

Lo primero que hay que atacar es el suelo. El parquet brillante o el gres liso son una trampa para un perro con problemas de movilidad trasera: resbala, pierde confianza y acaba por no querer moverse. Pon alfombras antideslizantes o esterillas de caucho en los trayectos que hace a diario —entre el comedero, la cama y la puerta— y notarás el cambio casi al momento. Si prefieres no cubrir todo el suelo, existen sprays y ceras especiales que aumentan la tracción sin necesidad de alfombrar nada.

Los escalones son otro problema habitual. Una rampa ligera de aluminio o madera con inclinación suave los sustituye sin que el perro tenga que saltar ni escalar, tanto para subir al coche como para acceder al sofá. Para los momentos en que necesita un empujón —levantarse tras el descanso, mantener el paso en los paseos cortos—, los arneses de elevación con asa en la zona lumbar son de gran ayuda. Los buenos modelos están acolchados, se ponen en segundos y reparten el peso sin comprimir el abdomen.

La cama merece tanta atención como el suelo. Una cama ortopédica de espuma viscoelástica distribuye la presión y protege las zonas de apoyo, algo crítico cuando el perro pasa muchas horas tumbado. Si ya le cuesta girarse solo, cambia su postura manualmente cada pocas horas y coloca cojines bajo las articulaciones para aliviar la carga. Ojo con esto: los perros que permanecen mucho tiempo en la misma posición pueden desarrollar úlceras por decúbito, y son más difíciles de tratar que de prevenir. Si aparece incontinencia, los empapadores lavables y una higiene perineal cuidadosa evitan dermatitis y, en casos más serios, infecciones urinarias que van escalando.

La fisioterapia no detiene la degeneración medular. Lo que sí hace es ganar tiempo: retrasa las complicaciones secundarias, mantiene al perro activo y, no menos importante, preserva su bienestar emocional. El movimiento, aunque sea pasivo, sostiene la circulación, la flexibilidad articular y los restos de conexión neuromuscular que todavía funcionan. Degenerative myelopathy (1992) ya señalaba el ejercicio controlado como uno de los pilares del manejo, y advertía de evitar cualquier intervención quirúrgica innecesaria que pudiera precipitar un deterioro sin vuelta atrás.

Fisioterapia y ejercicios recomendados para perros afectados

Al principio de la enfermedad, cuando el perro todavía tiene algo de control sobre las patas traseras, los ejercicios de propiocepción son los que más rendimiento dan. La idea es sencilla: estimular las terminaciones nerviosas de las almohadillas para que el cerebro siga recibiendo información sobre dónde está el cuerpo. Para eso valen una colchoneta de goma con relieve, césped artificial o un tramo de arena blanda. Se trabaja con arnés de soporte, dejando que el perro apoye las patas unos minutos, y se para antes de que aparezca el cansancio.

Los músculos compensadores —lumbares, hombros, cuello— acaban sufriendo las consecuencias de la marcha alterada. Ahí entra el masaje terapéutico: movimientos circulares suaves y ascendentes sobre la musculatura paravertebral y los glúteos, con los que se reduce el dolor miofascial y se facilita la relajación. Después del masaje tiene sentido añadir estiramientos pasivos de cadera y rodilla, llevando cada extremidad hasta el límite natural de su rango con mucho cuidado, sin forzar nada.

Si tienes acceso a un centro de rehabilitación veterinaria, la hidroterapia en cinta subacuática o piscina climatizada cambia bastante las cosas. El agua tibia relaja la musculatura y la flotación permite movimientos que en tierra firme son imposibles para el animal. Dos sesiones semanales supervisadas por un rehabilitador marcan una diferencia real en la vitalidad del perro. En casa, los paseos tienen que ser cortos y frecuentes, siempre con arnés de soporte, cortando el paseo mucho antes de que el perro llegue al agotamiento.

Pronóstico y calidad de vida a largo plazo

La mielopatía degenerativa sigue un curso progresivo sin remisión. La esperanza de vida media tras el diagnóstico clínico se sitúa entre 6 y 12 meses, aunque algunos perros con cuidados intensivos pueden superar el año. La velocidad de avance varía, pero el patrón típico descrito en Canine degenerative myelopathy (2010) comienza con paraparesia espástica y ataxia de los miembros pélvicos, progresa a debilidad de las patas delanteras y, finalmente, a una tetraparesia flácida que compromete la respiración si no se opta por la eutanasia compasiva.

La calidad de vida no se mide solo por la capacidad de caminar. Muchos perros mantienen el apetito, el interés por el entorno y la conexión con su familia mucho después de perder la movilidad. La clave está en interpretar sus señales: cuando el dolor por contracturas no se controla con analgesia suave, cuando la incontinencia genera lesiones cutáneas recurrentes o cuando la fatiga impide cualquier interacción, es momento de consultar al veterinario sobre las opciones de cuidados paliativos o la despedida.

EVITA LAS CIRUGÍAS INNECESARIAS

Algunos perros con mielopatía degenerativa también presentan problemas ortopédicos. Sin embargo, las intervenciones quirúrgicas que requieren anestesia general pueden acelerar el deterioro neurológico. Valora siempre con un especialista si los beneficios superan los riesgos.

El seguimiento veterinario cada dos o tres meses permite ajustar el plan de cuidados: renovar la pauta de ejercicios, evaluar la necesidad de ayudas como una silla de ruedas o introducir fármacos para el control del dolor neuropático. La decisión de la eutanasia debe basarse en una combinación de signos objetivos —incapacidad para mantenerse en pie, pérdida de control de esfínteres, dificultad respiratoria— y la percepción que tienes del estado anímico de tu perro. No hay un momento único ni una fórmula, pero sí la certeza de que cada día de bienestar ganado ha merecido la pena.

Preguntas frecuentes

¿Un perro con mielopatía degenerativa siente dolor?

La enfermedad en sí no daña las vías del dolor, pero las posturas forzadas y la sobrecarga muscular generan contracturas y molestias osteoarticulares. El control del dolor con antiinflamatorios o analgésicos suaves, junto con masajes y cambios posturales, suele ser suficiente para mantener el confort.

¿La prueba genética del gen SOD1 sirve para cualquier raza?

Sí, la mutación es la misma en todas las razas, pero su significado clínico puede variar. En razas con baja prevalencia, un resultado positivo no implica necesariamente que el perro vaya a desarrollar síntomas, ya que otros factores genéticos o ambientales podrían influir.

¿Cuándo es el momento adecuado para usar una silla de ruedas?

Cuando tu perro aún conserva fuerza en las patas delanteras pero ya no puede sostenerse sobre las traseras, una silla de ruedas a medida le devuelve la movilidad y la autonomía. Es importante introducirla de forma gradual y bajo supervisión de un rehabilitador para evitar lesiones por sobreesfuerzo.

¿Se puede prevenir la mielopatía degenerativa con la alimentación?

No hay evidencia de que ninguna dieta prevenga la aparición de la enfermedad en perros genéticamente predispuestos. Una alimentación equilibrada ayuda a mantener un peso óptimo y una buena condición muscular, lo que retrasa las complicaciones, pero no modifica el curso de la degeneración medular.

IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.

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