¿Qué es el síndrome de Wobbler y cuales son sus síntomas?

También conocida con el nombre de espondilomielopatía cervical, esta patología se debe a la compresión de la médula a nivel cervical. El síndrome de Wobbler se produce por diferentes causas. Se trata de una enfermedad crónica que progresa lentamente.

Todavía hay un gran desconocimiento alrededor de las causas y las alteraciones que están involucradas en este trastorno, pero se necesita atención veterinaria y tratamiento conservador o quirúrgico. Veamos en detalle todo lo relacionado con este curioso síndrome.

¿Por qué se produce el síndrome de Wobbler?

Esta enfermedad se produce cuando se da una compresión de la médula. Sucede por varias causas, con mayor o menor gravedad. Por lo general se origina debido a un estrechamiento del canal vertebral, una protrusión cervical crónica de discos intervertebrales y una degeneración de estos discos.

También pueden encontrarse malformaciones vertebrales, hipertrofia de ligamentos o artrosis en articulaciones vertebrales. En cualquier caso, no está claro por qué se desencadena. Se baraja un origen congénito, conformacional, nutricional o se asocia a determinadas razas cómo el Dóberman o ejercicios.

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Síntomas del síndrome de Wobbler

Debemos sospechar que nuestro perro padezca el síndrome de Wobbler si apreciamos uno o varios de estos síntomas. En tal caso, debe ser siempre el veterinario quien confirme el diagnostico.

¿Qué razas padecen Síndrome de Wobbler?

Esta dolencia es más frecuente en perros de raza grande y de mediana edad, en concreto, de entre cuatro y ocho años. No parece haber una predisposición sexual. Destacan dos razas como las más afectadas. Son el Dóberman y el Gran Danés. Otro grupo de riesgo son los jóvenes o los adultos jóvenes de razas grandes o gigantes a partir de los seis meses.

¿Cómo se diagnostica el síndrome de Wobbler?

El protocolo diagnóstico pasa porque el veterinario elabore una historia clínica completa del perro en la que figure, además de la edad y la raza, cuándo se ha iniciado y cómo ha evolucionado el cuadro clínico. Son básicos los exámenes neurológicos y ortopédicos exhaustivos. Las radiografías pueden ayudar, sobre todo a descartar otras patologías.

Se puede hacer una mielografía, que utiliza un contraste para observar la médula, o un TAC, que es más específico, pero no consigue aportar mucha más información que la mielografía. Sí ofrece una mayor resolución. Por eso se prefiere, como prueba diagnóstica, una combinación de ambas técnicas, que es el mieloTAC.

Este potencia las ventajas diagnósticas de ambas técnicas. Por otra parte, la resonancia magnética o RM también es una buena opción. Estas últimas pruebas mencionadas requieren veterinarios y centros especializados. A pesar de su especificidad, hay que interpretar los resultados siempre junto a la historia clínica y al examen realizado por el veterinario.

Tratamiento de la espondilomielopatía cervical

El tratamiento de esta enfermedad se ajusta a la sintomatología que ha producido y a la evolución del cuadro clínico. Por lo tanto, no existe un tratamiento único para aplicar en todos los casos. Puede optarse por un enfoque conservador o quirúrgico.

Tratamiento conservador de la espondilomielopatía cervical

Se basa en mantener al perro en reposo absoluto, confinado y administrándole antiinflamatorios y analgésicos. Estas pautas deben seguirse de cuatro a seis semanas. Después, el perro puede comenzar a ejercitarse poco a poco. Este enfoque se recomienda cuando el perro ha iniciado los síntomas tras sufrir un traumatismo leve.

También para aquellos ejemplares que todavía están en crecimiento, en los que pueden concurrir desequilibrios nutricionales, como un exceso en el aporte calórico. En cambio, este tratamiento no se aconseja si el perro presenta alteraciones neurológicas en las cuatro patas. Tampoco si se han detectado problemas óseos.

Tratamiento quirúrgico de la espondilomielopatía cervical

Si se opta por la intervención, el veterinario tendrá que valorar qué técnica quirúrgica es la más apropiada, pues se dispone de varias. La decisión se toma teniendo en cuenta la sintomatología, el examen neurológico y los resultados de las pruebas de imagen. En cualquiera, el porcentaje de éxito es elevado.

Pero pueden darse complicaciones posoperatorias y recurrencia. Además, el período de recuperación puede llevar hasta cuatro meses y el manejo no es sencillo, más tratándose de perros habitualmente de gran tamaño. El objetivo de todas ellas es la descompresión tanto directa como indirecta. Si no se consigue que esta sea suficiente, el perro no mejorará.

Complicaciones de la cirugía para la espondilomielopatía cervical

Las complicaciones pueden surgir en la propia cirugía, ya que todas las intervenciones con anestesia general tienen sus riesgos. El compromiso respiratorio, los problemas cardíacos o la hemorragia estarían entre las complicaciones más comunes. Durante el posoperatorio pueden aparecer infecciones, abscesos, seroma, migración o fallo de implantes, etc.

¿Cuál es el pronóstico de la espondiomielopatía cervical?

Esta enfermedad no es mortal pero sí afecta considerablemente a la calidad de vida, que es lo que hay que valorar. Así, se habla de un período de unos cuatro años en los que se puede controlar la sintomatología.

Pero, con independencia del tratamiento escogido, la progresión de esta enfermedad es imprevisible. Algunos perros empeoran rápidamente, mientras que otros responden muy bien al tratamiento.

Bibliografía
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Jiménez Peláez, Carbonell Roselló y Luján Feliu-Pascual (2016): Clínica, etiopatogénesis y diagnóstico del síndrome de Wobbler. Portal Veterinaria.
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