Razas
Alano Español: el noble perro de presa que debes conocer
El Alano Español, raza de presa ibérica con orígenes medievales, estuvo al borde de la desaparición hasta que en 2004 fue reconocido oficialmente tras un programa de cría con ejemplares funcionales. Este artículo analiza su historia, estándar y las claves de su temperamento.
Historia y orígenes del Alano Español
El nombre lo dice todo: viene del pueblo alano, nómadas de origen iraní que cruzaron hacia Europa durante la Alta Edad Media con sus perros de presa, animales criados para la caza mayor y la guerra. Al asentarse en Hispania fueron cruzándose con molosos autóctonos hasta dar forma al tipo que hoy reconocemos. Pocas razas de la Península tienen ese pedigrí, y lo mismo podría decirse del Perro agua español portugués. En la Edad Media y el Renacimiento el Alano fue clave en la montería de grandes ungulados —jabalí, ciervo— porque su instinto de presa y su mordida potente le permitían sujetar la pieza sin soltarla hasta que llegara el cazador. Un perro diseñado para un trabajo muy concreto.
La evolución de las técnicas cinegéticas y la llegada de las armas de fuego fueron empujando al Alano hacia otros oficios. En los siglos XVII y XVIII se convirtió en figura habitual de los espectáculos taurinos, encargado del agarre de reses bravas, una tarea que exigía un temple de hierro y una resistencia extraordinaria. También ejerció de guardián de ganado y fincas, donde su carácter protector y su fidelidad al dueño lo hacían especialmente valioso. La prohibición de usar perros en los festejos taurinos y la transformación del mundo rural fueron arrinconando la raza hasta dejarla casi sin representantes en la primera mitad del siglo XX.
La vuelta atrás llegó desde los márgenes. En los años 80 un puñado de aficionados y criadores peinaron zonas apartadas de Castilla y León, Extremadura y Andalucía en busca de ejemplares funcionales que todavía se empleaban en el manejo de ganado bravo. Los criterios de selección fueron de trabajo, no de aspecto. Esa base fue el punto de partida de un programa de cría que terminó en 2004 con el reconocimiento oficial por la Real Sociedad Canina de España. Hoy el Alano está clasificado como perro de presa y conserva intacto lo que siempre lo definió. Coraje, rusticidad, entrega sin fisuras a quien lo guía.
Estándar oficial del Alano Español: medidas, peso y comparativa con otras razas
Hablamos de un moloso de talla media-grande, osamenta sólida y musculatura que deja claro para qué fue criado este perro. Los machos miden entre 58 y 63 centímetros a la cruz, con un peso de 30 a 40 kilos; las hembras se mueven entre 55 y 60 centímetros y 25 a 35 kilos. Dentro del grupo de molosos de presa españoles, esas medidas lo sitúan en un punto intermedio bastante preciso: más liviano y ágil que el Dogo Canario —que ronda o supera los 50 kilos—, y con un volumen muy inferior al del Mastín Español, que en muchos ejemplares supera los 70 kilogramos. Esa construcción atlética se traduce en resistencia real y velocidad en distancias cortas, dos cualidades básicas cuando su función era perseguir y sujetar piezas de caza mayor.
La cabeza llama la atención desde el primer momento. Cráneo ancho y algo convexo, stop definido sin llegar al extremo, y un hocico en proporción 2:3 respecto al cráneo. La mordida, en tijera o en pinza. La máscara negra aparece con frecuencia y contrasta bien con el pelaje, que admite leonado, atigrado, negro y sus combinaciones, siempre corto, denso y pegado al cuerpo. Las orejas plantean hoy un dilema que hace décadas no existía: donde el corte está prohibido, caen libremente a los lados del cráneo; en ejemplares de trabajo más tradicionales, aparecen recortadas. La cola, gruesa en la base y más fina hacia la punta, tiene ese porte ligeramente curvado que le da carácter al conjunto.
Con el Cane Corso italiano o el American Pit Bull Terrier hay paralelismos funcionales evidentes, pero ahí acaba el parecido. El Cane Corso lleva décadas bajo una selección que prioriza la estética, y se nota en el tipo. El Alano va en dirección contraria. Fenotipo más primitivo, mayor variabilidad de capas, menos pulido morfológicamente. Los criadores serios lo saben y lo cuidan de forma deliberada, porque lo que se quiere conservar es un perro funcional y sano, sin las exageraciones que en otras razas acaban comprometiendo la respiración o la estructura física del animal.
El Alano Español tiene un carácter que sorprende a quien llega con prejuicios. Estable, seguro, leal hasta el tuétano. No es el perro que se lanza sin pensar, sino que observa, mide, y solo entonces actúa. Con los suyos muestra una tolerancia que descoloca a más de uno, incluidos los niños, aunque eso no significa que las interacciones con los más pequeños deban quedarse sin ojo adulto encima. Lo de que esta raza es agresiva por naturaleza no tiene base: un perro de presa que atacara sin control sería inútil en el campo, y los que seleccionaron estos animales durante siglos lo sabían perfectamente. Lo que tiene, y en abundancia, es instinto de presa y una determinación que puede leerse mal si el perro no tiene trabajo, socialización y una guía que sepa lo que hace.
Carácter y temperamento del Alano Español
En España está incluido en el anexo de razas consideradas potencialmente peligrosas, con todo lo que eso implica: licencia administrativa, seguro de responsabilidad civil, correa y bozal en espacios públicos. La clasificación viene de su potencial físico y de su herencia como perro de presa, no de que sea un animal desequilibrado. Ojo con esto, porque la diferencia importa. Un Alano bien llevado es otra cosa.
Como perro de familia, el vínculo que establece es intenso. Quiere estar en medio de todo, participar, acompañar. La conducta protectora aparece sola, sin adiestramiento, y ahí está el truco: hay que encauzarla antes de que se convierta en sobreprotección. Con los niños con los que ha crecido, la paciencia es real y notable, pero su tamaño solo ya justifica no dejarlos juntos sin supervisión.
Un Alano necesita un propósito. Ejercicio diario de verdad, no un paseo de veinte minutos, y alguien que le marque límites claros sin mano de hierro innecesaria. En manos con experiencia, la nobleza de esta raza y su entrega al grupo humano no tienen comparación fácil entre los perros de trabajo españoles.
Convivencia con otros perros y animales domésticos
El Alano tiene un instinto de presa muy marcado y una tendencia a imponerse sobre los de su mismo sexo, especialmente entre machos. Eso condiciona, y bastante, cómo se lleva con otros perros bajo el mismo techo. Los ejemplares socializados desde cachorro con perros de buen carácter suelen manejarse razonablemente bien; otra historia son las interacciones entre machos, que requieren supervisión constante. Peleas por recursos, por jerarquía, por lo que sea. La castración puede ayudar a bajar la tensión hormonal, valorada junto al veterinario, pero sin un trabajo serio de socialización detrás no hace milagros.
Con animales pequeños —gatos, conejos, aves— la cosa cambia bastante. El Alano viene de siglos de selección para perseguir, atrapar y sujetar, y ese patrón motor puede dispararse ante cualquier bicho que se mueva rápido o salga huyendo. Da igual que hayan convivido desde cachorros. Algunos aprenden a distinguir entre el gato de casa y una presa potencial, sí, pero confiar en eso ciegamente es un error. La introducción tiene que ser gradual, con barreras físicas y control total en todo momento, y aun así el margen de riesgo no desaparece. Por eso muchos propietarios con experiencia directamente optan por no mezclar: sin otros animales pequeños en casa, o con separación física real cuando no hay nadie supervisando.
En entorno rural puede convivir con ganado si se ha habituado desde cachorro, pero su reacción ante animales en movimiento exige un manejo experto. Es perro de presa, y aunque algunos ejemplares aprenden a respetar las reses con las que trabajan, el instinto puede aflorar en un momento imprevisto. Ojo con esto: protocolo de socialización continuo, obediencia fiable en distancia y bozal en espacios públicos y paseos, tal como establece la normativa para razas potencialmente peligrosas. Sin atajos.
El Galgo Español, el Alano Español y otras razas con instinto de presa muy marcado no se socializan igual que un labrador. Necesitan un plan por fases, con objetivos concretos en cada etapa, que les enseñe a manejar sus propios impulsos cuando aparece algo que les activa.
Protocolo de socialización en 4 fases para perros con alto instinto de presa
De las tres a las doce semanas, el cachorro está en pleno periodo de troquelado. Todo lo que viva ahora se le queda grabado a fuego. Por eso hay que meterle en esa ventana el mayor abanico posible de experiencias: gente de distintas edades, ruidos de ciudad y de campo, suelos que se mueven o crujen, y sobre todo contacto con perros adultos bien asentados que le enseñen a comunicarse correctamente. Cada uno de esos encuentros tiene que terminar bien, ya sea con comida de alta recompensa o con juego, porque lo que se busca es construir una memoria emocional que más adelante actúe de contrapeso frente a la desconfianza.
Entre los tres y los seis meses llega el trabajo más delicado. El cachorro empieza a prestar atención a ciclistas, corredores y animales pequeños, y hay que conseguir que esos estímulos no le disparen. La técnica es la desensibilización sistemática: exponer al perro a distancias donde todavía no reacciona, premiar la calma y, especialmente, premiar que te mire a ti en lugar de quedarse clavado en el estímulo. También es el momento de introducir el bozal. Ojo con esto: se hace con calma y con comida, sin prisa, hasta que el perro lo asocie a algo bueno. Y en paralelo, se empiezan los juegos de tira y afloja con una norma fija: el perro suelta cuando se le pide. Eso le da una salida al instinto y refuerza el vínculo.
De los seis a los doce meses el cachorro entra en la adolescencia y la impulsividad sube. Aquí el foco está en el autocontrol. Esperar antes de pasar por una puerta, quedarse quieto hasta que se le dé la señal para comer, frenar a mitad de una carrera cuando escucha una orden. Son ejercicios aparentemente simples pero que van instalando un freno interno. Se añaden también sesiones con señuelo —un trapo o un pellejo atado a una cuerda— donde el perro aprende a activarse y a calmarse bajo indicación del guía. Para las razas de presa este trabajo es muy efectivo porque recoge lo que el perro necesita hacer y le da un cauce. Los encuentros con otros perros siguen siendo necesarios, pero hay que vigilarlos más de cerca porque la madurez sexual empieza a meter ruido.
A partir del año, el protocolo no termina, cambia de forma. Ya no se trata de enseñar cosas nuevas sino de mantener lo aprendido y generalizarlo a sitios con más distracciones. Las salidas se hacen a entornos más complejos, los refuerzos se vuelven intermitentes para que las respuestas sean sólidas aunque no haya premio siempre. El bozal en espacios públicos se mantiene, tanto por cumplir la ley como por prevención básica. Un Alano adulto que deja de exponerse a estímulos puede retroceder conductualmente, y ese retroceso cuesta mucho recuperar. La constancia aquí no es opcional.
Educación y adiestramiento del Alano Español
El adiestramiento del Alano Español debe asentarse sobre los principios del refuerzo positivo y la coherencia, evitando métodos basados en el castigo o la confrontación, que en esta raza pueden generar desconfianza o respuestas defensivas. Se trata de un perro inteligente, con una notable capacidad de aprendizaje, pero también con una marcada independencia de criterio: no ejecuta órdenes de forma mecánica, sino que evalúa la utilidad de lo que se le pide. Por ello, el guía debe construir una relación de cooperación donde el perro encuentre motivación intrínseca para colaborar, utilizando recompensas que realmente valoren —comida, juego de presa o acceso a un recurso deseado— y proponiendo sesiones breves, dinámicas y libres de monotonía.
La obediencia básica —sentado, quieto, junto, llamada— debe instaurarse desde los primeros meses, pero el verdadero desafío con un perro de presa es lograr la fiabilidad en condiciones de alta activación. Un Alano que responde perfectamente en el salón de casa puede ignorar la llamada si ha fijado la atención en un estímulo en movimiento. Para superar esta limitación, el entrenamiento debe progresar de forma gradual desde entornos controlados hasta espacios con distracciones, y la llamada debe asociarse siempre a un refuerzo de máximo valor, nunca a una experiencia negativa como el fin del paseo. El trabajo con silbato o señales visuales puede ser un complemento eficaz para captar la atención a distancia.
Un aspecto fundamental es la inhibición de la mordida, que debe trabajarse en la etapa de cachorro enseñando al perro a medir la presión de su boca durante el juego. En un perro adulto de esta envergadura, una mordida mal controlada, incluso en un contexto lúdico, puede tener consecuencias graves. Además, el Alano se beneficia enormemente de deportes caninos como el mondioring, el rastro o el agility, que canalizan su energía física y mental y refuerzan el vínculo con el guía. Estas disciplinas permiten que el perro exprese sus patrones motores innatos dentro de un marco estructurado, reduciendo la probabilidad de que afloren conductas no deseadas en la vida cotidiana.
El Alano Español es un perro que come distinto según el momento de su vida, y entender eso puede marcar la diferencia entre un animal sano y uno con problemas crónicos. Hay algo más urgente que afinar las proteínas del pienso: la torsión-dilatación gástrica, una emergencia que en razas de pecho profundo como esta puede matar en horas. Un estudio en el Reino Unido documentó que la torsión gástrica fue causa de muerte en 65 de 165 razas puras analizadas, y se registró al menos un episodio en 48 de 169 razas «Mortality and morbidity due to gastric dilatation-volvulus syndrome in pedigree dogs…» (2010). El plan de alimentación tiene que construirse con eso siempre en mente.
Alimentación por etapas: plan nutricional y prevención de la torsión gástrica
Hasta los 12 meses, el cachorro necesita un pienso diseñado para razas grandes, con calcio y fósforo en niveles controlados. Crecer demasiado rápido destroza las articulaciones. Tres o cuatro tomas al día, raciones pequeñas, y nada de salir a correr después de comer. Dos horas de margen mínimo antes de cualquier ejercicio intenso.
A partir de los 12-18 meses la cosa cambia: el objetivo pasa a ser sostener músculo y aguantar la actividad que exige un perro que necesita entre 60 y 90 minutos diarios de movimiento real. Un alimento con 25-30% de proteína animal y un 15-18% de grasa suele funcionar bien, aunque cada animal tiene su propio metabolismo y nivel de trabajo. Aquí el truco contra la torsión es sencillo de explicar y fácil de olvidar: dos comidas al día, comederos antivoracidad si el perro engulle sin respirar, y agua en pequeñas cantidades antes y después de comer, nunca a chorro. Ojo con los comederos elevados: la evidencia sobre si ayudan o empeoran la torsión es contradictoria, así que no son la solución que parecen. Un análisis de 88.635 perros identificó diez condiciones hereditarias más frecuentes en razas puras que en mestizos, entre ellas la torsión gástrica «Ten inherited disorders in purebred dogs by functional breed groupings» (2015). El Alano está en ese grupo de riesgo.
Saber reconocer un episodio a tiempo salva vidas. Abdomen hinchado, intentos de vomitar sin conseguirlo, perro que no para quieto: clínica veterinaria de inmediato. Cada minuto cuenta. Pasados los 7-8 años, el perro entra en una fase en la que el cuerpo pide menos calorías pero más apoyo articular, y un aporte de omega-3 y condroprotectores marca la diferencia a largo plazo. Las pautas contra la torsión, sin embargo, no se jubilan. Se mantienen de por vida.
Salud y enfermedades del Alano Español
La cría del Alano ha priorizado siempre el rendimiento sobre la morfología extrema, y eso tiene consecuencias directas en su salud. Menos enfermedades hereditarias graves que en otras razas molosas más especializadas. La esperanza de vida ronda los 10 a 12 años, lo habitual para un perro de este tamaño. Aun así, hay patologías propias de la raza que todo propietario debería conocer antes de que aparezcan.
La displasia de cadera y de codo encabezan la lista. Son problemas ortopédicos con carga genética, pero el entorno también cuenta. Un cachorro que engorda demasiado rápido o que hace ejercicio intenso antes de estar formado tiene más riesgo. La selección de un criador que pase las pruebas radiológicas a sus reproductores marca la diferencia a largo plazo. El entropión también aparece en algunos ejemplares. El párpado se invierte hacia dentro y roza la córnea; cuando la irritación es persistente, hay que operar.
La dermatitis atópica es otro frente a vigilar. Picor crónico, piel enrojecida, infecciones que vuelven una y otra vez. No existen estudios específicos sobre su prevalencia en el Alano, pero está documentada en razas de pelo corto y puede desencadenarse tanto por alérgenos del entorno como por la alimentación. El manejo pasa por identificar qué lo activa, champús hipoalergénicos y, si la respuesta no es suficiente, inmunomoduladores bajo supervisión veterinaria. La torsión gástrica tiene su espacio en la sección de alimentación; aquí basta con apuntar que los síntomas hay que reconocerlos rápido, porque el tiempo es lo que hay.
Una revisión veterinaria anual como mínimo permite detectar alteraciones que a primera vista pasan desapercibidas. La estenosis aórtica es un buen ejemplo. Es una cardiopatía hereditaria que puede estar años sin dar señales y desembocar de repente en un colapso. Trabajar desde el principio con un criador que testea a sus reproductores y opera bajo los estándares de la Real Sociedad Canina de España reduce considerablemente ese tipo de riesgos. Para quien esté valorando incorporar un Alano, el paso lógico es contactar con el club oficial de la raza, visitar varios criaderos y observar en persona cómo están los adultos. Las certificaciones de salud y el pedigree no son papeleo opcional.
IMPORTANTE: Este artículo tiene carácter exclusivamente informativo y no constituye asesoramiento veterinario, nutricional ni conductual. Cada perro es diferente y solo tu veterinario de confianza puede orientarte sobre sus necesidades concretas.