Los perros son adorables, sí, pero hay que reconocer que, en ocasiones, nos sacan de nuestras casillas. Nos rompen un mueble, se orinan en casa o nos ignoran completamente cuando los llamamos, son ejemplos de situaciones que nos enfadan.

Es posible que no sepamos como reaccionar o lo hagamos mal, por ejemplo, recurriendo al castigo que consiste en tumbar al perro boca arriba en el suelo, también llamado roll over. En este artículo vamos a explicar por qué no es esta la mejor idea si queremos educarlo.

Cómo castigar MAL a un perro

En primer lugar, hay que disponer de conocimientos básicos sobre conducta y psicología canina antes de pensar en convivir con un perro. Esto nos permitirá distinguir qué comportamientos son normales en esta especie y cuáles necesitan una corrección. Por ejemplo, es completamente normal que un cachorro orine dentro de casa.

Al igual que un bebé humano, fisiológicamente tardará unos meses en poder controlar sus esfínteres. Por lo tanto, castigarlo por evacuar en el domicilio no solo no tiene ningún sentido, sino que resultará contraproducente. Además, nuestra primera reacción ante un mal comportamiento suele ser gritar, encerrar o atar al perro.

Lo cierto es que ninguna de estas acciones serán entendidas por él como un toque de atención a su conducta. Por lo tanto, no solo no son educativas, sino que ponen en riesgo nuestro vínculo con él, ya que no comprende a qué se debe nuestra respuesta. Mucho más si se nos ocurre pegar. La violencia está prohibida siempre.

Postura del perro boca arriba

Las posturas que adopta un perro forman parte de su sistema de comunicación. No hablan, pero saben comunicarse perfectamente recurriendo a posiciones, olores, sonidos, etc. Así, un perro puede tumbarse panza arriba en distintas circunstancias, como el juego, la relajación o la sumisión. Dependiendo del contexto podremos interpretar sus intenciones.

Ponerse con la barriga hacia arriba se vincula a la sumisión porque el perro deja al descubierto unas zonas tan vulnerables como el abdomen y el cuello, donde se localizan órganos vitales. Pero no hay evidencia de que adoptar esta posición implique que el perro no vaya a repetir una conducta indeseada. Por lo tanto, no sirve para enseñar obediencia.

Castigar a un perro poniéndolo panza arriba

Ni gritar ni encerrar ni atar ni mucho menos pegar son castigos adecuados para los perros. Lo mismo sucede con la idea de obligarlos a tumbarse boca arriba. Lo que se pretende con esta postura es dejar claro al perro que nosotros somos los que mandamos y que estamos por encima de él en la jerarquía. En otras palabras, que somos el jefe o líder de la manada.

Parte de la base de que el perro tiene que ser sumiso ante nosotros y que la posición boca arriba indica esa sumisión. El problema es que, en la actualidad, no hay evidencia que justifique estas afirmaciones. En primer lugar, los perros establecen relaciones jerárquicas entre ellos, pero no con los humanos, con los que la relación sería más de cooperación.

Además, un mismo perro puede adoptar posturas de sumisión o de dominancia en función del contexto. Por lo tanto, no hay perros ni dominantes ni sumisos, sino situaciones. Por último, en la naturaleza no se ha observado nunca que un lobo, que es el animal del que se extrapolan las conductas caninas, castigue de esta manera a otro.

El macho alfa es un mito

Hay que tener en cuenta que estas ideas de sumisión y dominancia canina se desarrollan a partir de la observación de los comportamientos de manadas de lobos. Pero no se trata solo de que los perros domésticos no sean lobos, sino de que las ideas que se habían extraído de las relaciones entre estos animales han ido modificándose con el paso del tiempo.

Así, la teoría de que la manada estaba dirigida por el llamado macho alfa se ha cuestionado a raíz de nuevas observaciones. El propio creador del término, el biólogo David Mech, ha cuestionado su aplicación. Y es que parece que las actitudes dominantes y sumisas que puede adoptar cada ejemplar hablan de una estructura social diferente a la que se pensaba.

Además, estas posiciones permiten mantener el orden social sin recurrir a la violencia. Ningún lobo fuerza a otro a adoptar una postura sumisa para dejarle claro quién manda. Al contrario, el que se considera líder será el que reciba más conductas voluntarias de sumisión por parte de los otros miembros de la manada.

¿Cómo educar mejor a mi perro?

Así, la educación canina debe basarse en lo que se conoce como refuerzo positivo. En pocas palabras, se trataría de premiar los comportamientos que queremos fomentar e ignorar los que consideramos indeseables. Cuando el perro recibe un premio justo al hacer algo que queremos, lo estamos incentivando a repetir esa conducta.

Entenderá perfectamente que eso es lo que pretendemos que haga. Pero para lograrlo es básico premiar justo en el momento exacto, ya que es la única forma de que el perro logre asociar el comportamiento con el premio. Además, hay que ser coherente. Debemos establecer unas normas y utilizar siempre las mismas órdenes.

Por ejemplo, si llegamos a casa, nuestro perro acude a saludarnos y descubrimos que ha roto algo, la reacción correcta no es reñirle, ya que solo entenderá que rechazamos su saludo. No lo va a relacionar con el destrozo. Lo mejor es darle una orden, como la de sentarse, premiarlo en cuanto la obedezca y limpiar el desastre sin decir nada.

Jose A. Ramos
Adiestrador canino, titulado en el centro de educación canina Larcan. Técnico en modificación de conducta, ampliando estudios en etología canina. Ilusiuonado por compartir conocimientos y experiencias con los lectores de Soyunperro.

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