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Es probable que la pregunta sobre la orientación sexual de los perros surja en la mente de un cuidador que acaba de descubrir como su perro monta o es montado por otro perro macho. Pero no todas las secuencias de monta tienen que ver con la reproducción.

Y es que, en el terreno de la sexualidad, solemos caer en la comparación de los comportamientos caninos con los humanos. En otras palabras, humanizamos a los perros. A continuación resolvemos la duda.

Homosexualidad canina

La Real Academia Española define la homosexualidad como la inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo. El erotismo se define, a su vez, como amor o placer sexuales o como el carácter de lo que excita el amor sexual. Pero todavía hay un par de conceptos más que debemos conocer para hipotetizar alrededor de una posible homosexualidad canina.

Estos son la sexualidad, que, de nuevo la RAE, explica como el apetito sexual, y la reproducción, que define la misma Academia como la acción y el efecto de reproducir o reproducirse. Con todos estos conceptos en mente, fijémonos ahora en el comportamiento canino en este ámbito.

Comportamiento sexual y reproducción de los perros

Los perros macho no tienen un período de celo marcado como sí sucede en las hembras, que se muestra receptivas tan solo en determinados períodos que tienen lugar aproximadamente cada 5-6 meses. Al contrario, los machos podrán reproducirse siempre que detecten una perra en celo. Y esa es la clave.

Si en los seres humanos hablamos de sexualidad y pueden establecerse relaciones íntimas en cualquier momento, independientemente de la reproducción y, además, con un componente emocional, en los perros la pulsión sexual es solo reproductiva.

En los machos se desencadena tan solo en presencia de las hormonas de la perra que le mandan el mensaje de que está receptiva para la monta y la consiguiente reproducción y perpetuación de los genes de la especie. Por lo tanto, como vemos, no hacemos bien en humanizar a los perros en este aspecto, pues su conducta no es asimilable a la nuestra.

Mi perro monta a otros perros

Que apreciemos una conducta de monta de un macho sobre otro no es sinónimo de que sea homosexual. También es habitual ver que monta cojines, su cama, otros animales o piernas humanas. Incluso la monta a otro ejemplar puede ser por la cabeza.

Y es que la monta no solo es un comportamiento vinculado a las hormonas sexuales. Esta conducta en los animales se ha relacionado con dominancia, pero, también, con el refuerzo de las relaciones sociales dentro del grupo o entre individuos.

Es relativamente habitual observar estas montas, que también pueden verse entre hembras, en cachorros con intencionalidad lúdica o, a cualquier edad, en perros con necesidad de liberar energía. También hay que tener en cuenta que la monta puede resultar placentera, lo que sirve para reforzar la conducta y, por lo tanto, repetirla.

¿Todos los perros montan a otros?

Estas montas a todo lo que encuentran son más comunes en machos que podríamos considerar adolescentes. Son ejemplares que comienzan a notar los efectos de las hormonas sexuales, lo que también puede provocar cambios en su comportamiento, mostrándose más desobediente y peleándose con otros machos.

Qué hago si mi perro monta a otros

En principio, una conducta de monta puntual no resulta preocupante. Pero si esta no deja de repetirse, el perro molesta a personas u otros animales o es una muestra de estrés, sí hay que intervenir. La mejor forma de evitar este tipo de montas es pararlas en cuanto se inician. Para ello puedes llevarte al perro, si estáis en la calle y se le ha dado por montar a otro.

También, si monta nuestra pierna o la de otro miembro de la familia, tendremos que interrumpir la conducta y, simplemente marcharnos. Podemos intentar distraer su atención hacia otro juego, pero, si insiste, hay que cortar. Tras varias veces de repetir esta secuencia siempre igual iremos debilitando ese comportamiento.

Podemos premiar todas sus conductas positivas para que sepa hacia donde dirigir su energía. Si las montas indican estrés, revisa sus condiciones de vida y, si no mejora, consulta con un profesional del comportamiento canino o etólogo. Por supuesto, la castración se recomienda como parte de una tendencia responsable tanto para hembras como para machos.

Bibliografía
Morris, Desmond. 1988. Observe a su perro. Barcelona. Plaza Janés.