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La microbioma o microbiota es más conocida con el nombre de flora intestinal. Hace referencia a los microorganismos que viven en el tracto digestivo de manera habitual. Buena parte de ellos no solo no resultan dañinos sino que, al contrario, son beneficiosos.

Por ello van a tener importancia en la salud del perro. Además, se ha demostrado la relación entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso y el comportamiento. Por eso puede llegar a jugar un papel importante en el tratamiento y la comprensión de distintos trastornos.

La importancia de la microbiota intestinal canina

En la actualidad se siguen realizando estudios sobre la relación de la flora intestinal con diversas afecciones neurológicas. Al igual que en la medicina humana, para los perros también es un ámbito de investigación que se está desarrollando.

Se sabe que las bacterias que habitan en el tracto intestinal pueden producir distintos metabolitos que consiguen afectar al cerebro. En otras palabras, la microbiota intestinal puede influir en el comportamiento del perro, así como en su desarrollo neurológico. Este aspecto se está investigando en veterinaria.

Sobre todo por la relación que puede tener con los procesos de envejecimiento. Se sabe que los perros sufren el denominado síndrome de disfunción cognitiva, una enfermedad comparable al alzhéimer que afecta a los humanos. Dadas estas similitudes, los estudios en este ámbito pueden favorecer a ambas especies y mejorar la prevención y el tratamiento.

Microbioma y envejecimiento de los perros

Se ha realizado un estudio en la Universidad de Loránd, en Budapest, que pone en relación la composición de la flora intestinal con la edad del perro y su capacidad memorística. En él participaron 29 ejemplares a los que se les planteó una prueba de memoria.

Justo después se tomaron muestras fecales de todos ellos para analizar un gen bacteriano. Se escogió el conocido como ARNr 16S. En la composición de las muestras se identificaron, sobre todo, poblaciones de Bacteroidetes, Firmicutes y Fusobacterias. Los perros de más edad tenían menor porcentaje de Fusobacterias.

Los perros con más éxito en la prueba, demostrando mejor memoria, presentaban muestras con menos Actinobacterias. Sorprendentemente, las personas diagnosticadas con alzhéimer se caracterizan por la abundancia de Actinobacterias en su tracto digestivo.

El síndrome de disfunción cognitiva en perros

Aunque el estudio de la universidad húngara abre interesantes expectativas, hay que tener en cuenta que se ha realizado sobre una pequeña muestra de perros. Con esa idea hay que interpretar sus resultados.

Aun así supone otra prueba más de la existencia del vínculo entre la flora intestinal y el comportamiento cerebral, teniendo también en cuenta la edad. Es una puerta abierta a seguir investigando sobre el envejecimiento canino y el desarrollo neurológico. Hay que recordar que el síndrome de disfunción cognitiva se presenta en perros de edad avanzada.

Produce síntomas como desorientación, eliminación de heces y orina en casa, cambios en los horarios de sueño, etc. Es un proceso irreversible que en la actualidad puede paliarse, que no curarse, con la administración de determinados fármacos, nutracéuticos, dieta o pautas para el manejo.

Agresividad canina y microbiota intestinal

Los resultados de la interacción entre la flora intestinal y el cerebro son tan sorprendentes que incluso se ha podido encontrar una relación con la agresividad. Esta constituye un problema de conducta de gravedad que puede suponer un riesgo elevado para personas y otros animales.

Por desgracia, no es extraño que este trastorno acabe mal para el perro, que es abandonado o sacrificado. Aunque es un campo en el que todavía se necesita seguir investigando, a día de hoy se ha encontrado relación entre el comportamiento del perro y los microorganismos que habitan en su tracto digestivo. De momento hay un estudio concluido al respecto.

El estudio que relaciona agresividad canina y microbiota intestinal

El estudio de la Universidad Estatal de Oregón se basa en 31 perros Pit bull que habían sido destinados a las peleas. Todos ellos fueron rescatados, examinados y clasificados según se consideraron agresivos o no. También se recogieron muestras de heces de cada uno.

Todos mostraban poblaciones de Firmicutes, Fusobacterias, Bacteroidetes y Proteobacterias. Se descubrió que Proteo y Fusobacterias eran significativamente más abundantes en los perros catalogados como no agresivos. En cambio, la población de Firmicutes era la que destacaba en aquellos tildados de agresivos.

Aunque se trata de una muestra muy pequeña de perros como para extraer conclusiones extrapolables a toda la especie, abre un camino de investigación muy interesante. Por ejemplo, confirmar la tesis que plantea implicaría que sería posible diagnosticar la agresividad analizando una muestra de heces del perro.

Bibliografía
Kirchoff, Udell y Sharpton. 2019. The gut microbiome correlates with conspecific aggression in a small population of rescued dogs (Canis familiaris). PeerJ 7:e6103 https://doi.org/10.7717/peerj.6103

Kubinyi, Bel, Sándor, Szabó y Felföldi. 2020. Gut Microbiome Composition is Associated with Age and Memory Performance in Pet Dogs. Animals 10, 1488.