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Seguro que más de una vez has oído eso de “me gustan los perros pero no para tener en un piso”. Es de las excusas más habituales en todos aquellos que no se deciden a dar el paso de acoger o adoptar un perro en su hogar.

Pero, ¿realmente es perjudicial para los perros pasar su vida en un apartamento? ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de la ciudad para los perros? Lo examinamos a continuación.

Ventajas de tener un perro en la ciudad

Normalmente la vida en la ciudad implica que el perro permanezca en el interior de casa, pues no todos los apartamentos disponen de patio o terraza. Esto hace que la convivencia entre perro y familia humana sea más estrecha, lo que suele implicar un mayor cuidado del perro, aunque solo sea por cuestiones de higiene.

Los perros en la ciudad suelen poder dormir con sus cuidadores o disponen de confortables camas propias. Se bañan y se asean con regularidad, se desparasitan interna y externamente, se vacunan e incluso visitan la peluquería canina. Están sometidos a una vigilancia más estrecha que propiciará que visiten con mayor frecuencia al veterinario.

En consecuencia, pueden detectarse patologías de manera precoz y mejorar la calidad y la esperanza de vida. También son perros que suelen recibir adiestramiento, lo que les ayuda a adaptarse mejor a la convivencia con las personas. Además, los perros sin hogar se hacen más visibles en la ciudad, de forma que pueden ser recogidos por asociaciones protectoras.

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Principales problemas de los perros en la ciudad

Probablemente el mayor problema de los perros en la ciudad sea la falta de espacios para su esparcimiento. Para ellos es fundamental la práctica de actividad física. En el medio urbano no siempre se cuenta con lugares apropiados para dejar correr al perro suelto. Hay pocos parques destinados a ellos, no todos están en buenas condiciones ni cerca del domicilio.

Esto hace que muchos vean limitado su ejercicio a paseos con la correa. Además falta el contacto con la naturaleza. Excavar o revolcarse son actividades que no suelen poder hacer los perros de ciudad. Vivir en un espacio demasiado pequeño, pasar horas solo y no practicar ejercicio repercuten en el bienestar del perro y son fuente de problemas de conducta.

La falta de ejercicio también implica problemas de salud como la obesidad. Al haber más interacciones con personas es más importante que el perro esté educado y se ve sometido a una mayor presión y al cumplimiento de más reglas. En otras palabras, dispone de menos oportunidades para comportarse como un perro. Además, existe el riesgo de atropello.

Claves para un perro de ciudad feliz

Atendiendo a los inconvenientes que la vida urbana puede suponer para los perros, es importante que nos preocupemos por mantener su bienestar a pesar de los impedimentos. Pero, ¿qué necesita un perro para ser feliz? Podemos basar su bienestar en varios aspectos fundamentales:

  • Compañía: al ser animales tan sociales como nosotros, es fundamental que se sientan parte de una familia, lo que implica dedicarles el tiempo necesario para crear un vínculo.
  • Estimulación a nivel mental y físico: los perros necesitan ejercitarse con mayor o menor intensidad en función de sus condiciones. Pero, también, como animales inteligentes que son, requieren estimulación mental y retos a los que enfrentarse.
  • Aprendizaje: al convivir en un mundo diseñado por y para los seres humanos los perros tienen que conocer las reglas de convivencia. No forman parte de su naturaleza, por eso nosotros somos los encargados de enseñarles la educación básica.
  • Asistencia: con esta denominación hacemos referencia a los cuidados básicos de alimentación, higiene, así como los servicios veterinarios.

Cumplir estos puntos en la ciudad es posible, por lo tanto, un perro sí puede ser feliz viviendo en un apartamento. De la misma manera, un perro puede ser muy infeliz en el campo, por ejemplo, si está atado en un terreno o suelto y sin ningún contacto con sus supuestos cuidadores.

Consejos para cuidar bien a tu perro en un apartamento

El bienestar canino pasa porque se cumplan los principios que hemos señalado. Su aplicación práctica puede sufrir variaciones en función de nuestras circunstancias personales y, por supuesto, de las del perro. No es lo mismo un cachorro que un adulto ni un podenco que un bulldog. Estas son las recomendaciones básicas:

  • Pasea a tu perro entre 2-3 veces al día. Procura que al menos uno de los paseos sea largo, aproximadamente de una hora. Sería ideal que dispusiese de algunos minutos para correr suelto o interaccionar con sus congéneres.
  • Aprovecha el fin de semana o tu día libre para hacer alguna excursión con él, practicar senderismo, llevarlo a la playa, al monte o incluso a realizar alguna actividad como el agility.
  • Edúcalo independientemente de su edad. Unos minutos al día practicando órdenes para acudir a la llamada, sentarse o caminar al lado refuerzan nuestro vínculo, ayudan al perro a manejar el estrés de un mundo que no controla y lo estimulan a nivel mental.
  • Comparte tiempo con él todos los días, por ejemplo, con una sesión de juego o de cepillado. Pero ni hace falta hacer algo juntos, con que le pongamos una cama donde nosotros pasemos más tiempo ya se sentirá acompañado.
  • No lo dejes solo todo el día. Si nunca estás en casa, adoptar un perro no es buena idea. Cuando te tengas que ausentar, si es necesario déjale algún juguete con el que pueda interactuar, como un kong.
  • Por supuesto, llévalo a las revisiones que te marque el veterinario, mantenlo desparasitado y vacunado y ofrécele una alimentación de calidad ajustada a sus necesidades.

Bibliografía
Fogle, Bruce. 1999. Los perros hablan sobre sus dueños. Madrid. Ateles Editores.