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Comer caca es uno de los comportamientos más asquerosos de los perros. Técnicamente se denomina coprofagia y se define como el hábito de ingerir excrementos propios o de cualquier otro animal o humano.

Esta conducta, bastante habitual, puede aparecer tanto en perros cachorros como en adultos y seguro que quieres saber a qué se debe para poder evitarla. Si se convierte en rutina, lo primero es ir al veterinario. Te lo explicamos a continuación.

Pica y coprofagia canina

La coprofagia se engloba en la conducta alimentaria conocida como pica. Esta se trata de un trastorno en el cual el individuo afectado ingiere sustancias que no forman parte de la dieta habitual de la especie. Cuando estas sustancias son excrementos, hablamos de coprofagia.

La coprofagia es una conducta normal y no patológica en las perras que acaban de parir. Instintivamente, igual que ingieren las placentas y los cordones umbilicales, van a consumir las heces en un intento de mantener la higiene, ocultar la presencia de las crías y su estado de mayor vulnerabilidad.

Tampoco es raro que los cachorros ingieran excrementos como parte de su afán explorador. Pero esta conducta no debe extenderse más allá de este período juvenil. Por último, los perros también pueden comer heces si viven en condiciones insalubres en las que estas no se limpian lo suficiente. Fuera de estas excepciones, la coprofagia debe ser tratada.

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Motivos de coprofagia

Que a un perro le llame la atención alguna deposición y le hinque el diente o intente hacerlo es una situación bastante frecuente. Pero la coprofagia se convierte en un problema cuando pasa a formar parte de la rutina del perro. Es decir, cuando nuestro perro se come sus excrementos o los de otros animales cada vez que tiene la oportunidad.

Los expertos manejan varias hipótesis que explicarían esta desagradable conducta. Podemos dividirlas, básicamente, entre aquellas que tienen un origen físico, esto es, se deben a enfermedades, o las que encuentran su desencadenante en un problema a nivel psicológico.

Por eso, si nos preocupa la ingesta excesiva de heces, el primer paso es acudir al veterinario. Y debería preocuparnos, ya que el consumo de deposiciones puede llevar a que nuestro perro contraiga parásitos intestinales o incluso sufra trastornos gastrointestinales como vómitos o diarrea.

Causas físicas de coprofagia canina

Ante un perro que practica la coprofagia habitual el veterinario realizará una revisión completa para identificar o descartar cualquier causa física. Si el examen concluye que nuestro perro está sano, es cuando se pensará en un origen psicológico. Estos son los trastornos físicos que más habitualmente están detrás de la ingesta de heces:

  • Dietas inadecuadas: una mala alimentación que no cubra todas las necesidades nutricionales del perro puede estar detrás de la coprofagia, en un intento del animal por completar su dieta. Pero también hay perros coprófagos perfectamente alimentados.
  • Síndrome de malabsorción: en esta ocasión la dieta del perro puede ser adecuada, pero el problema está en que su organismo no consigue extraer de los alimentos todos los nutrientes que necesita. La carencia es lo que lo empuja a comer con voracidad los excrementos.
  • Parásitos internos: la presencia de una gran cantidad de gusanos intestinales es otro factor que puede verse involucrado en la coprofagia por la alteraciones que estos parásitos provocan en el tracto digestivo.
  • Diabetes tipos I y II: al igual que las personas, los perros también pueden ser diabéticos si su cuerpo no produce la insulina que necesita. Entre los síntomas de esta enfermedad destaca el aumento del apetito que puede llevar a la coprofagia.
  • Hiperadrenocorticismo o síndrome de Cushing: esta enfermedad se produce por una exposición prolongada a altos niveles de glucocorticoides segregados por el organismo o administrados como medicación. Provocan un aumento del apetito.
  • Hipertiroidismo: no es una dolencia muy frecuente, pero también se considera factor de riesgo para la coprofagia porque hace que el perro sienta más hambre.
  • Insuficiencia pancreática exocrina: el páncreas es uno de los órganos involucrados en la digestión. Produce enzimas que ayudan a este proceso. Por ello, las enfermedades que interfieren con su funcionamiento incrementan el apetito y pueden acabar en coprofagia.

La coprofagia canina como problema de conducta

Si nuestro perro come heces y tras una completa revisión en la clínica veterinaria nos dicen que está sano, podemos pensar en que el problema se debe a una alteración psicológica. Esta debe ser tratada por expertos en comportamiento canino o etólogos. Las causas más frecuentes son las siguientes:

  • Conducta exploratoria: los perros son curiosos por naturaleza y van a explorar el entorno que les rodea. El hallazgo de heces puede motivarlos a probarlas y llegar a establecer una rutina de ingesta. Algunos excrementos parecen particularmente atrayentes para ellos, como los de los gatos o los de los caballos.
  • Estrés: los perros tienen unas necesidades básicas que aseguran su bienestar. Si estas no se satisfacen, el resultado será un cuadro de estrés. La coprofagia es una de las conductas alteradas que pueden surgir en estos casos.
  • Falta de estimulación: los perros no solo necesitan poder realizar ejercicio físico. También requieren actividad a nivel mental. Sin ella aparecerá la frustración, el aburrimiento y la búsqueda de estímulos poco adecuados, como la coprofagia.
  • Refuerzo de la conducta sin que nos demos cuenta: en los casos en los que los perros ingieren heces para llamar nuestra atención, que les hagamos caso, aunque sea para reñirles, les anima a mantener este comportamiento.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.