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cabeza de perro con señales de calma

Señales de calma en perros: ¿cómo interpretarlas?

Los perros se comunican mediante señales de calma, conductas innatas para evitar conflictos y gestionar su estrés. Identificadas por la etóloga Turid Rugaas, incluyen gestos como lamerse el hocico o bostezar sin estar cansados, presentes desde las primeras semanas de vida. Son una herramienta preventiva que evita escaladas de tensión con otros perros y personas.

El legado de Turid Rugaas

Turid Rugaas lleva décadas mirando perros de una manera que pocas personas se habían molestado en hacer antes: con paciencia y sin buscar otra cosa que entender. De esa observación sistemática surgió el concepto de señales de calma, un repertorio de comportamientos que los perros usan para decir, sin ladrar ni gruñir, que van en paz. Aparecen solas. No hay que enseñárselas ni reforzarlas: un cachorro de pocas semanas ya las muestra, y los cánidos salvajes también. Son herramientas de comunicación que la especie ha ido afinando para evitar peleas, bajar la tensión y dejar claro que el otro no tiene nada que temer. Nada que ver con sumisión, aunque a veces se confundan.

En etología existe un concepto que encaja bien aquí: las conductas de desplazamiento. Son comportamientos que, vistos desde fuera, no tienen sentido obvio en ese momento concreto, pero que cumplen una función social muy específica. Un estudio de 2023 exploró precisamente esto en perros domésticos, analizando si estas conductas actúan como señales de apaciguamiento «Appeasement function of displacement behaviours? Dogs’ behavioural displays…» (2023). Cuando un perro se lame el morro sin haber comido nada, bosteza en plena situación tensa o se rasca de repente sin motivo aparente, no está satisfaciendo ninguna necesidad física. Lo que ocurre es que redirige esa energía nerviosa acumulada hacia un movimiento conocido y seguro, bajando su carga emocional y mandando al mismo tiempo un mensaje al otro —perro o persona— de que no tiene intención de escalar la cosa.

Hay un error muy frecuente al ver estas señales, y es interpretarlas como despiste o desobediencia. Ojo con esto. Un perro que desvía la mirada durante los saludos entre perros, que se planta en el suelo de golpe cuando otro se acerca corriendo, o que empieza a olfatear la hierba justo cuando la tensión sube, está haciendo algo muy deliberado: poner freno antes de que la situación se desmadre. Son señales preventivas, anteriores al conflicto. Las usan todos los perros, aunque con distinta frecuencia según la raza, cómo fue su socialización de cachorro y todo lo que haya vivido desde entonces.

Señales de calma en perros: cómo identificarlas y por qué importan

Turid Rugaas catalogó unas quince señales principales. Agruparlas por cómo se manifiestan en el cuerpo ayuda a orientarse dentro de la enorme variedad del lenguaje corporal canino. Las más fáciles de pillar, una vez que uno sabe lo que busca, son las faciales. El parpadeo lento funciona casi como una señal de paz en encuentros cercanos. El bostezo que aparece en plena interacción social, sin tener nada que ver con el sueño, actúa como un potente calmante visual. Más discreta es la lamida rápida de hocico, un gesto tan fugaz que se pierde si no estás mirando con atención. Girar la cabeza o desviar la mirada suavemente —bajando los párpados, mirando hacia otro punto— son dos formas de romper ese contacto visual directo que, para un perro, puede resultar intimidante.

Luego están las señales corporales, las que implican el cuerpo entero. La sacudida, esa que parece la de un perro empapado, aparece muchas veces justo cuando acaba de pasar algo tenso. Es como si el animal se sacudiera también la carga emocional. El rascado repentino sin ningún motivo dermatológico visible entra en la misma categoría: conducta de desplazamiento, incomodidad momentánea, el perro buscando una salida. Quedarse parado, a veces completamente congelado, dice que ese perro prefiere no participar y espera que la cosa pase sola. La cola en movimiento lento, a baja altura, con oscilaciones pausadas, no es el rabo alegre de siempre. Tranquiliza. Y levantar una pata delantera manteniéndola en el aire expresa incertidumbre, una invitación tímida a que la situación se calme.

El tercer grupo tiene que ver con el movimiento y la postura en el espacio. Acercarse en curva a otro individuo, en vez de ir directo, reduce la presión social de forma llamativa. Interponerse entre dos perros o entre dos personas sirve para fragmentar lo que el animal percibe como una situación que se está calentando. Olfatear el suelo de golpe y con concentración, cuando no hay nada concreto que oler, desvía la atención y baja la intensidad del encuentro. Sentarse de repente, echarse, a veces dando incluso la espalda, comunica desconexión voluntaria de forma bastante clara. Ojo con esto: estas señales solo cobran sentido en contexto. El gesto aislado engaña; la secuencia completa, no.

Errores al leer estas señales (y cómo actuar cuando las ves)

Confundir calma con sumisión es uno de los errores más frecuentes. Cuando un perro se lame el hocico mientras le hablas en voz alta, lo que hace es pedirte que bajes la intensidad del momento. Nada que ver con ninguna jerarquía. Leer qué significan sus gestos como muestra de debilidad lleva a ignorarlos, y ahí empieza el problema. Si encima lo castigas por «ponerse nervioso sin motivo», le estás bloqueando la única herramienta que tiene para evitar que la situación escale. ¿Qué pasa entonces? Gruñidos, mordiscos, respuestas que parecen salir de la nada porque nadie vio las señales previas. Ante esas señales siempre hay que hacer lo mismo — bajar la intensidad. Si te gira la cabeza, aparta también la tuya. Un bostezo pide que pares un momento. Y si se sienta y no quiere más, dale margen.

El contexto lo cambia todo. Un bostezo nada más levantarse a las siete de la mañana es fisiología pura. Ese mismo gesto en la sala de espera del veterinario, o cuando un desconocido se agacha sobre el perro, tiene un peso completamente distinto. Para leer bien hace falta mirar tres cosas a la vez — qué está pasando alrededor, qué hizo el perro justo antes y cómo reaccionó quien tenía delante. Sin ese conjunto, es fácil confundir un bostezo mecánico con una señal deliberada.

Con niños en casa, ojo con esto. Si el perro se lame el hocico, desvía la mirada y se echa en el suelo cuando el pequeño viene corriendo hacia él, está poniendo distancia. Forzar ese momento —»anda, si solo quiere jugar»— le enseña que sus avisos de nada sirven, y tarde o temprano recurre a algo más contundente. Mejor actuar de intermediario — para suavemente al niño, llévalo hacia otro lado y deja que el perro se recomponga sin que nadie le exija nada. En el paseo con otros perros la lógica es la misma — cuando el tuyo frena, husmea el suelo y mira para otro lado justo al acercarse un desconocido de cuatro patas, dar media vuelta o cruzar a la otra acera es darle la razón. Ah, y si bostezas o te lames los labios mirándole, muchas veces capta que lo has entendido.

Cómo empezar a leer las señales de calma desde casa

Elige una señal. Solo una. El lamido de hocico es buena candidata porque aparece con frecuencia y es fácil de pillar en el momento. Durante una semana, cada vez que tu perro la haga, para un segundo y piensa qué acaba de ocurrir: ¿alguien se ha inclinado sobre él? ¿Ha sonado el timbre? ¿Le estabas poniendo el arnés? Sin apuntar nada en papel, sin interrumpir la escena. Solo prestar atención. Al tercer o cuarto día empieza a aparecer algo. Un patrón. Situaciones que antes pasaban sin que les prestaras atención de repente tienen sentido. Si en casa sois varios, que los demás se apunten también, porque cuatro ojos ven más que dos y así no solo aprendes tú.

Graba. En serio, coge el móvil y graba algunas interacciones cotidianas. Hay señales de calma que duran menos de un segundo, y en tiempo real el ojo humano simplemente no llega a verlas. Buenos momentos para grabar son las llegadas a casa, un rato de juego con otro perro o la visita de alguien que no conoce bien al tuyo. Después reproduce a cámara lenta y busca la secuencia completa: qué señal aparece primero, cómo responde la otra parte, si la situación se relaja o se tensa. Con unas pocas sesiones de este análisis en diferido, el cerebro empieza a reconocer los mismos gestos también en directo, sin necesitar pausa.

El tercer ejercicio va de ti, no del perro. Fíjate en cómo te acercas a él cuando está tumbado descansando. Si lo haces de frente y mirándolo a los ojos, probablemente encadene varias señales de calma seguidas. Ahora prueba otra cosa. Acércate describiendo una curva, con la mirada ligeramente desviada y el cuerpo girado. La diferencia suele ser notable. Muchos perros dejan de lanzar esas señales porque ya no las necesitan, o directamente se levantan y vienen ellos. Ojo con esto. Con el tiempo acabas aprendiendo a hablarle en su idioma, y eso transforma bastante la relación.

Paseos, visitas, el momento del collar antes de salir. Cada situación cotidiana es una oportunidad para hacerse la misma pregunta: ¿qué está diciendo el animal ahora mismo con su cuerpo? Con un par de semanas de práctica, deja de costar.

Jose A. Ramos

Especialista en comportamiento, nutrición y educación canina. Experiencia acumulada durante más de 30 años estudiando, impartiendo cursos y colaborando con protectoras. Fundador de soyunperro.com.