Síndrome de Waardenburg-Klein en perros

El síndrome de Waardenburg-Klein o, por sus siglas, WKS, es una enfermedad de origen genético que afecta a la pigmentación de la piel, del pelo y de los ojos. Además, es también causa de sordera.

Se trata de una alteración rara y poco frecuente. Debe su nombre al oftalmólogo holandés que lo describió en medicina humana en la década de 1950. ¿Quieres conocer todos los detalles sobre esta extraña patología? Vamos allá.

¿Qué es el síndrome de Waardenburg-Klein?

Este síndrome se caracteriza por una falta de pigmento que se puede apreciar tanto en la piel como en el manto. Las zonas afectadas se observarán blancas. Esto se debe a la ausencia de melanocitos, que son las células de la epidermis productoras del pigmento melanina.

Además, se asocia a otros trastornos como la sordera y la heterocromía del iris. En esta alteración el perro presentará un ojo de cada color, aunque también es posible en este síndrome que ambos ojos se vean de color azul.

Vitíligo y síndrome de Waardenburg-Klein

El vitíligo es un trastorno cutáneo caracterizado por la hipopigmentación por ausencia de melanocitos. La relación de esta enfermedad con el síndrome de Waardenburg-Klein reside en que este síndrome es una de las causas posibles de vitíligo, que puede tener otros orígenes.

¿Qué perros padecen el síndrome de Waardenburg-Klein?

Este trastorno se manifiesta en perros jóvenes con independencia de su sexo, ya que se detectan casos tanto en machos como en hembras. Se ha diagnosticado este síndrome en un porcentaje mayor en razas como el Bull terrier, el Collie o el Dálmata.

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¿Cómo se diagnostica el síndrome de Waardenburg-Klein?

Lo cierto es que hay varias enfermedades que se caracterizan por la hipopigmentación. Algunas son genéticas, mientras que otras pueden ser adquiridas por el perro a lo largo de su vida. Muchas son más comunes que el síndrome de Waardenburg-Klein.

La sordera también tiene diferentes orígenes y suele diagnosticarse directamente al ver que el perro no responde a estímulos auditivos. Además, existen pruebas de audición que pueden hacerse a cualquier edad para confirmar el diagnóstico.

El problema es que son muy especializadas y no se realizan en cualquier clínica. De todas formas, es posible detectar la sordera sin tener que recurrir a ellas. El veterinario, por tanto, deberá establecer el diagnóstico diferencial entre múltiples patologías. Destacamos las siguientes:

  • Albinismo
  • Vitíligo
  • Hipopigmentación nasal
  • Lupus eritematoso discoide y sistémico
  • Pénfigo y pénfigo bulloso
  • Leishmaniasis
  • Intoxicación por algunos fármacos
  • Déficit de zinc
  • Algunos tumores.

Tratamiento del síndrome de Waardenburg-Klein

A día de hoy no se conoce ninguna terapia que pueda curar este trastorno. De momento, tan solo se puede recomendar no criar con los perros a los que se les ha diagnosticado este síndrome para que no aumente el número de ejemplares afectados.

De todas formas, por suerte, las alteraciones que causa no suelen perturbar demasiado la vida normal del perro. Son estéticas, por lo que no le impiden realizar sus actividades cotidianas. Sí es importante que prestemos atención a la convivencia con un perro aquejado de sordera. Pero, con unas mínimas pautas, le proporcionaremos una vida feliz y cómoda.

Por último, puede ser recomendable utilizar protectores solares específicos para perros en las zonas en las que se han quedado sin pigmento y evitar su exposición directa al sol durante las horas de mayor incidencia.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.