La detección de una bola en el cuello de nuestro perro siempre es causa de preocupación. Es fácil asociar bulto con cáncer, de ahí que resulte comprensible el miedo que sienten muchos cuidadores en estos casos.

Si sospechamos de cáncer, es muy importante acudir cuanto antes al veterinario. Pero lo cierto es que no todos los bultos son tumores. En este artículo vamos a explicar las causas más comunes que explican la aparición de una bola en la zona del cuello de los perros.

¿Son graves las bolas en el cuello de un perro?

Para determinarlo, en primer lugar es importante que nos fijemos en aspectos como la localización, el tamaño, la consistencia, el ritmo de crecimiento del bulto o si resulta o no doloroso al tacto. Son datos fundamentales a la hora de llegar a un diagnóstico.

También debemos tener en cuenta la presencia o ausencia de otros síntomas, como fiebre, pérdida del apetito, apatía, etc. Si el bulto no desaparece, detectamos otros signos anómalos, pierde algún tipo de secreción o aumenta de tamaño, debemos acudir al veterinario.

Hay varias causas que pueden explicar la aparición de una bola en el cuello de un perro y es el veterinario quien tiene que realizar la correspondiente exploración para determinar su origen. Una vez obtengamos un diagnóstico, este profesional podrá pautarnos el tratamiento adecuado. Las causas más comunes de bultos en el cuello son:

  • Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos.
  • Abscesos.
  • Tumores
  • Reacciones tras la administración de inyecciones.

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Ganglios linfáticos en perros

A ambos lados del cuello de los perros, bajo la mandíbula inferior, se localizan ganglios linfáticos. Estos ganglios forman parte del sistema inmunitario y contribuyen a la defensa del organismo ante la entrada de patógenos. Un ganglio inflamado nos indica que el sistema inmunitario está reaccionando.

Si solo hay un ganglio inflamado podemos pensar en una infección a nivel local. El ganglio más cercano al punto de entrada del patógeno será el que se inflame. Por eso, ante una bola en el cuello, lo primero que debemos hacer es revisar la boca en busca de alguna infección.

De ser el caso, detectaremos otros síntomas como hipersalivación, reticencia a comer, dolor, etc. Pero la infección también podría estar en las vías respiratorias. Aparecerán otros signos como secreción nasal, ocular, fiebre o tos. Es motivo de consulta veterinaria para poder escoger el tratamiento.

¿Qué son los abscesos en perros?

Los abscesos son acumulaciones de pus bajo la piel. Suelen deberse a mordiscos o arañazos. La lesión parece curada de manera externa, pero lo cierto es que se ha cerrado en falso y hay una infección por debajo. No es extraño que un perro tenga un absceso en el cuello, ya que es una zona en la que suelen sufrir mordiscos por peleas.

Otras causas relativamente frecuentes de abscesos son los cuerpos extraños. Fragmentos vegetales como espinas o astillas pueden clavarse en la carne, quedarse alojados en el interior del cuerpo y, en consecuencia, formar un absceso. Las picaduras de insectos también pueden formarlos.

El absceso puede abrirse, eliminando secreciones al exterior. En ocasiones es suficiente para que el absceso desaparezca. Otras veces no se drena solo o, aunque pierde secreciones, el bulto no desaparece. En estos casos el veterinario retirará el pus, limpiará la zona en profundidad y, si es necesario, completará el tratamiento con fármacos.

Tumores en perros

Los tumores son otra de las causas de formación de masas en diferentes partes del cuerpo. Se deben a crecimientos descontrolados de células y son más habituales en los perros de más edad. Por eso se recomienda que, aproximadamente a partir de los siete años de edad, pasen por una revisión veterinaria anual.

Esto permite detectar precozmente algunos tumores. Pueden ser benignos o malignos y trasladarse a otros órganos, en un proceso denominado metástasis. Si detectamos un bulto y sospechamos que puede tratarse de un tumor, hay que acudir de inmediato al veterinario. Aunque sea pequeño, no duela ni haya otros síntomas.

Si se trata de cáncer, un diagnóstico precoz ofrece siempre mayores posibilidades de curación. El veterinario extraerá el bulto o tomará una muestra para remitir al laboratorio. Así se confirma que se trata de un cáncer, de qué tipo y en qué grado. Esta información es básica para iniciar el tratamiento.

Reacciones en el punto de inyección

En ocasiones, tras administrar una inyección cómo una vacuna, puede producirse una reacción justo en el punto de inoculación. Las inyecciones subcutáneas suelen ponerse en la zona de la cruz, pero, de pinchar más arriba, podríamos encontrarnos con un bulto en el cuello.

Es una inflamación que normalmente remite de manera espontánea en unos días. Si no lo hace o empeora, ya que podría infectarse, hay que acudir al veterinario para que paute un tratamiento.

Otras causas de bultos en el cuello

Un bulto también puede corresponderse con un quiste. En estos casos la recomendación es no tocar. Si lo hacemos podemos provocar una infección. Suelen desaparecer espontáneamente.

Pero necesitamos la confirmación del veterinario, por lo que se aconseja igualmente acudir a consulta lo antes posible. Además, en algunos perros es posible que palpemos un pequeño bulto en el lado izquierdo. Si es duro y de forma similar a un grano de arroz, se tratará del microchip.

Bibliografía
Carlson y Giffin. 2002. Manual práctico de veterinaria canina. Madrid. Editorial el Drac.