Cómo enseñar a un perro a quedarse solo en casa

Cuando nos llevamos un perro a casa solemos preocuparnos por los accesorios que debemos comprarle o los cuidados básicos que va a necesitar. Pero menos veces somos conscientes de aspectos psicológicos o educativos.

Así, podemos encontrarnos con problemas no previstos, como la dificultad de conseguir que el animal se quede solo en casa. En este artículo explicaremos cómo podemos evitar sufrir esta situación.

¿Qué pasa si un perro no sabe quedarse solo en casa?

Si nuestro perro no es capaz de permanecer sin nosotros en el domicilio, estaremos ante un cuadro que recibe el nombre de ansiedad por separación. Los perros que la padecen, incluso aunque no permanezcan solos más que unos minutos, desarrollan comportamientos destructivos, aullidos y lloros, hipersalivación o eliminaciones inadecuadas.

Como podemos imaginar, cualquiera de estas conductas resulta indeseable, por eso es importante que, desde el primer momento, sepamos decirle al perro que no debe estresarse en nuestra ausencia tanto si se trata de un cachorro como de un adulto. A continuación explicamos cómo hacerlo.

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El lugar del perro en casa

Cuando recibimos a un perro en nuestro hogar veremos que, tras una exploración inicial, buscará un lugar en el que descansar. En ese momento le indicaremos el espacio que hayamos destinado para él. No se trata solo de ofrecerle una cama, sino de ponerla en una zona en la que el animal se siente seguro.

En otras palabras, delimitar un área de nuestra casa, incluso utilizando un transportín o un parque para perros, o destinar una habitación para el recién llegado es una buena forma de evitar problemas durante nuestra ausencia. Esto es así porque se trata de un espacio pequeño que el animal controla por completo, lo que le da tranquilidad.

Así, a la hora de dejarlo solo, es más probable que permanezca calmado allí que si, al contrario, permitimos que deambule solo por toda la casa, recibiendo estímulos tanto del interior como del exterior que puede no comprender y que acabarán por ponerlo nervioso. Una vez adaptado podremos ir dejándolo con acceso a todo el hogar.

Preparar el espacio para el perro

Una vez decidamos qué lugar destinamos para el recién llegado, debemos asegurarnos de que es completamente seguro. No puede haber huecos por los que el perro pueda salir ni cables ni ningún producto peligroso que consiga alcanzar. Tampoco dejaremos nada que se pueda romper.

Además de su cama, es imprescindible que le dejemos agua suficiente y, si es el caso, comida. Tampoco olvidaremos algún juguete con el que pueda interactuar, sobre todo si se trata de un cachorro o de un adulto activo. Hay que cuidar, también, la temperatura del lugar.

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Practicando nuestra salida de casa

Puede ser que el perro se ponga nervioso cuando se dé cuenta de que nos vamos. Lo sabe porque aprende que determinadas acciones como calzarse o coger un bolso son el preámbulo de nuestra marcha.

Podemos controlarlo con las siguientes pautas:

  • Realizaremos las acciones típicas preparatorias de nuestra salida habitual de casa, pero no nos iremos. Repetiremos este ejercicio el tiempo que sea necesario.
  • Otro ejercicio es salir de casa pero quedándonos en la puerta para volver a entrar enseguida. También lo repetiremos las veces necesarias.
  • El objetivo es repetir estas rutinas hasta que el perro deje de reaccionar, es decir, ignore lo que estamos haciendo. De esta forma rompemos la relación que él había establecido en la que identificaba determinadas acciones con nuestra salida y consiguiente ausencia.

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Practicando nuestra ausencia de casa

No es buena idea que, de repente, dejemos a un perro que lleva poco tiempo con nosotros solo durante horas. Al contrario, lo ideal es acostumbrarlo a que se quede en casa de una manera progresiva.

El perro no tiene la misma conciencia del tiempo que nosotros pero sí podemos enseñarle a saber que vamos a volver con las siguientes pautas:

  • Al principio lo dejaremos solo durante unos minutos, tras haberlo paseado o jugado con él para que se encuentre relajado.
  • Podemos quedarnos cerca para ver si lo oímos o, al contrario, se encuentra tranquilo.
  • A nuestro regreso lo saludaremos cariñosamente, sin excedernos. Si ha hecho sus necesidades o ha roto algo no debemos reñirle ya que, pasado el suceso, no entenderá a qué se debe nuestro disgusto. Si estamos enfadados podemos llamarlo y felicitarlo por haber acudido a nuestra llamada.
  • Cuando el perro se quede tranquilo solo el tiempo fijado, lo aumentaremos poco a poco. No es conveniente que incrementemos los minutos de nuestra ausencia si el animal todavía no se queda calmado en la franja temporal que hayamos establecido.

¿Y si mi perro no se queda solo en casa?

Cuando todas las estrategias fallan y no conseguimos que nuestro perro se quede tranquilo en nuestra ausencia, es recomendable que busquemos asistencia especializada.

Podemos acudir a la consulta de un veterinario especialista en conducta canina o a la de un etólogo. En ningún caso debemos castigar al perro.

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