Síntomas y tratamiento del fallo hepático en perros (hepatitis)

La hepatitis es una inflamación del hígado que puede producirse por diferentes causas. De averiguar de cuál se trata depende pautar un tratamiento exitoso, aunque para algunos casos el pronóstico será reservado.

Resulta fundamental realizar pruebas para llegar a un diagnóstico ya que, al haber tantas causas posibles para esta inflamación, lo más importante es saber cuál es el problema y hasta qué punto se ha visto afectado el hígado.

¿Qué le sucede a un perro con hepatitis?

El hígado cumple importantes funciones en el organismo como la síntesis de enzimas o de proteínas, la eliminación de amoníaco, la producción de factores de coagulación o la desintoxicación de la sangre.

Cuando falla, se acumulan sustancias tóxicas que acaban por desencadenar alteraciones en el organismo como las siguientes:

  • Encefalopatía: se trata de la inflamación del cerebro debida a la presencia de sustancias tóxicas en la sangre. Se manifiesta a través de signos neurológicos como descoordinación, debilidad, cambios de comportamiento, hipersalivación, estupor, convulsiones y coma.
  • Hemorragias: al verse afectados factores de coagulación pueden aparecer pequeñas hemorragias llamadas petequias en distintas partes del cuerpo, al igual que hematomas. También puede apreciarse sangre en vómitos, heces y orina.
  • Ictericia: es la coloración amarillenta de las mucosas que se produce por la acumulación de la bilis en la sangre y en los tejidos. La orina se vuelve marrón.
  • Ascitis: es el cúmulo de líquidos a nivel abdominal. Esta edema también puede producirse en las extremidades.

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¿Cuál es la causa de la hepatitis?

Dependiendo del tipo de hepatitis, una se contraen mediante un virus contagioso, la otra la genera el cuerpo de forma autoinmune y la última se adquiere por el consumo de toxinas.

Hay medicamentos y tóxicos capaces de inflamar el hígado. En general tienen unos efectos pasajeros y el órgano podrá recuperar su funcionalidad al cesar el contacto con dicho producto. Son insecticidas, plomo, fósforo, arsénico o fármacos como anestésicos, antibióticos, antifúngicos, antiparasitarios, diuréticos, analgésicos o corticosteroides.

Algunas de las causas de hepatitis son los adenovirus, la leptospirosis, la filariosis, el síndrome de Cushing, la diabetes tipo 1 y tipo 2, las obstrucciones del conducto biliar, los shunts o los tumores tanto los que aparecen en el hígado como los que son resultado de la metástasis de tumores desde otras localizaciones.

Tratamiento para la hepatitis de causa infecciosa

Si hemos descubierto la enfermedad que está detrás de la inflamación hepática, el tratamiento se dirige hacia ella. En el caso de infecciones por adenovirus suele ser necesario el ingreso veterinario. Aún así el desenlace puede llegar a ser fatal.

Tratamiento con cirugía

Cuando la hepatitis se debe a obstrucciones del conducto biliar o a tumores aparecidos en el propio hígado, la cirugía puede ser el tratamiento de elección. En los casos a consecuencia de shunts hepáticos la intención es una cirugía para ligarlos de manera parcial o total, pero no siempre es posible.

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Tratamiento de la hepatitis crónica idiopática

En estos casos se utilizan corticosteroides e inmunosupresores porque se supone que esta hepatitis tiene base autoinmune, es decir, al sistema inmunológico del perro produce anticuerpos contra su propio hígado.

La medicación pretende frenar esta destrucción, aunque la enfermedad suele evolucionar hacia la cirrosis, trastorno en el que el tejido hepático se daña de manera irreversible. Por lo tanto el pronóstico es reservado.

Tratamiento de las complicaciones

Además de tratar la causa que ha provocado el problema hepático es muy importante prestar atención a los síntomas para evitar, en lo posible, que surjan complicaciones. Así, sobre todo hay que controlar la encefalopatía y las hemorragias.

Para ello se prescriben dietas especiales bajas en proteínas formuladas específicamente para estos casos y medicación para controlar los niveles de amoniaco en la sangre, mantener la coagulación o prevenir convulsiones y úlceras gastrointestinales, todo ello consecuencia del mal funcionamiento del hígado.

Bibliografía
Nelson & Couto (2010) (4ᵃ edición): Medicina interna en pequeños animales, Barcelona: Elsevier.